Posts Tagged 'Discos'

Desde otro lugar. Los Sinvergüenzas (2007)

Pertenecientes al conglomerado conocido como la Movida Acústica Urbana, o simplemente, la MAU, Los Sinvergüenzas vienen “portándose mal y haciendo travesuras” desde su primer concierto hace poco más de diez años, el 26 de febrero de 2000. En un formato instrumental que recuerda al de sus hermanos mayores, El Cuarteto, pero con una estética que evoca más a sus otros parientes, Raíces, Los Sinvergüenzas se aventuran tímbricamente un poco más allá en virtud de las posibilidades de sus ejecutantes: Raimundo Pineda en los diversos tipos de flautas; Edwin Arellano en la mandolina, la mandola y la guitarra; Héctor Molina en el cuatro y, Heriberto Rojas en el contrabajo. En un paisaje sonoro donde se vuelve un poco reiterativo escuchar los mismos temas versionados de mil maneras, el importante aporte de Los Sinvergüenzas le da un golpe de brisa fresca al entorno de música instrumental venezolana de corte tradicional, con un repertorio conformado casi en su totalidad por la cosecha creativa de sus propios integrantes. Aventurarse a recomendar alguna de las piezas de este disco, Desde otro lugar, es una tarea muy difícil dado que el repertorio es consistentemente bueno de pe a pa. Con arreglos interesantes e inteligentes, los doce temas nos presentan un abanico de posibilidades que se van expandiendo a medida que avanzamos en su audición, dejándole a uno un delicioso gusto en la boca, o más bien, en la oreja, como si de un exquisito manjar musical se tratara. La agrupación sinvergüenza ha contado desde sus orígenes merideños hasta su actual conformación caraqueña, con la presencia de Edwin Arellano y Héctor Molina, feliz circunstancia ésta que les ha permitido mantener un norte estético, el cual ha sufrido pocas alteraciones a través del tiempo. Y si sumamos a ellos la complicidad artística, las dotes instrumentales y las potencialidades creativas de Raimundo Pineda y de Heriberto Rojas, dos músicos con no menos credenciales que los merideños, obtenemos una combinación que estamos seguros le va a seguir deparando nuevos y hermosos horizontes a la música instrumental venezolana ¡Qué viva La Sinvergüenzura!

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VOCAbuLarieS. Bobby McFerrin (2010)

¡Bobby lo hizo de nuevo!

¿Qué más se puede decir del genio indiscutible de Bobby McFerrin? ¡Pues, es muy difícil! Luego de una multifacética y siempre solvente carrera de más de treinta años en el asunto como cantante, director y compositor, McFerrin no ha perdido nunca la habilidad de asombrarnos cada vez. Y en esta oportunidad, el gran gurú, no sólo de la música vocal sino de La Música en general, nos ha sorprendido nuevamente con su último álbum VOCAbuLarieS. El universo sonoro que McFerrin comenzó a explorar con Medicine Music (1990) y Circle Songs (1997), se amplia en este nuevo álbum, pleno de sonoridades corales y orquestales que rayan en algunos momentos con el Impresionismo, con la música del lejano oriente, la árabe, la africana, la música de Europa del este y pare usted de contar. Con la colaboración inteligente del compositor, arreglista y productor Roger Treece y de cincuenta cantantes de diversas partes del planeta, los cuales fueron grabados uno por uno y en pequeños grupos para conformar un coro virtual, y con una capacidad para recrearse y recrearnos constantemente, lo cual no es nada fácil, McFerrin nos brinda una música que, en definitiva y desde hace mucho rato, ya no tiene nada que ver con los cánones de la música comercial. Lejos quedaron los días de Don’t worry be happy. Bobby McFerrin, diez veces ganador del Grammy, ha trazado y sigue trazando los nuevos derroteros, el nuevo Camino de Santiago para la música vocal sin fronteras del siglo XXI. Ahora bien, así se lo habrá pensado Bobby ocho largos años, porque en todo este tiempo nos hemos estado preguntando: ¿cuándo y con qué nos sorprenderá nuevamente? Pues bien, la respuesta se ha hecho esperar y la recompensa ha sido con creces, un álbum repleto de ideas originales y que a medida que vamos avanzando en su audición nos hace preguntar ¿y ahora, qué vendrá?

 

 

C4Trío

 

 

Desde hace aproximadamente unos diez años, se viene gestando en el actual panorama musical nacional, un movimiento integrado por una pléyade de jóvenes músicos que, con toda justicia, podríamos llamar la nueva generación musical venezolana, particularmente en el área de la música instrumental. De este conglomerado que hoy conocemos como la Movida Acústica Urbana (MAU), uno de los mejores fenómenos musicales que ha ocurrido en Venezuela en los últimos tiempos, destacamos dos producciones discográficas pertenecientes al fabuloso C4Trío. La primera de ellas titulada C4Trío (2006) y la segunda Entre manos (2009). Este conjunto está conformado desde sus inicios por Jorge Glem, Héctor Molina y Edward Ramírez, tres talentosos cuatristas que provienen de diferentes ciudades del país, cada uno de ellos aportando no sólo las influencias propias de sus respectivos lugares de origen sino también aquellas que podrían parecer ajenas a nuestros géneros musicales como por ejemplo, el jazz. Ciertamente debemos decir que la idea de reunir varios cuatros no es nueva en el espectro musical venezolano, pero nunca, en cuanto a conjunto se refiere, se había llevado nuestro instrumento nacional a los niveles de virtuosismo y de lenguaje novedoso que esta agrupación exhibe tanto en el estudio de grabación como en directo. Si bien es cierto que el virtuosismo sin arte es un mero ejercicio de narcisismo musical, en este sentido, C4Trío supera el examen con creces. La musicalidad y el dominio de los estilos que exhibe cada uno de ellos, tanto en el rol de solistas como en el trabajo de conjunto, es francamente, a toda prueba. Jorge, Héctor y Edward no sólo se dedican a difundir joyas del repertorio tradicional sino que también se arriesgan incorporando piezas de otras latitudes, así como sus propias creaciones, siempre dentro de una clave venezolana, aportando, cada uno de ellos, lo mejor de su amplio bagaje musical. C4Trío le ha abierto nuevas ventanas de expresión al cuatro venezolano, lo cual le ha brindado la posibilidad de expresarse con solvencia en cualquier parte del mundo. Así que recomiendo ampliamente estas dos producciones discográficas que no sólo representan la labor que ha emprendido C4Trío sino también el excelente trabajo que están llevando a cabo cada una de las agrupaciones que conforman el conglomerado de la MAU, la cual iré comentando próximamente.

 

 

Traspatio. Los Hermanos Naturales


El infinito desparpajo que desde el comienzo hasta el final atraviesa el primer disco de Los Hermanos Naturales, podría inducirnos a creer que se trata de una pieza más del tipo de humor chabacano al que nos tienen acostumbrados algunos humoristas de muy dudoso gusto que pueblan los mediocres programas de nuestra TV sabatina o algunos locales nocturnos de nuestras ciudades. Sí. Nos reímos por un buen rato. Pero luego de escucharlo varias veces nos damos cuenta que estamos ante un trabajo de humor musical encarado con mucha seriedad y profesionalismo. El gran mercado comercial de la música se nutre fundamentalmente de aquellos consumidores que esperan un producto de fácil digestión. Pero en el caso que nos ocupa no se trata de tres amigos que se juntaron para obtener un beneficio fácil. Tres enormes talentos que luego de compartir y divertirse en parrandas y reuniones de amigos, deciden formalizar la “echadera de vaina” en algo estable y compartirla con todos nosotros. Andrés Barrios, Carlos Sánchez Torrealba y Daniel Pacheco, me consta, son tres artistas curtidos por muchos años, cada uno a su manera, en el mundo de la música, la poesía, el teatro, la radio y las artes plásticas. Detrás de todo el repertorio se nota que nada está puesto al azar, que seguramente se han ensayado diferentes opciones para resolver algún problema en el matrimonio entre la música y el buen humor. Otra circunstancia feliz de Los Hermanos Naturales, es su sonido, el cual, a primera vista, podría parecer pobre en virtud del escaso arsenal instrumental que poseen. Nada más alejado de la realidad. Francamente, no sé por dónde comenzar a desgranar los méritos que posee cada uno de Los Hermanos Naturales: Carlos Sánchez Torrealba, con su ascética batería, nos hace pensar en aquellos bateristas de los primeros años del jazz de Nueva Orleans, para en la siguiente pieza afrontar con total solvencia la música cañonera caraqueña, además de ser el solista de una buena parte de las canciones. Por su parte, Daniel Pacheco encara una de las tareas más difíciles de una banda: proporcionar el sostén armónico y rítmico de todo el repertorio, además de cantar y de participar en los coros. Por último, Andrés Barrios. ¿Qué podemos decir de Andrés que ya no se haya dicho? Además de tocar el clarinete como sólo los grandes dioses del jazz saben hacerlo, participa como cantante solista, actor, imitador, bailarín, payaso, mimo, animador, compositor, efectos especiales y pare de contar. Esta feliz combinación tiene la virtud de hacernos cerrar los ojos y trasladarnos por un momento a cualquiera de los escenarios descritos en sus canciones. Pero sobre todo, nos hace tomar conciencia que, detrás de toda la economía de recursos, hay un sonido que les es propio, inconfundible. El sonido de Los Hermanos Naturales no tiene parangón en la historia de la música popular en Venezuela y para cualquier banda o grupo que se precie de llamarse como tal, es de vital importancia poseer una identidad sonora auténtica y original. En fin, estamos ante la presencia de un inteligente y talentoso conjunto de juglares criollos que seguramente nos deparará muchas nuevas sorpresas en su próxima producción discográfica, la cual estará disponible a mediados de este año. Así que, ¡prepárense!


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