La vida con Modesta (I)

En principio debo aclarar, para quien no lo sabe, que cuando digo Modesta, me refiero, sí, a mi maestra de composición Modesta Bor (1926-1998). Puede que a alguno le parezca soberbio o herético el hecho de que yo me dirija a una maestra de la estatura de Modesta con esa cuota de confianza, pero es que de estar viva, ella no aceptaría que hablara de sí con la solemnidad y el boato que siempre rechazó. Esta breve introducción establece el clima de amistad, amor, fidelidad y respeto que existía entre ella y yo. Ahora bien, no es frecuente este tipo de relación entre maestro y alumno, porque por lo general lo que habita entre ellos es una distancia que pone a cada uno en su santo lugar. Conocí a Modesta en 1978 en la época en que yo residía en Guarenas y co-dirigía un grupo vocal que se llamaba Gesta, el germen de lo que después sería Ensamble 9. Nosotros hacíamos nuestros arreglos vocales en pleno ensayo, no los escribíamos sino que los memorizábamos de tanto repetirlos. Y en ese afán y anhelo de querer hacer mejor las cosas, se nos ocurrió ir a la sección de música de la Biblioteca Nacional para tratar de conseguir arreglos impresos a fin de engrosar nuestro repertorio de canciones. Lamentablemente, en tal sección no había una sola partitura. Más bien era un sitio para ir a escuchar música, es decir, una fonoteca. Pero por esas circunstancias milagrosas que tiene la vida, el encargado, el ya desaparecido guitarrista y compositor Jorge Benzaquén, me sugirió que fuera al Departamento de Música de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, del cual Modesta era jefa. Así que un día cualquiera de 1978, el cual ya no puedo precisar, me dirigí a la UCV a hablar con Modesta Bor, porque en ese entonces para mí era eso, Modesta Bor. Eso sí, sabía lo que ella era y representaba para nuestra música nacional. De modo tal que cuando llegué, estaba un poco nervioso debido a la talla del personaje con el cual me iba a entrevistar. Modesta me trató con atención y simpatía al yo revelarle el propósito de mi visita y al enterarse de nuestro trabajo con Gesta. Luego de estar conversando por espacio de una hora, aproximadamente, le solicitó a una empleada del departamento que me diera algunas copias de arreglos que allí tenían. La empleada que me atendió, con la misma simpatía y diligencia de Modesta, fue Olga Roa, quien con el tiempo se convertiría en amiga de muchos músicos y directores corales de nuestra generación. Actualmente, Olga es la jefa encargada del Departamento de Música. Las vueltas que da la vida. Pues bien, de allí salí muy contento por dos razones: la primera, porque había podido lograr conseguir un material musical que para nosotros iba a ser de vital importancia en la evolución de grupo. Y la segunda, porque había conocido a quien iba a marcar, para siempre, el curso de mi vida como ser humano, músico, arreglista, director y compositor: Modesta Bor.

Biografía tomada de la Sociedad de Autores y Compositores 
Modesta Bor nació en Juangriego, Isla de Margarita, el 15 de junio de 1926. En su pueblo natal, Modesta recibió las nociones elementales de Teoría y Solfeo, con Luis Manuel Gutiérrez y de piano con Alicia Caraballo Reyes. En 1942, viaja a Caracas para continuar sus estudios en la Escuela Superior de Música «José Angel Lamas», donde cursa Teoría y Solfeo con María de Lourdes Rotundo; piano, con Elena de Arrate; Historia de la Música y Estética con Juan Bautista Plaza; primer año de Armonía y Orquestación con Antonio Estévez y segundo año de Armonía, Contrapunto, Fuga y Composición en la cátedra del Mestro Vicente Emilio Sojo.

En 1951 presenta el exámen de su décimo año de piano, sin embargo, ese mismo año, contrajo una grave enfermedad en ambas manos y piernas. Su dolencia no le permitió ofrecer el concierto de grado, ni desarrollar su prometedora carrera como intérprete. Fue posteriormente, al regresar de Moscú, cuando le otorgaron el título de Profesora Ejecutante de Piano, a instancias de la Profesora Elena de Arrarte.

En julio de 1959, con la «Suite en tres movimientos» para Orquesta de Cámara, obtiene de las manos de Vicente Emilio Sojo el título de Maestro Compositor. Paralelamente a sus estudios musicales, Modesta Bor dió inicio a una amplia actividad en los campos de la musicología y la docencia. Entre 1948 y 1951 trabajó en el Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales, como Jefa del Departamento de Musicología. Posteriormente, ejerció la docencia musical en diferentes escuelas primarias y secundarias de la capital, llegando incluso a dirigir coros de Niños de las Escuelas Municipales de Caracas.

Después de egresar de la Escuela de Música, se dedica por completo a la composición y en 1960 viaja a Moscú, con la idea de realizar estudios de Postgrado en el Conservatorio Tchaikowsky. Después de escuchar una de sus obras en una audición privada, el afamado compositor Aram Ilich Kachaturiam acepta gustosamente a Modesta Bor en su cátedra de Composición.

En 1962 da inicio a la composición de la premiada «Obertura» para Orquesta. Entre 1963 y 1964 se traslada a Lecherías, Estado Anzoátegui, para asumir la dirección del Coro de Niños de la Universidad de Oriente. En 1964, nuevamente en Caracas, trabaja en el Instituto Nacional de Folklore y luego es nombradfa directora del Coro de Niños de la Escuela de Música «Juan Manuel Olivares», cargo que desempeña durante 14 años.

En 1966 funda y dirige el grupo vocal «Arpegio», conjunto de seis voces blancas con el cual divulgará las viejas melodías infantiles, la polifonía culta y la música popular y folklórica venezolana. Entre 1971 y 1973 dirigió la Coral de la CANTV con la cual grabó dos discos de música coral venezolana e internacional. En 1973 se hace cargo de la Cátedra de Composición de la Escuela de Música «José Lorenzo Llamozas». Simultáneamente, entre 1974 y 1989 trabajó como jefa del Departamento de Música de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, donde realizó una encomiable labor en pro de la formación musical de la población estudiantil venezolana.

En 1982 fue invitada por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) para participar en el Primer Festival Internacional de Música Contemporánea de la Habana (1986), donde se interpretó el «Concierto para piano y Orquesta». En 1990 se traslada a la ciudad de Mérida donde prosigue con tenacidad su labor creativa, la cual alterna con la docencia, ofreciendo a los estudiantes de la Escuela de Música de la Universidad de Los Andes un Taller de Dirección de Coros Infantiles; y en 1991 dicta un Taller de Armonía, con la finalidad de crear en el futuro una Cátedra Estable de Composición.

Las primeras obras de Modesta Bor están enmarcadas dentro del pensamiento de la Escuela Nacionalista venezolana. Ejemplos claros se observan en la «Suite Criolla» para Piano, en la «Suite para Orquesta de Cámara» y en la «Sonata para Viola y Piano». En etapas posteriores sus obras buscan un lenguaje propio, contemporáneo, acorde con las nuevas tendencias. A partir de la década de los sesenta, se trasluce la búsqueda de nuevas sonoridades en obras como el «Segundo Ciclo de Romanzas» para contralto y piano, la «Sonata para violín y piano» y sus obras corales: «El Pescador de Anclas» y «Regreso al Mar». La década de los setenta marca el inicio de una búsqueda hacia la atonalidad. La «Imitación Serial para Cuerdas» (1974), el tríptico coral «Manchas Sonoras» (1975), los siete «Sarcasmos» para piano (1978-1980), el «Prisma Sonoro» para cuatro voces mixtas (1980-1981), el «Concierto para piano y Orquesta» (1982-1983) y «Acuarelas» para Orquesta de Cuerdas (1986) son sólo algunos ejemplos de sus obras atonales desligadas de la tendencia o línea nacionalista.


11 Responses to “La vida con Modesta (I)”


  1. 1 Gabriel 10 mayo, 2010 a las 1:50 am

    Vaya, qué alegría que se le haga justicia a Modesta recordándola. Yo he tenido la impresión de que cuando se recuerda a Modesta en nuestro pequeño (y a veces no muy feliz) mundo coral, todos sabemos lo ‘importante’ que fue (lo pongo entre comillas porque tal vez a ella le gustaría esa ironía, aunque de mi parte sólo tiene reverencias) pero pocos hemos degustado la maravilla de su música. Claro, esto puede ser la calamidad del compositor criollo en general, pero en el caso de Modesta, posiblemente sea un pecado que ninguna indulgencia salvará. Salvo algunas piezas ya incrustadas en nuestro repertorio, la obra de Modesta sigue siendo desconocida por la mayoría y con pena debe decirse que desde hace unos 10 años las obras de la Maestra vienen desapareciendo del repertorio coral habitual. Recuerdo que hace unos 2 años pude leer algunas de las piezas infatiles y quedé maravillado por lo hermoso y variado de sus melodías. Modesta conocía a la perfección el lenguaje coral y es sin duda una de sus compositoras más refinadas. Ojalá pueda reunirse voluntad coral para hacerle un gran homenaje, no sólo con las piezas archicantadas (que nunca deben dejar de cantarse, dicho sea de paso), sino con aquellas joyas menos conocidas y bien merecen mostrarse. Sería un bien a nuestra memoría musical y a la memoria de Modesta. Salud Modesta, donde quiera que estés (diría en en cielo, pero temo que me jale las patas esta noche). Gracias César por esta entrada.

    • 2 César Alejandro Carrillo 14 mayo, 2010 a las 4:00 pm

      Hola, Gabriel. Tus comentarios sobre Modesta Bor y en general acerca de la música coral, no pueden ser más acertados. Estoy de acuerdo 100% en toda la extensión de tu comentario. Nuestro mundo coral, en su mayoría, se alimenta del aplauso fácil y de la mediocridad. En 1996, con Cantarte, hicimos nuestro segundo Festival de Coros de Cámara en homenaje a Modesta, con la fortuna de contar con su presencia en cada uno de los conciertos. Nuestra participación, en el contexto de ese evento, constó de dieciséis obras suyas, unas más conocidas y otras menos. Y en líneas generales, el festival fue eso, una fiesta con música de Modesta. Pero, como siempre, luego de la fiesta viene la resaca. Y la realidad. Nadie se ocupa de nuestros compositores, salvo aquellas honrosas excepciones que con frecuencia incluimos obras de la mejor música coral hecha en Venezuela, en nuestros repertorios. Y no sigamos porque nos vamos a deprimir. Un gran saludo y gracias por seguir el blog.

  2. 3 Miguel 12 mayo, 2010 a las 1:40 am

    Hola César: Muchas gracias por tu comentario por nuestra recordada Modesta. Espero que pronto incluyas nuevas entradas y ojalá alguna institución se dedique a recopilar y editar su obra para que el país pueda captar su genio creador. Muchas felicitaciones por tu magnífico blog.
    Un abrazo

    Miguel

  3. 4 Leila Ana Carrillo Requena 14 mayo, 2010 a las 7:13 pm

    Ay hijo, que lindo cuando hablas de Modesta (bueno, de tanto escucharte llamarla asi, para uno tambien era como normal llamarla asi), pero no pienso que seas soberbio o herético que hables de ella con esa cuota de confianza, simplemente es la confianza con la que se habla de una madre, pues sabemos que eso era ella para ti, una madre, tu segunda madre a la cual amaste, respetaste y admiraste mucho, así como se ama, respeta y admira a una madre, y lo mejor y mas bello es que todo era recíproco, ella veía en ti a un hijo, estaba orgullosa de ti y sabía que llegarías hasta donde hoy estas y mas. Cuando leo que mencionas GESTA y ENSAMBLE 9 vienen a mi mente aquellos dias cuando estudiabas musica y teniamos que “calarnos” TODO EL DIA tus ensayos ja ja ja quien lo iba a decir maestro, recuerdo tambien cuando la Cantata Criolla. Recuerdas? No se cuantas veces la escuchabas y nos la hacias escuchar, pero realmente es una pieza preciosa, hermosa. Bueno, y asi tantos recuerdos hermano, de verdad fue grato leer sobre Modesta, y recordar tus inicios.T.Q.M

  4. 6 Lena Sánchez Bor 17 mayo, 2010 a las 6:43 pm

    Querido hermano!!

    Que hermoso lo que escribiste de mamá.. fuiste bastante humilde, pues, me consta que estabas entre sus favoritos. Ella sencillamente te adoraba y admiraba tu talento, tanto como lo admiro yo.
    Pero está bien ser tan modesto, siendo discípulo de Modesta.. hay que mantener la coherencia.
    Felicidades por tu blog y estoy a la orden. Si bien es cierto que ha sido cuesta arriba conseguir financiamiento para editar la obra (los 2 proyectos que hemos introducido no los han aprobado), la obra original sigue estando en perfecto cuidado y completamente a la orden para todo aquel que la necesite.

    Cuando regreses, hablaremos…

    Un fuerte abrazo,

    Lena

  5. 8 Luis Romero 26 mayo, 2010 a las 2:17 pm

    Hola César, al respecto me permito comentar que si bien es cierto, que pocos coros cantan música de Modesta, también hay otros que mantienen en su repertorio piezas como Las manchas Sonoras y Prisma Sonoras, como es el caso de la Cantoría de Mérida y el Orfeón Universitario de la ULA, además de muchas de sus canciones y piezas populares.
    Recientemente estuve con Gilberto Rebolledo en Margarita y de verdad que da tristeza ver la casa natal de Modesta en total estado de abandono, ni siquiera tiene una placa o letrero que diga que allí vivió la maestra.
    Un abrazo,

    • 9 César Alejandro Carrillo 31 mayo, 2010 a las 3:33 pm

      Es cierto, Luis. En mi comentario puse “salvo aquellas honrosas excepciones que con frecuencia incluimos obras de la mejor música coral hecha en Venezuela, en nuestros repertorios.” Entre esas excepciones habría que incluir a la Cantoría de Mérida, al Orfeón Universitario de la ULA y también a la Coral Universitaria de la UDO – Núcleo Anzoátegui, además del Orfeón Universitario de la UCV, el cual me honro en dirigir. Ahora bien, me refería más concretamente a la obra original de nuestros compositores. Si bien es cierto que algunos arreglos se hacen con mayor frecuencia, no sucede lo mismo con la obra compuesta. Es ahí donde está el problema. La actividad coral debería contemplar, entre muchos aspectos, una visión formativa y educativa tanto de los cantantes como del público. Gran parte de nuestro movimiento coral se comporta como la mayoría de nuestras emisoras radiales: sólo música para entretener. ¿Qué estamos haciendo con nuestros coros? ¿Sólo música para entretener? Gracias por tus comentarios.

  6. 10 Alecia Castillo 9 julio, 2010 a las 2:29 am

    Gracias por el recuerdo a mi querida Modesta.
    Me consta lo mucho que te quiso y te admiraba, además te ponía como ejemplo de constancia y voluntad. Muchas veces llegó a ponerte como ejemplo cuando yo no le cumplía con todas las tareas que me ponía. Modesta me consideraba “su hermanita menor” venía con frecuencia a Valencia y en los días que pasaba en mi casa, esta se convertía en una verdadera academia. No paraba de enseñar a todos los que se acercaban a visitarla. Todos los músicos importantes de la ciudad y montones de estudiantes se reunían con ella cada día.

    Nos divertíamos mucho jugando a improvisar en el piano. en una oportunidad hizo más de 20 variaciones sobre la cucaracha que no podía caminar y todos votamos por la que más nos gustaba, para mí fué la cucaracha chopiniana. Lo importante era que luego nos mandaba a hacer lo mismo y así pasábamos largas horas tocando Los Pollitos, La Manzana, Arroz con Leche o cualquier melodía popular. Cuando veo a Gabriela Montero hacer sus maravillosas improvisaciones, me imagino lo que gozaría Modesta de estar oyéndola. Además de manternos toda una jornada riendo sus chistes y “cachos” nos hacía jugar con el piano, una vez me hizo tocar el joropo Marisela en la casa de José Vicente Torres, yo no lo sabía completo pero Modesta que conocía hasta donde llegaba, buscó un pretexto para interrumpír en el momento preciso.
    Pasaba días en mi casa cuando me pidió que la llevara a Caracas porque iba a ser madrina de una boda: precisamente la de César Alejandro Carrillo. tal vez su alumno favorito. Cuando escribas un libro sobre ella por favor me avisas para contarte mil cosas hermosas compartidas con ella.

    • 11 César Alejandro Carrillo 24 julio, 2010 a las 12:57 am

      Muchas gracias Alecia. Yo a ti te recuerdo como una de las personas que Modesta más apreciaba en este medio por todo el trabajo que has hecho y sigues haciendo por el enaltecimiento de la música coral valenciana y venezolana. Para mí y para mis hijos es inolvidable la experiencia de haber vivido, varias veces desde el público, tu extraordinaria obra “Cajita de arrayanes”, estupenda semblanza y homenaje a nuestro gran poeta Aquiles Nazoa, quien con toda certeza es el más popular de nuestros bardos. Recibe un cálido y afectuoso saludo desde este predio caraqueño.


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