Archive for the 'Reseñas' Category

Música y danza. ¿Música o danza?

Cuando lo que está del otro lado de lo sublime se convierte en algo más importante que la música misma, comenzamos a transitar derroteros que se alejan de los estándares musicales mínimos de calidad. Lo más importante, SIEMPRE, debe ser la música. Cuando ésta se convierte en un pretexto para otro propósito, traicionamos el espíritu y el pensamiento, tanto del compositor como del poeta. La música debe prevalecer por sobre cualquier otro antojo extra-musical que, indefectiblemente, no va a hacer que ésta suene mejor. Al contrario: este otro elemento, al volverse más importante, relega a un segundo plano lo esencial, al punto de que muchos grupos corales descuidan el aprendizaje, el montaje y la ejecución de una obra, como es el caso de incontables ejemplos que se pueden apreciar por las redes sociales y los portales de video.

Vaya todo este comentario a propósito de haber visto, a través de Internet, una muestra de agrupaciones corales que mezclan movimientos escénicos con música. Uno no termina de saber si son cantantes que danzan, o bailarines que cantan. Un buen conocedor de nuestro repertorio puede evidenciar las deficiencias musicales de las que adolecen aquellos conjuntos corales, quienes, para nada, son responsables de lo que ocurre en el escenario. La responsabilidad está en otro lugar, el lugar donde se toman las decisiones. Para bien o para mal.

Son muy excepcionales, y muy contados, los grupos que logran un perfecto equilibrio entre la música y aquellos elementos ajenos a ella, notándose no sólo un trabajo delicado y concienzudo detrás del estudio de las obras, sino también detrás de todo aquello que tiene que ver con lo corporal, lo gestual, imprimiéndole felizmente a las obras, en algunos casos, un carácter casi teatral.

Cuando la música entra por los ojos y no por los oídos (pero sobre todo cuando entra mal por los oídos), traicionamos la naturaleza propia de nuestro arte, esencialmente auditivo. Mi humilde recomendación al joven director: abóquese al estudio profundo de las obras. No le pase por encima. De seguro, usted tiene un buen conjunto. Sólo cuando esté absolutamente conforme con la lectura, la ejecución musical y vocal, y la interpretación de una obra, sólo en ese momento puede usted pensar en añadir algo extra-musical, y ese algo NUNCA deberá ser más importante que la música.

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Bolanegra: “Un poco de luz”

El pasado domingo 7 de julio tuvimos la alegría y la dicha de presentar, ante el público caraqueño, Un poco de luz, la primera producción discográfica de Bolanegra, conjunto vocal dedicado a la música popular venezolana y latinoamericana. El evento se realizó en el Salón Automotriz Siglo XXI ante un nutrido y entusiasta público que aplaudió complacido cada una de las interpretaciones del concierto.

Un poco de luz se pasea por la obra de algunos de nuestros más representativos compositores populares tales como Eduardo Serrano, Simón Díaz, Antonio Estévez, Pedro Elías Gutiérrez, Aldemaro Romero, Luis Laguna, Henry Martínez, Otilio Galíndez, Cruz Felipe Iriarte y Federico Núñez, con arreglos de Oscar Galián, Miguel Ángel Santaella, Milton Ordóñez, Carmelo Rodríguez y César Alejandro Carrillo. La producción contó con la valiosa colaboración de Chuchito Sanoja, Jesús Milano y Bernardo Sanoja.

Por lo pronto el CD se puede adquirir en las tiendas Recordland, Townrecords y en Don Disco (Chacaíto).

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Un poco de luz

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  1. Los Hijos de la Noche (Eduardo Serrano) (2.34)
  2. El alcaraván (Simón Díaz) (4.02)
  3. Candelaria (Otilio Galíndez) (3.09)
  4. Cimarrón (Aldemaro Romero) (2.23)
  5. Juana y José (Cruz Felipe Iriarte) (2.22)
  6. Canto de ordeño (Antonio Estévez) (4.42)
  7. Criollísima (Henry Martínez/Luis Laguna) (2.56)
  8. Caramba (Otilio Galíndez) (3.00)
  9. Un poco de luz (Efraín Arteaga/Otilio Galíndez) (2.42)
  10. Mi niño no me quiere (Aldemaro Romero) (2.06)
  11. Pueblos tristes (Otilio Galíndez) (3.00)
  12. Ni ná, ni ná (Eduardo Serrano) (1.58)
  13. Imprevisiblemente (Federico Núñez) (3.13)
  14. Alma Llanera (Pedro Elías Gutiérrez/Rafael Bolívar Coronado) (1.48)

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Arreglos:

César Alejandro Carrillo, excepto:

Milton Ordóñez (9), Óscar Galián (11), Carmelo Rodríguez (12), Miguel Ángel Santaella (14)

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Integrantes:

Natalia Martínez

María Elena Presa

Laura Morales Balza

Lorena Faneite

Noel Rebolledo

Ricardo Henríquez

César Alejandro Carrillo

Miguel Ángel Vaccari

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Ficha Técnica:

Grabado en Estudios Fidelis, El Cafetal, Caracas

Grabación: Giovanni Sciortino

Edición: Jesús Milano y César Alejandro Carrillo

Mezcla: Jesús Milano y César Alejandro Carrillo

Masterización: Bernardo Sanoja

Diseño: Laura Morales Balza

Ilustración de portada: Gabriela Di Stefano

Nuestro mundo de azules boinas

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Fotografía: Cincopuntoseis

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Hoy me siento como Snoopy tratando de escribir su interminable novela. No sé cómo empezar… no sé cómo plasmar el profundo sentimiento que me produce la despedida de la que fue mi casa por veinte años. Las despedidas, de cualquier tipo, no son fáciles. Nada fáciles…

Hace veinte años el maestro Raúl Delgado Estévez me propuso la difícil tarea de ser su director asistente ante una de las más hermosas tribus que pueblan el territorio musical venezolano: el Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela «Patrimonio Artístico de la Nación». Y digo difícil porque tampoco era nada fácil entrar en una historia que venía señalada por la presencia de grandes directores que han marcado para siempre la escena coral de nuestro país: Antonio Estévez, su director fundador; Vinicio Adames, director por más de veintitrés años, hasta el día que el infortunio aéreo de Las Azores lo inmortalizó para siempre; y el propio Raúl Delgado Estévez, testigo de lujo de toda esta hermosa historia orfeonista y ucevista, quien también sumó una cuota importantísima en el devenir de la agrupación y que se mantuvo al frente de ella por más de veintidós años. En síntesis, una historia que se apresta a cumplir setenta años en 2013, haciendo del Orfeón Universitario el decano de las agrupaciones corales universitarias venezolanas y la más antigua del país.

Recuerdo haberle dicho a Raúl que me concediera unos días para pensarlo; imaginaba que entrar de la noche a la mañana en un espacio ganado por su director a pulso y talento no sería nada fácil. Entendiendo la propuesta como un voto de confianza hacia la labor que hasta ese instante había realizado como director, arreglista y compositor, acepté la tarea de ser director asistente de Raúl Delgado Estévez y del Orfeón Universitario de la UCV.

El 1 de abril de 1992 entré a formar parte de esta historia. A finales de 1998, Raúl anuncia su retiro debido a su jubilación y, un poco más tarde, el 27 de marzo de 1999, realiza un emotivo concierto de despedida. A partir de abril de 1999, y luego de siete años como director asistente, asumo la responsabilidad de ser el director titular de la agrupación… hasta hace una semana. El 1 de febrero pasado me enfrenté al hecho de tener que despedirme de esta casa de sueños y canciones, debido también a mi jubilación. Y repito, no fue nada fácil.

Fotografía: Cincopuntoseis

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Hoy pasan por mi memoria innumerables recuerdos y acontecimientos que han marcado indeleblemente y para siempre, mi vida. En el Orfeón Universitario tuve la fortuna de conocer gente fantástica, ganada y comprometida en enaltecer la historia de la agrupación: a Raúl Delgado Estévez, con quien tuve la suerte de ahondar y profundizar en los arcanos que se esconden detrás del madrigal venezolano; a Graciela Gamboa y a Luis Perdomo, infatigables coordinadores, cada uno en su momento, cada uno en su medida: Graciela, incansable por muchos años; Luis, no tantos como Graciela, pero también inagotable; a Jaime y Nuria Arteaga, dos pilares fundamentales; a Elena Rodríguez y su indomable buen humor; y a tantos otros que incluso habían cantado bajo la dirección de Vinicio Adames que no alcanzaría este espacio para mencionarlos. Tuve también el privilegio de palpar la historia viva del Orfeón a través de aquellos que incluso fueron sus fundadores, por ejemplo, los esposos Celina y Pedro Ponce Ducharne; la dicha de compartir los éxitos de aquellos que, formando filas en el Orfeón, culminaban sus estudios y se graduaban; la tristeza de aquellos que perdían a sus seres más queridos; la alegría de ver cómo se convertían en madres y padres aquellos que antes se habían conocido y ahora se habían casado; la despedida de aquellos que, por razones personales, profesionales o familiares, se tenían que retirar; la imposición de la boina azul a los nuevos integrantes varones y el botón en la solapa a las hembras; y el ritual de encender un yesquero cuando celebrábamos el cumpleaños de algún integrante. Durante siete intensos años pude compartir con éxito, al lado de Raúl, cada uno de los hermosos escenarios donde el Orfeón actuó, y luego, con la responsabilidad únicamente sobre mis hombros, consolidar ese largo camino que el Orfeón, imparable, comenzaría en 1943. Pude constatar, en cada uno de los rincones del planeta a donde pudimos llegar, no sólo la presencia de la Universidad Central de Venezuela sino también la de la venezolanidad. No importa cuán apartado hubiese sido ese rincón, allí siempre estaría algún venezolano dispuesto a aplaudir hasta rabiar a ese pedacito de patria que se llama Orfeón Universitario. También con él pude constatar la solemnidad del luto que aún embarga a los habitantes de Lajes, al este de la isla Terceira, lugar donde un 3 de septiembre de 1976 se sembraría el Orfeón para siempre. También en los espacios que habita el Orfeón Universitario conocí a mi esposa y compañera, Laura Morales Balza; y en esos espacios vi crecer a nuestro hijo Simón Odoardo, así como también a cada uno de los hijos orfeonistas. De allí que consideremos al Orfeón Universitario, más que una casa, una escuela y una familia. El trabajo en equipo y la disciplina en aras del logro de los más altos objetivos artísticos y musicales genera una conducta que ha marcado, marca y marcará para siempre a sus integrantes. Ser orfeonista es una forma de ser, un modo de ver y sentir la vida que no se adquiere en ningún otro lugar.

Fotografía: Cincopuntoseis

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Son tantos los paisajes, las canciones, las vivencias y anécdotas y, sobre todo, las personas que me habitan, lo que me hace ardua y difícil la despedida. El solo hecho de pensar que ya no tendré a diario sus miradas cómplices, la sonrisa franca al momento del aplauso, o la lágrima que rueda emocionada en algún instante de solemnidad, me produce un abismo en el pecho difícil de soportar. Por todas estas cosas y por muchísimas otras que sería imposible enumerar aquí, quiero agradecer a todos y cada uno de los que hasta hoy me han acompañado, la fortuna de haber compartido tantas e inolvidables experiencias, y recordarles que la historia del Orfeón Universitario continúa hacia adelante, como un acorazado indetenible, y que esa historia la llevan sobre sus hombros como una marca indeleble, como un tatuaje imborrable. Ahora les toca la responsabilidad de guiar al Orfeón Universitario a Raúl López Moreno, quien ha demostrado fehacientemente poseer el talento y el don para hacerlo y quien ha compartido conmigo innumerables años de experiencias y una inclaudicable y verdadera amistad, y a Diana Herrera Pinto, nuestra actual y pujante coordinadora general, quien se apresta también a cumplir veinte años en la agrupación. Y también les toca a ustedes acompañarlos en esta nueva ruta que se abre en el horizonte. Ambos, Raúl y Diana, recogen ahora el testigo de esta hermosa historia y confío plenamente, no tengo la menor duda, que junto a ustedes la seguirán escribiendo con orgullo. Así será.

Fotografía: Cincopuntoseis

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Fotografía: Cincopuntoseis

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Por último, quiero que sepan que nunca, nunca me alejaré del todo y que siempre, siempre estaré muy cerca de ustedes, que contarán conmigo como el más firme de sus aliados y que dentro de mi pecho me llevo un inmarcesible jardín florido con todo lo que me han sabido prodigar.

A ti, Orfeón, con un canto infinito de gratitud.

Por siempre.

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Nota: He utilizado algunas fotografías que mi familia coral ha compartido conmigo y que he conservado con el tiempo, pido disculpas por no reseñar la autoría en cada una de ellas, son imágenes que compartimos y muchas veces las recibo sin el detalle del autor. Si alguno de ustedes reconoce aquí alguna de sus imágenes me comenta y con gusto colocaré el crédito.

Los imprescindibles

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Este final de año me ha tomado reflexionando sobre lo siguiente: el sentido común dicta que la vida, desde un punto de vista meramente biológico, podría discurrir con tan sólo lo imprescindible para poder subsistir: vestimenta, habitación y alimentación. Pero también es cierto que nuestro tránsito por el planeta nos marca de manera indeleble con las manifestaciones de toda índole que el hombre ha ido creando a lo largo de su existencia. Es así como ciertos libros y discos, obras de arte, teatro y ciertos paisajes naturales y arquitectónicos se han convertido en objetos de culto imprescindibles para la mayoría de nosotros y han pasado a formar parte de ese equipaje sin el cual tampoco podríamos vivir. ¿Cómo sería la vida sin la música de Bach o sin el teatro de Shakespeare? ¿O sin las obras de Leonardo y Miguel Ángel? ¿Cómo sería Segovia sin su acueducto o Roma sin el Coliseo? ¿O París sin la Torre Eiffel y Londres sin el Big Ben? Podría convertirse nuestro planeta en un territorio devastado y desolado si continuáramos con este ejercicio.

De todos modos, me he de permitir un hipotético escenario que ya en el pasado han realizado innumerables seres humanos: en el caso de que algún día tuviese que vivir en una isla desierta y tan sólo se me permitiera llevar conmigo cien discos imprescindibles de mi discoteca, o que tuviese que salvarlos de un incendio, estos serían los cien, y debo acotar que sólo escogí un álbum por artista. La selección obedece a una inclinación estrictamente personal y por nada del mundo conforma un canon ni un juicio de valor en relación a lo que no aparece seleccionado. De más está decir que un ejercicio como este implica el sacrificio de muchas otras joyas discográficas que también pueblan el paisaje sonoro que me rodea, sólo que estos cien discos son revisitados por mí con mayor frecuencia. Algunos de ellos me han acompañado por más de cuarenta años; otros, muy poco tiempo. Pero cada uno me revela siempre algo sorprendente y novedoso.

Sin más explicaciones, y en orden alfabético, he aquí mis cien imprescindibles:

1.
Alicia de Larrocha
Mompou: Spanish songs & Dances [1992]
2.
Art Tatum
Piano starts here – Live at The Shrine [1987]
3.
Ástor Piazzolla
Révolution du tango [1965]
4.
Ástor Piazzolla & Roberto Goyeneche
En vivo – Teatro Regina [1982]
5.
Baden Powell
Estudos [1974]
6.
The Beatles
Abbey Road [1969]
7.
Bill Evans
You must believe in spring [1977]
8.
Bill Evans & Claus Ogerman
Symbiosis [1974]
9.
Billie Holiday
Lady in satin [1958]
10.
Blind Faith
Blind Faith [1969]
11.
Blood, Sweat & Tears
Blood, Sweat & Tears [1969]
12.
Bobby McFerrin
VOCAbuLarieS [2010]
13.
Bobby McFerrin & Chick Corea
Play [1992]
14.
Buenos Aires 8
A todo tango [1974]
15.
Camarón de la Isla
El Camarón de la Isla con Paco de Lucía [1969]
16.
Carole King
Tapestry [1971]
17.
Cat Stevens
Tea for the tillerman [1970]
18.
Charlie Parker & Dizzy Gillespie
Diz ’n Bird at Carnegie Hall [1947]
19.
Chucho Valdés
Lucumí – Piano solo [1988]
20.
Claus Ogerman
Gates of dreams [1977]
21.
Crosby, Stills & Nash
Crosby, Stills & Nash [1969]
22.
Crosby, Stills, Nash & Young
Déjà vu [1970]
23.
David Crosby
If I could only remember my name [1971]
24.
Demian
Demian [1970]
25.
Don ’Sugarcane’ Harris
Fiddler on the rock [1972]
26.
Eddie Palmieri
Eddie Palmieri [1981]
27.
Elis Regina & Antonio Carlos Jobim
Elis & Tom [1974]
28.
The Elizabethan Singers, Louis Halsey
Sir Cristemas [1965]
29.
Emerson, Lake & Palmer
Emerson, Lake & Palmer [1971]
30.
Ensemble Clement Janequin
Les cris de Paris [1981]
31.
Focus
In and out of focus [1970]
32.
Frederic Hand
Jazzantiqua [1986]
33.
Genesis
Selling England by the pound [1973]
34.
Gentle Giant
Gentle Giant [1970]
35.
Héctor Lavoe
De ti depende [1976]
36.
Irakere
Live at Newport Festival & Montreux Jazz Festival [1978]
37.
Jan Akkerman & Claus Ogerman
Aranjuez [1978]
38.
Jascha Heifetz
Bach: Sonatas & partitas for unaccompanied violin [1952]
39.
Jazz Gala Big Band Orchestra
Jazz Gala Concert [1976]
40.
Jethro Tull
Aqualung [1971]
41.
João Gilberto
Live at Montreux [1985]
42.
João Gilberto & Claus Ogerman
Amoroso [1977]
43.
John Pizzarelli
Meets The Beatles [1998]
44.
John Williams
Bach: The four lute suites [1975]
45.
José Romero Bello & El Carrao de Palmarito
Florentino y El Diablo [1976]
46.
Juan Luis Guerra & 4.40
Soplando [1984]
47.
Jukka Perko
Kaanaanmaa [2002]
48.
Keith Jarrett
Paris Concert [1988]
49.
King Crimson
In the court of the Crimson King [1969]
50.
Led Zeppelin
Led Zeppelin IV [1971]
51.
Lilia Vera
Lilia Vera [1973]
52.
Marco Pereira
Círculo das cordas [1988]
53.
Maria João
Fábula [1996]
54.
Maynard Ferguson
Live at Jimmy’s – M.F. Horn 4 & 5 [1970]
55.
Mecano
Aidalai [1991]
56.
Miles Davis
Kind of blue [1959]
57.
New York Philharmonic, Leonard Bernstein
Nocturne [1971]
58.
New York Voices
New York Voices [1989]
59.
Orchestra Harlow
Salsa [1974]
60.
Oscar Peterson & Stéphane Grappelli
Skol [1979]
61.
Paquito D’Rivera
Blowin’ [1981]
62.
Pat Metheny
First circle [1984]
63.
Paul McCartney & The Wings
Wild life [1971]
64.
Philharmonia Orchestra, Leonard Slatkin
Vaughan Williams: Symphonies 5 & 6 [1990]
65.
Pink Floyd
Dark side of the Moon [1973]
66.
Polyphony, Stephen Layton
Pärt: Triodion [2003]
67.
Porcupine Tree
In absentia [2002]
68.
Premiata Forneria Marconi
Per un amico [1972]
69.
Pro Cantione Antiqua, Bruno Turner
El Siglo de Oro – Spanish sacred music of the Renaissance [1978]
70.
Quartetto Italiano
Beethoven: The string quartets [1968]
71.
Quilapayún
Santa María de Iquique – Cantata popular [1970]
72.
Quinteto Contrapunto
Música popular y folclórica de Venezuela, Vol. 4 [1966]
73.
Rick Wakeman
The myths and legends of King Arthur and the Knights of the Round Table [1975]
74.
Robert Shaw Chorale, Robert Shaw
Deep River and other Spirituals [1958]
75.
Santana
Abraxas [1970]
76.
Serenata Guayanesa
Música popular y folklórica de Venezuela, Vol. 2 [1973]
77.
Silvio Rodríguez
Al final de este viaje [1978]
78.
Simon & Garfunkel
Bridge over troubled waters [1970]
79.
Simón Díaz
Tonadas [1974]
80.
The Singers Unlimited
A capella [1971]
81.
Soledad Bravo
Canto la poesía de mis compañeros [1975]
82.
Sonora Ponceña
New heights [1980]
83.
Stéphane Grappelli, Philip Catherine, Larry Coryell & Niels-H. Ørsted-Pedersen
Young Django [1979]
84.
Sting
Nothing like the Sun [1987]
85.
Stuttgarter Kammerorchester, Karl Münchinger
Bach: Die Kunst der Fuge [1965]
86.
Supersax
Plays Bird [1972]
87.
Sviatoslav Richter
Bach: The Well-Tempered Clavier, Book I [1970]
88.
Take 6
Take 6 [1988]
89.
The Tallis Scholars, Peter Phillips
Allegri: Miserere / Palestrina: Missa Papae Marcelli [1980]
90.
Theatre of Voices, Paul Hillier
Pärt: De profundis [1990]
91.
Toquinho & Vinicius
O Poeta e o Violão [1975]
92.
Tracy Chapman
Tracy Chapman [1988]
93.
Vytas Brenner
La ofrenda de Vytas [1973]
94.
War
The world is a ghetto [1972]
95.
Willie Colon
Fantasmas [1981]
96.
Willie Colon & Héctor Lavoe
El juicio [1972]
97.
Willie Colon & Rubén Blades
Metiendo mano [1977]
98.
Wishbone Ash
Wishbone Ash [1970]
99.
Yes
Yessongs [1973]
100.
Yo-Yo Ma
The cello suites inspired by Bach [1998]

Segovia es una ciudad terriblemente hermosa

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Segovia es una ciudad terriblemente hermosa que te invade con su color terracota desde la lejanía. Sus hermosas calles empedradas y los monumentos históricos que te asaltan en cada esquina conforman un paisaje propicio para el estudio y la reflexión. Su legendario acueducto, cuya edad se pierde en el tiempo, te da la bienvenida desde lo lejos con su imponente estructura. Y en esta ciudad he tenido el honor de formar parte del cuerpo de profesores que asistió desde diversas partes de la geografía peninsular para dictar clases en el XV Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral que organiza la Coral Ágora, de esta ciudad, patrocinado por la Fundación Don Juan de Borbón, todos bajo la dirección general de María Luisa Martín Antón. De igual modo, es altamente satisfactoria la convocatoria que produce este seminario, quinceañero por demás, en virtud de la cantidad de asistentes que concurren desde muchos rincones de España y de algunos otros lugares. Johan Duick, Albert Alcaraz y este servidor, conformamos el profesorado de Dirección Coral; Basilio Astúlez, David Azurza y Esther Bonal, Dirección de Coros Infantiles; Margarida Lladó y Sara Matarranz, junto a  Basilio, David y Esther, impartieron Técnica Vocal y Canto Solista. También concurrió Francisco Hernández como pianista acompañante. El entusiasmo y la camaradería que se respiraban desde la primera hora de la mañana hasta la última de la tarde fueron contagiosas e hicieron presagiar buenos resultados al final del curso. En un calendario que discurrió del 23 al 30 de agosto, y en un horario que iba desde las diez de la mañana hasta las ocho y media de la noche, se impartieron las clases en los distintos salones del Conservatorio Profesional de Música de Segovia, institución que alberga el desarrollo del Curso. Me tocó la responsabilidad de impartir clases a los Niveles I y III de Técnica de Dirección Coral con un nutrido grupo de alumnos ávidos de aprender y mejorar sus habilidades como directores corales. También tuve la tarea de compartir y montar el programa de Canto Coral Común con Albert Alcaraz y Johan Duick. Esta actividad culminaba las actividades diarias al final de la tarde, a la cual asistían todos los participantes de los diferentes cursos.

Alumnos del Nivel III de Dirección Coral
arriba de izq. a der.: David Molina Font, Divina Melé Gabandé, Sonia Fernández Delgado, Elena Fernández Delgado, Aitor Olivares García, Elena Ruiz Ortega, David Gracia Gil, Gabriel de Frutos Martínez.
abajo de izq. a der.: César Alejandro Carrillo, Pablo Román Alonso, David de la Gala, Francisco Ruiz Montes, Urko Sangroniz Mancebo, David González

La noche del 30 de agosto, en la iglesia San Juan de Los Caballeros, recinto medieval de inconmensurable belleza arquitectónica y de envidiable acústica, se dio clausura al Curso con un emotivo e inolvidable concierto, donde se pudo dar muestra de toda la actividad realizada durante la semana: Canto solista, Taller Masculino, Taller Femenino, Dirección Nivel II, Dirección Nivel III, Canto Coral Escolanía y, finalmente, Canto Coral Común. Tres alumnos del Nivel III dirigieron las siguientes obras: Aitor Olivares García, Agnus Dei [Missa a 4v] de William Byrd; Francisco Ruiz Montes, El pescador de anclas, de Modesta Bor; y Gabriel de Frutos Martínez, Encuentro, de un servidor. Con un coro de aproximadamente ciento veinte voces para el Canto Coral Común, Albert Alcaraz condujo Agnus Dei: Phoenix, de Ola Gjeilo. Yo dirigí Has crecido en la tarde como la lluvia, de mi autoría, y Entre el espanto y la ternura, de Beatriz Corona, y Johan Duick dirigió Ave Maria, para doble coro, del genio abulense Tomás Luis de Victoria, de quien se conmemoran cuatrocientos años de su desaparición. [vídeos más abajo]

El Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral de Segovia es un espacio referencial y un punto de encuentro de vital importancia para el mundo coral ibérico. Un espacio para el diálogo y el intercambio de experiencias y de conocimientos; para compartir  y conocer nuevas realidades y para fomentar y cimentar relaciones nutritivas y enriquecedoras. La Niña Bonita, como bien diría María Luisa Martín Antón en la presentación del Curso, celebrando que éste cumplía ya quince años. De Segovia no sólo me llevo la satisfacción y la fructífera experiencia de haber participado como docente de este importante evento sino también un sinfín de nuevos, inolvidables y entrañables amigos.

¡Larga y saludable vida al Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral de Segovia!

Aitor Olivares García, del Nivel III, dirige Agnus Dei [Missa a 4v] de William Byrd

Francisco Ruiz Montes, del Nivel III, dirige El pescador de anclas, de Modesta Bor

Gabriel de Frutos Martínez, del Nivel III, dirige Encuentro, de César Alejandro Carrillo

Canto común: Albert Alcaraz dirige Agnus Dei: Phoenix, de Ola Gjeilo

Canto común: César Alejandro Carrillo dirige Has crecido en la tarde como la lluvia, de su autoría

Canto común: César Alejandro Carrillo dirige Entre el espanto y la ternura, de Beatriz Corona

Canto común: Johan Duick dirige Ave Maria [doble coro], de Tomás Luis de Victoria

[Para ver otros vídeos del concierto visita julianpds en YouTube]

Tributo al compositor venezolano Inocente Carreño

En la lluviosa mañana del pasado domingo 3 de julio, el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela sirvió de escenario para que nuestro admirado y querido Inocente Carreño recibiera el cálido tributo que tuvimos el honor de prodigarle el Orfeón Universitario y nuestra rectora, la Dra. Cecilia García Arocha. Para todos nosotros fue una oportunidad más de vivir y compartir la extraordinaria experiencia de estar allí con una de las más importantes figuras del quehacer musical venezolano del siglo XX y lo que va del XXI; heredero de los más altos valores forjados en la cátedra de composición del maestro Vicente Emilio Sojo y último sobreviviente activo de varias generaciones de compositores egresados de la añeja Escuela de Música «José Ángel Lamas», nuestro más sagrado templo musical. Ese domingo, el Orfeón Universitario le regaló al maestro un ramillete de canciones corales y madrigales venezolanos que lo han acompañado a lo largo de su vida: obras de Vicente Emilio Sojo, Juan Bautista Plaza, Antonio Lauro, Antonio Estévez, Modesta Bor y Eduardo Plaza; así como también obras de su propia autoría, entre las cuales tuvimos el honor de estrenar dos: La fuente abandonada y El agua, con poesía de Fernando Paz Castillo y Manuel Felipe Rugeles, dos de nuestros más insignes poetas.

Luego llegaría el momento más emotivo: el maestro Carreño, con su paso parsimonioso pero seguro, subió al escenario del Aula Magna para honrarnos al dirigir cuatro obras del programa: Cántico, de su maestro Vicente Emilio Sojo; Allá va un encobijado, de su ya desaparecido amigo Antonio Lauro; y sus insoslayables Pregúntale a ese mar y Gota de breve rocío. Fue un momento realmente emocionante poder mirar desde el escenario a todo un público que, de pie, le prodigaba un prolongado aplauso al maestro Carreño. Entre amantes del madrigal venezolano y admiradores del maestro, que a pesar del improvisado lunes feriado acudieron a la cita, discurrió una hermosa y emotiva velada musical que concluyó con el escenario repleto de orfeonistas de todas las épocas para interpretar nuestro vibrante Himno Universitario.

Esta feliz reunión entre Carreño y las voces del Orfeón Universitario fue la excusa perfecta para evocar parte del invalorable tesoro musical que nos legaran aquellos insignes compositores, protagonistas importantes de una de las mejores horas de nuestra historia musical. Y también fue un entrañable encuentro con la historia, ya que el maestro Inocente Carreño está vinculado al Orfeón Universitario desde el momento de su fundación en 1943, en los solariegos espacios de la antigua sede de la Universidad Central de Venezuela, hoy Palacio de las Academias. Antonio Estévez, nuestro director fundador, recibiría en aquellos ya lejanos primeros ensayos la ayuda de dos de sus mejores colegas, Antonio Lauro e Inocente Carreño.

Han pasado ya sesenta y ocho años desde aquel entonces. El maestro tenía veintitrés años; hoy tiene noventa y uno. Todo un cúmulo de experiencias, anécdotas y vivencias que reparte a manos llenas con humildad, sabiduría y picardía. Con su profusa cabellera blanca y su parsimonioso andar, Inocente Carreño encarna ya una leyenda. Como tal, es y será un digno ejemplo a seguir, pocas veces emulado en nuestra historia musical pasada y reciente.

Fotografías: Diana Herrera Pinto

La vida con Modesta (y III)

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Con Modesta aprendías o te ibas. Para ella el arte de la composición no admitía medias tintas. Siempre citaba a su gran maestro Vicente Emilio Sojo: «Por sus bajos los reconoceréis», con lo cual el maestro quería significar que los grandes compositores escribían buenas líneas para el bajo. Sojo estaba omnipresente en nuestras vidas, porque incluso en la sala de espera de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, donde Modesta trabajaba como Jefe del Departamento de Música, había un enorme retrato del gran maestro. A veces Modesta nos mostraba sus cuadernos de apuntes de composición, donde atesoraba con celo, pero con desprendimiento, los conocimientos recibidos de la mano experta del maestro. Estas enseñanzas eran el fundamento y la base de lo que Modesta nos regalaba en cada clase, lo que me hacía sentir que estábamos en una especie de cadena histórica de la que heredábamos los más secretos tesoros del arte de escribir música y a la cual teníamos la fortuna y el honor de pertenecer y, al mismo tiempo, el deber de continuar esa tradición. Pero a la vez también sentíamos que éramos herederos de nuestro presente y de nuestro tiempo y, por lo tanto, era inevitable que incorporáramos todo lo que oíamos a nuestro alrededor: jazz, salsa, rock y cualquier otra cosa de la que estuviésemos infectados. Nuestras tareas académicas se impregnaban de las influencias externas a la clase y a la vez nuestros arreglos de música popular eran presa de todos los recursos académicos que aprendíamos de Modesta. Es bueno acotar en este momento, que formalmente estábamos en una clase de composición, pero en su desarrollo recibíamos toda clase de enseñanzas y valores: disciplina y responsabilidad, ética, solidaridad y humildad, amor por la poesía y sobre todo por nuestra música, entre muchas otras cosas.

En cuanto a la disciplina y la responsabilidad, hay que decir que Modesta llevaba una bitácora de la clase, lo que ella llamaba el «Libro Negro». Allí anotaba, con lujo de detalles, la evolución del alumno: Fulano trajo dos contrapuntos de cuarta especie; Mengano, dos trocados de fuga; Zutano y Perencejo, el primer movimiento de una suite; y así sucesivamente. También agregaba sus comentarios sobre el trabajo, si le parecía bien, o no. Si uno no había cumplido con la tarea, era mejor no asistir a clases. Aprender con Modesta era un verdadero placer, pero ello conllevaba un gran deber. En cuanto a la ética, recuerdo una clase en la que un alumno más avanzado estaba presentando su trabajo. Modesta le preguntó por qué había resuelto un pasaje de tal manera, a lo que el alumno respondió que lo había hecho así porque le gustaba. Modesta argumentaba que uno no podía responder de esa manera, que uno debía tener razones convincentes para explicar sus procedimientos, sobre todo porque más adelante nosotros podíamos estar en la misma posición que ella, es decir, la posición de docente. De ahí en adelante se estableció una fuerte diatriba relacionada con la ética que debía tener un artista, un creador. Y a tal nivel llegó la discusión que para zanjar el asunto Modesta le pidió al alumno, muy indignada, que no volviera más a su clase. Para todos nosotros, que conteníamos la respiración ante aquella decisión, fue una lección muy dura, pero a la vez muy comprometida con los postulados estéticos que debía tener un artista. Una lección que siempre he tenido en cuenta al momento del proceso creativo, de allí que he sido muy autocrítico con mi obra. Ciertamente, los compositores trabajamos con una materia de contenido altamente subjetivo, pero también es cierto que toda nuestra carga de subjetividad en el proceso creativo debía ser tamizada por los procedimientos objetivos que aprendíamos en clase. Por ello siempre tengo presente un postulado del compositor cubano Leo Brouwer: Escribe primero; después corrige.

En cuanto a la solidaridad y la humildad, la mejor muestra nos la dio Modesta misma. Hubo un momento en nuestro tránsito por la Escuela José Lorenzo Llamozas, en que quizá por un descuido, por un error o, como suele ocurrir, por un mal entendido, tres de los alumnos fuimos expulsados de la escuela. Fue así como, de la noche a la mañana, Milton Ordóñez, Oscar Galián y yo, nos quedamos fuera de la escuela y de la clase de composición. Modesta, como madre celosa de sus hijos, resolvió el asunto renunciando a la cátedra de composición de la escuela y decidió continuar sus clases, sin recibir un centavo por ello, en uno de los salones de los sótanos del Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. Nuestros otros compañeros, a pesar de estar solventes, decidieron también continuar con Modesta en la «nueva cátedra». En esos espacios estuvimos dos años aproximadamente, hasta que el maestro Felipe Izcaray asumió la dirección de la escuela y todos pudimos volver a nuestro antiguo salón de clases en la Llamozas. Tal muestra de solidaridad y desprendimiento de parte de Modesta y de nuestros compañeros es muy difícil de olvidar.

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Imágenes cortesía de Rómulo Nicolás Bor

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Modesta también era una persona muy desprendida y siempre tenía algo más para un alumno: un libro de poesías, un tratado de armonía o contrapunto, un libro de partituras. También abría generosamente las puertas de su casa para compartir, más allá de las paredes académicas, un rato de solaz y de compañerismo. Fueron muchas las Navidades parrandeando en casa de Modesta y sus hijas Lena, Liliana y Yamila, tocando y cantando todos los aguinaldos que nos sabíamos. Y si no los sabíamos los aprendíamos allí mismo con dos o tres pasadas. Ahí, en un ambiente de total camaradería, coincidíamos alumnos de todos los niveles de su clase de composición, refrendando lo que nos inculcaba en clase: el amor por el aguinaldo y las tradiciones navideñas venezolanas. Retomando el hilo y como decía más arriba, nuestra clase era muy diversa en la enseñanza y el aprendizaje. Eso sí, siempre existía un rigor en el orden de la clase, primero el deber y después el placer. Dentro de ese ambiente de responsabilidad existía siempre el momento para el chiste, la anécdota y la cosa graciosa. Porque hay que decir que Modesta siempre hacía gala de un gran sentido del humor. Así que entre rigor y disciplina siempre se generaba un momento de solaz y esparcimiento. Al final de la clase, luego de revisar todas las tareas asignadas, nos dedicábamos a la parte del placer: tomar café, fumar un cigarrillo y revisar los arreglos corales que cada uno llevaba con gran expectativa. Modesta nos inculcó, desde el principio, que teníamos una gran responsabilidad con la música venezolana y que por lo tanto era importante que hiciéramos arreglos de música popular y que, en lo posible, compusiéramos aguinaldos, nuestro tradicional género navideño. De esa época con Modesta nacieron Partamos a Belén y La llegada de los Reyes, mis dos primeros aguinaldos. La mayoría de nosotros, directores de coro, esperábamos ansiosos ese momento de ver y corregir los arreglos, puesto que de allí íbamos a montarlos en nuestros coros. Por el atril del piano del salón desfilaron aguinaldos, valses, merengues, gaitas, joropos y también otros géneros latinoamericanos, los cuales, valga la pena acotar, no eran tocados al piano, sino cantados a primera vista por los alumnos de la clase de composición, con letra, dinámica y todo. Modesta siempre cantaba la voz de contralto y todos los demás nos repartíamos el resto de las voces. Esa práctica nos dio un gran nivel de lectura a primera vista, lo que no tiene precio. Otro de los requerimientos que nos pedía Modesta era que tocáramos al piano nuestros trabajos académicos, lo que implicaba que tenías que aprender a tocar. Aún recuerdo con mucha admiración a dos personas que podían tocar a primera vista lo que le pusieran en el atril del piano. Una de ellas era la misma Modesta, la otra era mi también muy querido y recordado amigo Miguel Ástor.

Y debo detenerme aquí puesto que de continuar sería interminable. Con el tiempo, ella pidió su jubilación de la Universidad Central de Venezuela y, en procura de un ambiente más propicio para su delicada salud, se mudó a Mérida, lo que conllevó a la desaparición de su cátedra de composición en Caracas. Ensamble 9, en una de sus etapas más fructíferas, llegó a ensayar en el mismo salón donde recibíamos sus clases, lo que significó para mí una especie de continuidad física con ella. Por mi parte, yo también me alejé de Caracas y me mudé a Barinas para fundar el coro de la Universidad Nacional Experimental Ezequiel Zamora. Allí permanecí alrededor de cuatro años. Nuestro contacto siempre fue permanente pero a la vez se hizo más intermitente en virtud de la distancia. Luego de su mudanza a Mérida nos vimos en algunos eventos, siendo el más importante de ellos, el Primer Festival Nacional de Coros de Cámara “Homenaje a Modesta Bor”, que organizó Cantarte en 1996 para celebrar sus primeros cinco años de actividad. En ese festival estrenamos Oiga compae, un preludio y fuga compuesto a la usanza de lo que había aprendido y que está dedicado a ella. Era lo más justo que yo podía hacer: retribuir con honor todo lo que ella me había dado. Son tantas las experiencias vividas a nivel académico, profesional y sobre todo, humano, que no me daría abasto dándole gracias a la vida y a Modesta. A Modesta Bor.

 

 

Imágenes del archivo de la Fundación Modesta Bor. En la fuente no encontramos referencias del fotógrafo. La imagen de la derecha es la portada del disco «Genocidio» de Modesta Bor, editado en 1999 por la Fundación Vicente Emilio Sojo, con la Orquesta Filarmónica Nacional bajo la dirección de Pablo Castellanos.

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