Archive for the 'Bitácora' Category

Sobre el origen de la palabra ‘ensamble’ (y otras especies)

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Con el mayor de mis afectos a todos aquellos que formaron filas en Ensamble 9, y muy especialmente a mi querido amigo Felipe Schoen-Poyer, quien conoce muy bien, y sobradamente, esta historia.

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Si tan sólo la gente supiera que ensamble significa conjunto

Charles Changlin

La palabra conjunto me parece tan hermosa…

Marylin Moscoe

Hoy día es muy común encontrar, en la red y en los programas de concierto, una infinidad de agrupaciones que se autodenominan ensamble, como sinónimo de grupo o agrupación. La mayoría de quienes usan esta palabra muy probablemente ignoran de dónde proviene tal palabra, incluso, qué significa realmente, aunque ahora parezca muy común debido a lo reiterado de su uso.

El Diccionario de la Real Academia Española define tal palabra de la siguiente manera:

ensamble:

  1. m ensambladura.

lo que nos lleva a

ensambladura:

  1.  f. Acción y efecto de ensamblar.

y

ensamblar:

  1. tr. Unir, juntar, ajustar, especialmente piezas de madera.
  2. tr. Inform. Preparar un programa en lenguaje máquina a partir de un programa en lenguaje simbólico.

… //…

En 1983, luego de haber disuelto en 1980 el Grupo Vocal Gesta, agrupación que fue emblemática y formativa para mí, constituí otra agrupación que tendría una mayor permanencia en el tiempo. Me refiero a Ensamble 9 (1983-1991), un conjunto vocal dedicado a la música popular venezolana e internacional que, desafortunadamente, no dejó ningún registro sonoro.

No vamos a ahondar en la historia de Ensamble 9, de la que nos ocuparemos en otro momento. Más bien, quiero hacer mención al origen del nombre, y para ello hay que hacer un poco de historia.

Entre 1971 y 1972, el gran Astor Piazzolla liderizó el que sería el más numeroso de sus grupos: el Conjunto 9.

Para 1983, dados en buscar un nombre apropiado para nuestro nuevo grupo, se me ocurrió ‘bautizarlo’ con el mismo nombre del de Piazzolla, como un muy humilde homenaje a quien ha sido uno de mi más grandes referentes.

Llegado el próximo ensayo, les propongo ese nombre a los integrantes, Conjunto 9. Para mi sorpresa, la mayoría objetó la propuesta dizque la palabra conjunto era muy usada por los grupos de gaita zuliana. Les conté lo de Piazzolla, el humilde homenaje, el referente, etcétera,… y vaya que no pude convencerlos.

Puesto a solucionar el asunto, busqué en el diccionario palabras sinónimas de conjunto: conglomerado, acumulación, colección, montón, combinación, reunión, complejo, congregación, aglomeración, amontonamiento, depósito, equipo, cúmulo, y un largo etcétera… Como comprenderán, ninguna de esos sinónimos satisfaría la sustitución de la palabra en cuestión.

Así que me puse a darle vueltas al asunto tratando de hallar otra solución. Pensé: “¿Y cómo se dirá conjunto en otro idioma,  por ejemplo, francés o inglés?”. Muy sencillo. La palabra en francés o inglés es la misma, ensemble, obviamente que con diferente pronunciación. Ahora bien, iba a resultar muy pretencioso, por no decir ridículo, tener que presentar al grupo en público como Ensemble 9, pronunciando el nombre en francés o inglés.

¿Cuál podría ser la solución?

Busqué de nuevo el diccionario. Y aquí si quiero ser bien enfático: aunque no lo crean, la palabra ensamble no existía, no aparecía en ningún diccionario de la época. En su lugar aparecía ensamblaje, palabra que para aquel momento uno relacionaba con montaje, carrocerías, fábricas, etc. Y de nuevo, pensé: “¿Y si ‘castellanizo’ la palabra? Y si en vez de decir ensemble decimos ensamble, como sinónimo de ensamblaje ¿qué pasa?”.

Finalmente, esa palabra sí convenció a los integrantes.

El nombre generaría al principio un poco de confusión. En reiteradas oportunidades sucedió que, habiendo enviado los recaudos necesarios para un concierto, al llegar al sitio del evento el programa de mano decía Ensamblaje 9. ¿Por qué? Porque la palabra ensamble no existía y a veces había que lidiar con el implacable afán corrector de algunas personas. Muchas veces ha pasado que uno envía el repertorio para un concierto, en que aparece alguna obra del compositor argentino Carlos Guastavino, y en el programa de mano ponen Gustavino. Vaya usted a saber…

En justicia: la próxima agrupación que utilizó la misma denominación, pero en idioma extranjero, fue Gurrufío (1984), quienes al principio de todos los comienzos gurrufianos dieron en llamarse Gurrufío Chamber Ensemble, parodiando a los conjuntos de cámara ingleses. Un poco más tarde, tomaron una denominación mucho más corta, Ensamble Gurrufío.

Y ahí empezó la ‘fiebre’…

El universo musical venezolano parecía que estaba cansado de escuchar las palabras agrupación, grupo, coral, coro, etc., que desde entonces, y hasta ahora, ha sido tal la proliferación de agrupaciones que usan tal denominación que todos juntos podrían constituir un directorio que bien podría llamarse ‘ensamblario venezolano’. O algo similar.

Pasado ya tanto tiempo de toda esta historia, es muy importante reflexionar sobre el uso de nombres genéricos para denominar agrupaciones, recomendación que siempre hago a mis alumnos de dirección cuando tienen que pensar en un nombre apropiado para sus grupos. Incluso, es preferible una denominación totalmente descontextualizada de la música, como por ejemplo, Gurrufío, Los Sinvergüenzas, C4, Aterciopelados, Soda Stereo, etc. Siempre será mucho más conveniente buscar un nombre que no utilice palabras genéricas, tales como ‘ensamble’ o ‘9’, porque son palabras harto comunes. Esa es una de las razones por las que desde 2002 Cantarte, fundado en 1991, ya no se llama Cantarte Coro de Cámara, sino Cantarte, a secas. Porque, además, lo usual era que los coros se llamaran Coro Fulano de Tal o, Coro de Cámara Perencejo, y no con el nombre propio por delante, lo cual era totalmente inusual, y en su momento también generó una tendencia furibunda, la cual continúa hasta nuestros días.

Pero esa es otra historia.

Poco después de haber fundado Ensamble 9, surgió toda la serie ‘ensamblaria’ de números ordinarios:

Ensamble 3, Ensamble 4, Ensamble 5, Ensamble 6Ensamble 7, Ensamble 8

Y pare de contar. A excepción de Ensamble 1, por razones muy obvias.

(Ensamble 2 era como muy pretencioso para un dúo… O dueto)

… //…

Me permito incluir aquí algunas breves definiciones sobre conjunto. He subrayado algunas palabras con la sola intención de resaltar aún más su significado:

Etimológicamente, conjunto proviene de la palabra latina coniunctus y está formada por el prefijo con– que significa reunióniunctus que significa atar o aunar.

Es adjetivo y sustantivo

Adjetivo. Se entiende por conjunto el que está reunido, unido, juntado, contiguo a otra cosa. Combinado, incorporado, compuesto, revuelto o añadido con otro elemento diverso. El que está unido con alguien por la conexión del parentesco o de una amistad.

Sustantivo masculino. El que está adicionado de varios elementos o cosas.

Un conjunto cumple la función de integrar  o agrupar diversos elementos en una unidad mayor de acuerdo a una o varias cualidades.

Forma de referirse a una agrupación de cosas o personas que comparten algo en común.

Como pueden observar, la palabra conjunto tiene una carga significativa mucho mayor que la palabra ensamble. Ahora bien, sería muy interesante indagar las causas por las cuales nadie pone a sus agrupaciones la denominación conjunto, porque ¿hay alguna otra palabra en español que pueda traducir mejor el significado de la palabra ensemble?

… //…

Final y definitivamente, creo que los gaiteros zulianos sí conocían muy bien, y a fondo, el significado de la palabra conjunto.

Ave Maria en Tolosa

Comparto con ustedes las dos estupendas versiones de mi Ave Maria para voces femeninas, realizadas durante el 46th Tolosa Choral Contest 2014, en el País Vasco, y del cual tuve el honor de formar parte del distinguido jurado: Gabriel Baltes [Francia], César Alejandro Carrillo [Venezuela], Georg Grün [Alemania], Michael McGlynn [Irlanda], Wilma Ten Wolde [Holanda] y Paul Phoenix [Reino Unido]. Todos presididos por Javier Busto [País Vasco].

La primera de ellas, por Aurum, de Asturias, dirigido por Elena Rosso.

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La segunda, por el Female Choir of Kiev del Glier Iinstitute of Music de Kiev, Ucrania, dirigido por Galyna Gorbatenko.

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Disfrútenlas!

 

“Que veinte años no es nada…”

Hace dos años, el 6 de julio de 2011, Cantarte cumplió veinte años de existencia. En esa ocasión, quise compartir a través del  blog el texto que escribí para el programa de mano del concierto donde celebramos tan importante fecha para la agrupación. Por diversas vicisitudes del destino no lo pude hacer en su debido momento. Vaya el siguiente texto como pago de una deuda que no sólo tenía con Cantarte sino también con muchos de aquellos que, concierto a concierto, siguen con fidelidad nuestras andanzas y aventuras. Vaya también como una nota de celebración por nuestros recientes veintidós años.

¡Gracias a todos por esperar!

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Que veinte años no es nada…

Así canta Gardel en uno de sus inmortales tangos, justo cuando se apresta a regresar a su ciudad de siempre después de una larga ausencia. Veinte años se dice muy fácil. Toda una vida para un joven; la mitad de su vida para alguien de cuarenta; un tercio para alguien de sesenta y un cuarto de su existencia para un octogenario. Muchas veces se ha empleado esta excelente frase gardeliana para expresar la brevedad de ese lapso. Pero también podemos decir que en veinte años caben cinco Copas Mundiales de Fútbol. También cinco Juegos Olímpicos. Para muchos, la espera entre una y otra edición de estos eventos deportivos significa un tiempo muy prolongado, puesto que hay que esperar cuatro largos años para poder sentir y vivir de nuevo la emoción que estos encuentros de la poesía muscular despiertan y nutren. Para un padre y una madre, un hijo de veinte años es la flor convertida en fruto maduro. Para un hijo, es sentir que el mundo le pertenece, impulsado por el ímpetu propio de la plena juventud. Todo depende de la intensidad con que se viven esos veinte años. O ese día. Porque la vida ha de vivirse día a día. Porque no sabemos qué nos espera mañana. Porque el día que se ha vivido a plena satisfacción deja el grato sabor del deber bien cumplido y que el día de mañana será otro día para continuar. O para empezar de nuevo. Veinte años. Parece que fue ayer, como dice otra canción.

6 de julio de 1991 [Año capicúa, cuyas cifras, además, suman 20.]

Ese día nació Cantarte, conjunto vocal que tengo el privilegio, la responsabilidad y el honor de dirigir desde el momento de su alumbramiento. Ese día nos reunimos dieciséis militantes de la música coral y yo, para conspirar a favor de la buena música a cappella, con el firme propósito de cultivar lo mejor de la literatura coral que estuviera al alcance de nuestras alternativas, conocimientos y habilidades. Pero sobre todo, entre muchos otros propósitos, el más importante, producir un sonido de conjunto bello y correcto como materia prima con la cual poder ejecutar e interpretar bella y correctamente, buena música. Es así como, durante todo este tiempo, hemos podido brindarle al público, destinatario final de todos nuestros empeños, la posibilidad de apreciar un repertorio escasamente abordado en nuestras salas de conciertos, iglesias y auditorios. La posibilidad del encuentro con la belleza del buen arte coral. La posibilidad de realizar estrenos nacionales y mundiales de compositores venezolanos y extranjeros. También, cuando tuvimos la posibilidad, la dicha de concretar con éxito la realización de tres encuentros nacionales de coros de cámara, reuniendo siempre lo más representativo del género en nuestro país. En estos veinte años también hemos podido dejar constancia de nuestra actividad en tres grabaciones que ya forman parte de la mitología de nuestra música coral. También hemos tenido la fortuna de representar dignamente a Venezuela, a veces sin más recursos que los nuestros, en importantes eventos más allá de nuestras fronteras. Y dentro de ellas también.

2002 – La música sacra

En un momento preciso de este transitar por los difíciles caminos del verdadero arte, tomamos la decisión de afinar más aún el propósito estético de nuestro devenir. Decidimos dedicar todos nuestros esfuerzos al estudio y difusión de la música sacra del Renacimiento y de nuestros días, conscientes de que el foco de nuestro trabajo se iba a estrechar, pero conscientes también de que este enfoque nos iba a permitir posicionarnos como pioneros al 100% en ese nicho tan esquivo en los repertorios de nuestro movimiento coral. Y, francamente, no nos ha ido mal. Al contrario, en estos nueve años dedicados de lleno a la música sacra hemos tenido un sinfín de satisfacciones en todos y cada uno de los conciertos que hemos realizado. No es una mera etiqueta cuando decimos “Cantarte: 100% sacro”. Es una certeza. Nunca olvido, al final de uno de tantos conciertos, a una señora de avanzada edad que, muy emocionada, se acercó a darme las gracias por lo que nosotros estábamos haciendo y por cómo lo hacíamos. Ese día dormí con la firme convicción de que nuestra propuesta y nuestro empeño bien valían la pena y que poco a poco iban dando sus frutos.

Hoy abrimos un espacio para darnos el gusto de cantar no sólo música sacra sino también una pequeña muestra de lo que hacíamos antes del viraje. Hubiésemos querido incluir una muestra mucho mayor pero el tiempo es un factor cruel que a veces no nos deja plasmar con plenitud todos nuestros deseos. Quizá para los veinticinco años, con el favor del Supremo.

Finalmente, y a título personal, voltear y mirar el camino recorrido me permite apreciar lo hermoso que ha sido; con rosas, espinas, goles y algunas zancadillas, por supuesto, pero hermoso. Hermoso sobre todas las cosas. Me ha permitido compartir también con gente fantástica que ha sabido enamorarse de lo que hacemos y que ha hecho de Cantarte parte importante de sus vidas, por la mera y única satisfacción de cantar bien y bonito. Por estas y muchísimas otras razones quiero agradecer infinitamente y por siempre a todos y cada uno de los integrantes que han pasado por nuestras filas y a los que aún siguen nutriendo con su presencia el día a día de nuestra tribu. Sin su concurso no hubiese sido posible que hoy estuviéramos aquí. Cada uno de ellos ha tenido, en el pasado, y tiene en el presente y futuro, una cuota muy importante en la concreción de todos nuestros aciertos. Finalmente, quiero agradecer muy especialmente a Miguel Angel Vaccari, por estar siempre, en las buenas y en las malas, en las venturas y en las desventuras; a Elena Mata, por ser y estar desde el principio, a Luis ‘Tatalo Garrido, My Big, por su entrega y buen humor; a Edel Coronado, que ya no está en nuestras filas, pero que es parte fundamental en la conformación de nuestra sonoridad; a Manuel Hurtado, por compartir la ruta de las responsabilidades en la dirección musical; y a Laura Morales Balza, por ser la artífice, durante los últimos diecisiete años, de toda la imaginería gráfica que hasta ahora nos ha identificado.

A todos y a ustedes, muchas gracias.

¡Feliz cumpleaños, Cantarte, que veinte años es mucho, y es apenas el comienzo!

cantarte INV

Caracas

Escribí este texto en 2002 a solicitud de Laura Morales Balza, quien a la sazón estaba realizando un trabajo fotográfico sobre nuestra ciudad. Es una pequeña reflexión que evoca muy brevemente memorias y recuerdos de lo que fue, es y posiblemente será Caracas.

Valga la pena acotar que no cambiaría ni una sola letra.

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Para mi hijo Simón Odoardo, póstumamente.

Nací y crecí en esta ciudad.

No creo que vaya a morir en París.

O en Bombay.

He visto, a través de los años,

el proceso entrópico de mi ciudad.

Aunque debería usar la palabra entrópico

no Con mi ciudad y sí con Su Gente.

Es verdad.

Quizá La Gente en general no tenga la culpa,

sino Cierta Gente.

Aquellos que deciden dónde va este edificio

y dónde No Va este parque.

Dónde va este mamotreto

y dónde No Va este museo.

Dónde va este esperpento

y dónde No Va Más este sitio histórico.

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La creciente pérdida de memoria de nuestra ciudad

es la pérdida de nuestra historia.

De tu historia y la mía.

La de cada uno de nosotros.

Porque cada uno vive la ciudad a su manera.

No la ve igual a otro.

Al otro.

No la padece igual.

Por eso existe La gente y Cierta gente.

La que vive la plaza y la que nos la quita.

La que trata de mirar El Ávila y la que nos lo oculta.

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De mi niñez recuerdo vagamente

el verde que circundaba mi ciudad.

Ahora la rodea un informe color entre ladrillo y blanco y zinc

y cualquier otro que represente el color político de turno.

Colores, olores, paisajes, sonidos

que al pasar del tiempo hemos ido perdiendo.

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De mi niñez recuerdo la ruta de mi transporte escolar,

especialmente dos momentos:

El primero:

después de la Plaza de Artigas,

en el pavimento todavía se podía ver

el rastro de unos rieles de tren

que se resistían a desaparecer,

pero que con el tiempo fueron definitivamente

sepultados por el asfalto.

Realmente, lo que quedó sepultado

no fueron los rieles del tren sino nuestra memoria.

Y la de la ciudad.

El segundo:

entre la Av. Libertador y la Av. Andrés Bello

quedaba la antigua fábrica de chocolates El Rey.

El autobús escolar se convertía en una fiesta rodante al pasar por allí.

¿Quién no recuerda el particular olor de esa calle?

¿O el de otras calles?

¿O el de tu calle?

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Ayer, no sólo lo recordé,

sino que mi memoria fue capaz de traerme de nuevo

ese olor de mi niñez, de nuestra niñez.

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Y de nuevo se hizo la fiesta en nuestro transporte escolar…

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Nuestro mundo de azules boinas

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Fotografía: Cincopuntoseis

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Hoy me siento como Snoopy tratando de escribir su interminable novela. No sé cómo empezar… no sé cómo plasmar el profundo sentimiento que me produce la despedida de la que fue mi casa por veinte años. Las despedidas, de cualquier tipo, no son fáciles. Nada fáciles…

Hace veinte años el maestro Raúl Delgado Estévez me propuso la difícil tarea de ser su director asistente ante una de las más hermosas tribus que pueblan el territorio musical venezolano: el Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela «Patrimonio Artístico de la Nación». Y digo difícil porque tampoco era nada fácil entrar en una historia que venía señalada por la presencia de grandes directores que han marcado para siempre la escena coral de nuestro país: Antonio Estévez, su director fundador; Vinicio Adames, director por más de veintitrés años, hasta el día que el infortunio aéreo de Las Azores lo inmortalizó para siempre; y el propio Raúl Delgado Estévez, testigo de lujo de toda esta hermosa historia orfeonista y ucevista, quien también sumó una cuota importantísima en el devenir de la agrupación y que se mantuvo al frente de ella por más de veintidós años. En síntesis, una historia que se apresta a cumplir setenta años en 2013, haciendo del Orfeón Universitario el decano de las agrupaciones corales universitarias venezolanas y la más antigua del país.

Recuerdo haberle dicho a Raúl que me concediera unos días para pensarlo; imaginaba que entrar de la noche a la mañana en un espacio ganado por su director a pulso y talento no sería nada fácil. Entendiendo la propuesta como un voto de confianza hacia la labor que hasta ese instante había realizado como director, arreglista y compositor, acepté la tarea de ser director asistente de Raúl Delgado Estévez y del Orfeón Universitario de la UCV.

El 1 de abril de 1992 entré a formar parte de esta historia. A finales de 1998, Raúl anuncia su retiro debido a su jubilación y, un poco más tarde, el 27 de marzo de 1999, realiza un emotivo concierto de despedida. A partir de abril de 1999, y luego de siete años como director asistente, asumo la responsabilidad de ser el director titular de la agrupación… hasta hace una semana. El 1 de febrero pasado me enfrenté al hecho de tener que despedirme de esta casa de sueños y canciones, debido también a mi jubilación. Y repito, no fue nada fácil.

Fotografía: Cincopuntoseis

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Hoy pasan por mi memoria innumerables recuerdos y acontecimientos que han marcado indeleblemente y para siempre, mi vida. En el Orfeón Universitario tuve la fortuna de conocer gente fantástica, ganada y comprometida en enaltecer la historia de la agrupación: a Raúl Delgado Estévez, con quien tuve la suerte de ahondar y profundizar en los arcanos que se esconden detrás del madrigal venezolano; a Graciela Gamboa y a Luis Perdomo, infatigables coordinadores, cada uno en su momento, cada uno en su medida: Graciela, incansable por muchos años; Luis, no tantos como Graciela, pero también inagotable; a Jaime y Nuria Arteaga, dos pilares fundamentales; a Elena Rodríguez y su indomable buen humor; y a tantos otros que incluso habían cantado bajo la dirección de Vinicio Adames que no alcanzaría este espacio para mencionarlos. Tuve también el privilegio de palpar la historia viva del Orfeón a través de aquellos que incluso fueron sus fundadores, por ejemplo, los esposos Celina y Pedro Ponce Ducharne; la dicha de compartir los éxitos de aquellos que, formando filas en el Orfeón, culminaban sus estudios y se graduaban; la tristeza de aquellos que perdían a sus seres más queridos; la alegría de ver cómo se convertían en madres y padres aquellos que antes se habían conocido y ahora se habían casado; la despedida de aquellos que, por razones personales, profesionales o familiares, se tenían que retirar; la imposición de la boina azul a los nuevos integrantes varones y el botón en la solapa a las hembras; y el ritual de encender un yesquero cuando celebrábamos el cumpleaños de algún integrante. Durante siete intensos años pude compartir con éxito, al lado de Raúl, cada uno de los hermosos escenarios donde el Orfeón actuó, y luego, con la responsabilidad únicamente sobre mis hombros, consolidar ese largo camino que el Orfeón, imparable, comenzaría en 1943. Pude constatar, en cada uno de los rincones del planeta a donde pudimos llegar, no sólo la presencia de la Universidad Central de Venezuela sino también la de la venezolanidad. No importa cuán apartado hubiese sido ese rincón, allí siempre estaría algún venezolano dispuesto a aplaudir hasta rabiar a ese pedacito de patria que se llama Orfeón Universitario. También con él pude constatar la solemnidad del luto que aún embarga a los habitantes de Lajes, al este de la isla Terceira, lugar donde un 3 de septiembre de 1976 se sembraría el Orfeón para siempre. También en los espacios que habita el Orfeón Universitario conocí a mi esposa y compañera, Laura Morales Balza; y en esos espacios vi crecer a nuestro hijo Simón Odoardo, así como también a cada uno de los hijos orfeonistas. De allí que consideremos al Orfeón Universitario, más que una casa, una escuela y una familia. El trabajo en equipo y la disciplina en aras del logro de los más altos objetivos artísticos y musicales genera una conducta que ha marcado, marca y marcará para siempre a sus integrantes. Ser orfeonista es una forma de ser, un modo de ver y sentir la vida que no se adquiere en ningún otro lugar.

Fotografía: Cincopuntoseis

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Son tantos los paisajes, las canciones, las vivencias y anécdotas y, sobre todo, las personas que me habitan, lo que me hace ardua y difícil la despedida. El solo hecho de pensar que ya no tendré a diario sus miradas cómplices, la sonrisa franca al momento del aplauso, o la lágrima que rueda emocionada en algún instante de solemnidad, me produce un abismo en el pecho difícil de soportar. Por todas estas cosas y por muchísimas otras que sería imposible enumerar aquí, quiero agradecer a todos y cada uno de los que hasta hoy me han acompañado, la fortuna de haber compartido tantas e inolvidables experiencias, y recordarles que la historia del Orfeón Universitario continúa hacia adelante, como un acorazado indetenible, y que esa historia la llevan sobre sus hombros como una marca indeleble, como un tatuaje imborrable. Ahora les toca la responsabilidad de guiar al Orfeón Universitario a Raúl López Moreno, quien ha demostrado fehacientemente poseer el talento y el don para hacerlo y quien ha compartido conmigo innumerables años de experiencias y una inclaudicable y verdadera amistad, y a Diana Herrera Pinto, nuestra actual y pujante coordinadora general, quien se apresta también a cumplir veinte años en la agrupación. Y también les toca a ustedes acompañarlos en esta nueva ruta que se abre en el horizonte. Ambos, Raúl y Diana, recogen ahora el testigo de esta hermosa historia y confío plenamente, no tengo la menor duda, que junto a ustedes la seguirán escribiendo con orgullo. Así será.

Fotografía: Cincopuntoseis

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Fotografía: Cincopuntoseis

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Por último, quiero que sepan que nunca, nunca me alejaré del todo y que siempre, siempre estaré muy cerca de ustedes, que contarán conmigo como el más firme de sus aliados y que dentro de mi pecho me llevo un inmarcesible jardín florido con todo lo que me han sabido prodigar.

A ti, Orfeón, con un canto infinito de gratitud.

Por siempre.

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Nota: He utilizado algunas fotografías que mi familia coral ha compartido conmigo y que he conservado con el tiempo, pido disculpas por no reseñar la autoría en cada una de ellas, son imágenes que compartimos y muchas veces las recibo sin el detalle del autor. Si alguno de ustedes reconoce aquí alguna de sus imágenes me comenta y con gusto colocaré el crédito.

Segovia es una ciudad terriblemente hermosa

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Segovia es una ciudad terriblemente hermosa que te invade con su color terracota desde la lejanía. Sus hermosas calles empedradas y los monumentos históricos que te asaltan en cada esquina conforman un paisaje propicio para el estudio y la reflexión. Su legendario acueducto, cuya edad se pierde en el tiempo, te da la bienvenida desde lo lejos con su imponente estructura. Y en esta ciudad he tenido el honor de formar parte del cuerpo de profesores que asistió desde diversas partes de la geografía peninsular para dictar clases en el XV Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral que organiza la Coral Ágora, de esta ciudad, patrocinado por la Fundación Don Juan de Borbón, todos bajo la dirección general de María Luisa Martín Antón. De igual modo, es altamente satisfactoria la convocatoria que produce este seminario, quinceañero por demás, en virtud de la cantidad de asistentes que concurren desde muchos rincones de España y de algunos otros lugares. Johan Duick, Albert Alcaraz y este servidor, conformamos el profesorado de Dirección Coral; Basilio Astúlez, David Azurza y Esther Bonal, Dirección de Coros Infantiles; Margarida Lladó y Sara Matarranz, junto a  Basilio, David y Esther, impartieron Técnica Vocal y Canto Solista. También concurrió Francisco Hernández como pianista acompañante. El entusiasmo y la camaradería que se respiraban desde la primera hora de la mañana hasta la última de la tarde fueron contagiosas e hicieron presagiar buenos resultados al final del curso. En un calendario que discurrió del 23 al 30 de agosto, y en un horario que iba desde las diez de la mañana hasta las ocho y media de la noche, se impartieron las clases en los distintos salones del Conservatorio Profesional de Música de Segovia, institución que alberga el desarrollo del Curso. Me tocó la responsabilidad de impartir clases a los Niveles I y III de Técnica de Dirección Coral con un nutrido grupo de alumnos ávidos de aprender y mejorar sus habilidades como directores corales. También tuve la tarea de compartir y montar el programa de Canto Coral Común con Albert Alcaraz y Johan Duick. Esta actividad culminaba las actividades diarias al final de la tarde, a la cual asistían todos los participantes de los diferentes cursos.

Alumnos del Nivel III de Dirección Coral
arriba de izq. a der.: David Molina Font, Divina Melé Gabandé, Sonia Fernández Delgado, Elena Fernández Delgado, Aitor Olivares García, Elena Ruiz Ortega, David Gracia Gil, Gabriel de Frutos Martínez.
abajo de izq. a der.: César Alejandro Carrillo, Pablo Román Alonso, David de la Gala, Francisco Ruiz Montes, Urko Sangroniz Mancebo, David González

La noche del 30 de agosto, en la iglesia San Juan de Los Caballeros, recinto medieval de inconmensurable belleza arquitectónica y de envidiable acústica, se dio clausura al Curso con un emotivo e inolvidable concierto, donde se pudo dar muestra de toda la actividad realizada durante la semana: Canto solista, Taller Masculino, Taller Femenino, Dirección Nivel II, Dirección Nivel III, Canto Coral Escolanía y, finalmente, Canto Coral Común. Tres alumnos del Nivel III dirigieron las siguientes obras: Aitor Olivares García, Agnus Dei [Missa a 4v] de William Byrd; Francisco Ruiz Montes, El pescador de anclas, de Modesta Bor; y Gabriel de Frutos Martínez, Encuentro, de un servidor. Con un coro de aproximadamente ciento veinte voces para el Canto Coral Común, Albert Alcaraz condujo Agnus Dei: Phoenix, de Ola Gjeilo. Yo dirigí Has crecido en la tarde como la lluvia, de mi autoría, y Entre el espanto y la ternura, de Beatriz Corona, y Johan Duick dirigió Ave Maria, para doble coro, del genio abulense Tomás Luis de Victoria, de quien se conmemoran cuatrocientos años de su desaparición. [vídeos más abajo]

El Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral de Segovia es un espacio referencial y un punto de encuentro de vital importancia para el mundo coral ibérico. Un espacio para el diálogo y el intercambio de experiencias y de conocimientos; para compartir  y conocer nuevas realidades y para fomentar y cimentar relaciones nutritivas y enriquecedoras. La Niña Bonita, como bien diría María Luisa Martín Antón en la presentación del Curso, celebrando que éste cumplía ya quince años. De Segovia no sólo me llevo la satisfacción y la fructífera experiencia de haber participado como docente de este importante evento sino también un sinfín de nuevos, inolvidables y entrañables amigos.

¡Larga y saludable vida al Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral de Segovia!

Aitor Olivares García, del Nivel III, dirige Agnus Dei [Missa a 4v] de William Byrd

Francisco Ruiz Montes, del Nivel III, dirige El pescador de anclas, de Modesta Bor

Gabriel de Frutos Martínez, del Nivel III, dirige Encuentro, de César Alejandro Carrillo

Canto común: Albert Alcaraz dirige Agnus Dei: Phoenix, de Ola Gjeilo

Canto común: César Alejandro Carrillo dirige Has crecido en la tarde como la lluvia, de su autoría

Canto común: César Alejandro Carrillo dirige Entre el espanto y la ternura, de Beatriz Corona

Canto común: Johan Duick dirige Ave Maria [doble coro], de Tomás Luis de Victoria

[Para ver otros vídeos del concierto visita julianpds en YouTube]

Taller en Puerto Ordaz

Volver a Puerto Ordaz siempre se transforma en una experiencia llena de vivencias extraordinarias, comenzando por la contemplación del telúrico paisaje que surca los enérgicos ríos Orinoco y Caroní. Es una maravilla recorrer las calles y avenidas de esta ciudad, y poder constatar la concienzuda planificación urbana que le ha permitido crecer de una manera organizada y ordenada. Esta ciudad posee diversas universidades, siendo una de las más importantes la Universidad Nacional Experimental de Guayana, la cual alberga en su sede a una de las más interesantes agrupaciones musicales de la región, la Coral de la Universidad Experimental de Guayana (UNEG), conducida por la siempre entusiasta y emprendedora Irma Conchita Iorio. Ellos organizaron la realización del Taller «Conociendo la obra del Maestro César Alejandro Carrillo», llevado a cabo entre el 13 y el 15 de mayo, iniciativa que me honra al llevar mi nombre y me compromete como compositor y como director. Durante las sesiones de trabajo estudiamos y ensayamos las siguientes obras: Aguinaldo, O magnum mysterium, Oiga compae, Salve Regina y mi arreglo de El alcaraván, de Simón Díaz, uno de nuestros más importantes compositores populares. Como cierre del taller hemos realizado un concierto en las instalaciones del Ecomuseo, imponente edificio adosado a la colosal estructura de la represa Macagua II. Para mí ha sido una gratísima experiencia poder compartir durante tres días parte de mi música con el estupendo y ávido grupo de jóvenes que conforman la Coral UNEG, la cual se encuentra celebrando veintitrés años de existencia, y a la cual le auguro un porvenir repleto de éxitos. Vaya mi agradecimiento a todos y cada uno de sus integrantes, a su directora Irma Conchita Iorio y a los directores participantes, que con entusiasmo y deseos de aprender asistieron a estas tres intensas jornadas.


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