“Que veinte años no es nada…”

Hace dos años, el 6 de julio de 2011, Cantarte cumplió veinte años de existencia. En esa ocasión, quise compartir a través del  blog el texto que escribí para el programa de mano del concierto donde celebramos tan importante fecha para la agrupación. Por diversas vicisitudes del destino no lo pude hacer en su debido momento. Vaya el siguiente texto como pago de una deuda que no sólo tenía con Cantarte sino también con muchos de aquellos que, concierto a concierto, siguen con fidelidad nuestras andanzas y aventuras. Vaya también como una nota de celebración por nuestros recientes veintidós años.

¡Gracias a todos por esperar!

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Que veinte años no es nada…

Así canta Gardel en uno de sus inmortales tangos, justo cuando se apresta a regresar a su ciudad de siempre después de una larga ausencia. Veinte años se dice muy fácil. Toda una vida para un joven; la mitad de su vida para alguien de cuarenta; un tercio para alguien de sesenta y un cuarto de su existencia para un octogenario. Muchas veces se ha empleado esta excelente frase gardeliana para expresar la brevedad de ese lapso. Pero también podemos decir que en veinte años caben cinco Copas Mundiales de Fútbol. También cinco Juegos Olímpicos. Para muchos, la espera entre una y otra edición de estos eventos deportivos significa un tiempo muy prolongado, puesto que hay que esperar cuatro largos años para poder sentir y vivir de nuevo la emoción que estos encuentros de la poesía muscular despiertan y nutren. Para un padre y una madre, un hijo de veinte años es la flor convertida en fruto maduro. Para un hijo, es sentir que el mundo le pertenece, impulsado por el ímpetu propio de la plena juventud. Todo depende de la intensidad con que se viven esos veinte años. O ese día. Porque la vida ha de vivirse día a día. Porque no sabemos qué nos espera mañana. Porque el día que se ha vivido a plena satisfacción deja el grato sabor del deber bien cumplido y que el día de mañana será otro día para continuar. O para empezar de nuevo. Veinte años. Parece que fue ayer, como dice otra canción.

6 de julio de 1991 [Año capicúa, cuyas cifras, además, suman 20.]

Ese día nació Cantarte, conjunto vocal que tengo el privilegio, la responsabilidad y el honor de dirigir desde el momento de su alumbramiento. Ese día nos reunimos dieciséis militantes de la música coral y yo, para conspirar a favor de la buena música a cappella, con el firme propósito de cultivar lo mejor de la literatura coral que estuviera al alcance de nuestras alternativas, conocimientos y habilidades. Pero sobre todo, entre muchos otros propósitos, el más importante, producir un sonido de conjunto bello y correcto como materia prima con la cual poder ejecutar e interpretar bella y correctamente, buena música. Es así como, durante todo este tiempo, hemos podido brindarle al público, destinatario final de todos nuestros empeños, la posibilidad de apreciar un repertorio escasamente abordado en nuestras salas de conciertos, iglesias y auditorios. La posibilidad del encuentro con la belleza del buen arte coral. La posibilidad de realizar estrenos nacionales y mundiales de compositores venezolanos y extranjeros. También, cuando tuvimos la posibilidad, la dicha de concretar con éxito la realización de tres encuentros nacionales de coros de cámara, reuniendo siempre lo más representativo del género en nuestro país. En estos veinte años también hemos podido dejar constancia de nuestra actividad en tres grabaciones que ya forman parte de la mitología de nuestra música coral. También hemos tenido la fortuna de representar dignamente a Venezuela, a veces sin más recursos que los nuestros, en importantes eventos más allá de nuestras fronteras. Y dentro de ellas también.

2002 – La música sacra

En un momento preciso de este transitar por los difíciles caminos del verdadero arte, tomamos la decisión de afinar más aún el propósito estético de nuestro devenir. Decidimos dedicar todos nuestros esfuerzos al estudio y difusión de la música sacra del Renacimiento y de nuestros días, conscientes de que el foco de nuestro trabajo se iba a estrechar, pero conscientes también de que este enfoque nos iba a permitir posicionarnos como pioneros al 100% en ese nicho tan esquivo en los repertorios de nuestro movimiento coral. Y, francamente, no nos ha ido mal. Al contrario, en estos nueve años dedicados de lleno a la música sacra hemos tenido un sinfín de satisfacciones en todos y cada uno de los conciertos que hemos realizado. No es una mera etiqueta cuando decimos “Cantarte: 100% sacro”. Es una certeza. Nunca olvido, al final de uno de tantos conciertos, a una señora de avanzada edad que, muy emocionada, se acercó a darme las gracias por lo que nosotros estábamos haciendo y por cómo lo hacíamos. Ese día dormí con la firme convicción de que nuestra propuesta y nuestro empeño bien valían la pena y que poco a poco iban dando sus frutos.

Hoy abrimos un espacio para darnos el gusto de cantar no sólo música sacra sino también una pequeña muestra de lo que hacíamos antes del viraje. Hubiésemos querido incluir una muestra mucho mayor pero el tiempo es un factor cruel que a veces no nos deja plasmar con plenitud todos nuestros deseos. Quizá para los veinticinco años, con el favor del Supremo.

Finalmente, y a título personal, voltear y mirar el camino recorrido me permite apreciar lo hermoso que ha sido; con rosas, espinas, goles y algunas zancadillas, por supuesto, pero hermoso. Hermoso sobre todas las cosas. Me ha permitido compartir también con gente fantástica que ha sabido enamorarse de lo que hacemos y que ha hecho de Cantarte parte importante de sus vidas, por la mera y única satisfacción de cantar bien y bonito. Por estas y muchísimas otras razones quiero agradecer infinitamente y por siempre a todos y cada uno de los integrantes que han pasado por nuestras filas y a los que aún siguen nutriendo con su presencia el día a día de nuestra tribu. Sin su concurso no hubiese sido posible que hoy estuviéramos aquí. Cada uno de ellos ha tenido, en el pasado, y tiene en el presente y futuro, una cuota muy importante en la concreción de todos nuestros aciertos. Finalmente, quiero agradecer muy especialmente a Miguel Angel Vaccari, por estar siempre, en las buenas y en las malas, en las venturas y en las desventuras; a Elena Mata, por ser y estar desde el principio, a Luis ‘Tatalo Garrido, My Big, por su entrega y buen humor; a Edel Coronado, que ya no está en nuestras filas, pero que es parte fundamental en la conformación de nuestra sonoridad; a Manuel Hurtado, por compartir la ruta de las responsabilidades en la dirección musical; y a Laura Morales Balza, por ser la artífice, durante los últimos diecisiete años, de toda la imaginería gráfica que hasta ahora nos ha identificado.

A todos y a ustedes, muchas gracias.

¡Feliz cumpleaños, Cantarte, que veinte años es mucho, y es apenas el comienzo!

cantarte INV

3 Responses to ““Que veinte años no es nada…””


  1. 1 Miguel Angel Vaccari 12 julio, 2013 a las 6:14 pm

    Maestro y amigo, felicitaciones otra vez, son 22 años de incansable lucha por la calidad del trabajo de Cantarte, les abrazo a todos y les pido no descansen en el trabajo y dedicacion.

  2. 2 Ronald Flores (@ronaldjflores) 14 julio, 2013 a las 10:01 pm

    Felicidades César, Cantarte es parte vital de tu legado, de tu huella en este mundo. Tengo la certeza que aún faltan por escribir hermosas páginas en esta historia. Abrazo


  1. 1 “Que veinte años no es nada…”, por César Alejandro Carrillo | Coralea.com Trackback en 16 septiembre, 2013 a las 8:30 pm

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