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Música y danza. ¿Música o danza?

Cuando lo que está del otro lado de lo sublime se convierte en algo más importante que la música misma, comenzamos a transitar derroteros que se alejan de los estándares musicales mínimos de calidad. Lo más importante, SIEMPRE, debe ser la música. Cuando ésta se convierte en un pretexto para otro propósito, traicionamos el espíritu y el pensamiento, tanto del compositor como del poeta. La música debe prevalecer por sobre cualquier otro antojo extra-musical que, indefectiblemente, no va a hacer que ésta suene mejor. Al contrario: este otro elemento, al volverse más importante, relega a un segundo plano lo esencial, al punto de que muchos grupos corales descuidan el aprendizaje, el montaje y la ejecución de una obra, como es el caso de incontables ejemplos que se pueden apreciar por las redes sociales y los portales de video.

Vaya todo este comentario a propósito de haber visto, a través de Internet, una muestra de agrupaciones corales que mezclan movimientos escénicos con música. Uno no termina de saber si son cantantes que danzan, o bailarines que cantan. Un buen conocedor de nuestro repertorio puede evidenciar las deficiencias musicales de las que adolecen aquellos conjuntos corales, quienes, para nada, son responsables de lo que ocurre en el escenario. La responsabilidad está en otro lugar, el lugar donde se toman las decisiones. Para bien o para mal.

Son muy excepcionales, y muy contados, los grupos que logran un perfecto equilibrio entre la música y aquellos elementos ajenos a ella, notándose no sólo un trabajo delicado y concienzudo detrás del estudio de las obras, sino también detrás de todo aquello que tiene que ver con lo corporal, lo gestual, imprimiéndole felizmente a las obras, en algunos casos, un carácter casi teatral.

Cuando la música entra por los ojos y no por los oídos (pero sobre todo cuando entra mal por los oídos), traicionamos la naturaleza propia de nuestro arte, esencialmente auditivo. Mi humilde recomendación al joven director: abóquese al estudio profundo de las obras. No le pase por encima. De seguro, usted tiene un buen conjunto. Sólo cuando esté absolutamente conforme con la lectura, la ejecución musical y vocal, y la interpretación de una obra, sólo en ese momento puede usted pensar en añadir algo extra-musical, y ese algo NUNCA deberá ser más importante que la música.

Curso de Arreglos Corales y Rearmonización

¡Saludos a todos!

Con sumo placer hago del conocimiento de todos los interesados, la apertura del Curso de Arreglos Corales y Rearmonización, el cual estaré dictando los días martes a partir del próximo 22 de octubre de 3pm a 6pm. Mayor información escribiendo al correo electrónico musicarrillo@gmail.com. Teléfono 0212-9918911 de lunes a viernes y en horario de oficina. ¡Cupos limitados!

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curso AC:

Bitácora incompleta del rock progresivo para principiantes [Postludio]

Días de futuro pasado

[De cómo me enamoré del rock progresivo]

El Domingo de Gloria de 1968 regresábamos de pasar la Semana Santa en la playa. Nuestra numerosa familia de tíos y primos venía en varios vehículos. Mi hermano Carlos y yo, en el carro de unos primos algo mayores que nosotros. De pronto, en una curva, un vehículo que venía de frente comenzó a adelantar a un camión y nos robó la derecha, lo que nos forzó a salir de la carretera. El resto de la historia se la pueden imaginar: nuestro carro volcó y descendió por una cuesta dando varias volteretas, hasta que un árbol lo detuvo. Saldo final: un vehículo menos, aporreos generalizados para mi hermano y mis primos, y una fractura del fémur derecho para mí. Esa misma noche fui hospitalizado en lo que para entonces era el modelo de un gran hospital público: el Ana Francisca Pérez de León, ubicado en la avenida Francisco de Miranda, en Petare. Allí pasé los dos siguientes meses de mi infantil existencia en posición horizontal.

                Durante mi estancia leí algunos libros, hice amistad con el personal médico y de enfermería, y me dediqué, sobre todas las cosas, a una de mis primeras y más queridas aficiones: dibujar. Pero también eran muchas las horas, acostado y sin hacer nada, por lo que le pedí a mi madre que me comprara una radio para escuchar música. Fue así como me aficioné a sintonizar algunas emisoras que radiaban programas de música pop por la tarde, particularmente Radio Caracas Radio y luego, la naciente y novedosa Radio Capital. Pero una noche ocurrió que, presa del insomnio y sin poder conciliar el sueño, con todas las luces apagadas y como quien comete una fechoría, decidí encender mi radio a muy bajo volumen para escuchar qué estaban radiando en ese momento. ¡Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que a esas horas el mundo musical se volteaba como cuando uno voltea un pantalón del revés! A esa hora se podía escuchar toda la música que, por razones estrictamente comerciales, no se radiaba durante el día ni por equivocación. Fue así como descubrí un territorio musical nuevo y desconocido para mis entonces once años de edad, el cual consistía, fundamentalmente, de un inexplorado universo de blues y de rock. Desde esa noche en adelante, y sin nadie que me dijera a qué hora tenía que dormir ni a qué hora tenía que apagar la radio, no paré de escuchar la programación nocturna.

                Ya fuera de mi convalecencia y finalizando la década de los sesenta, mi conciencia musical se empezó a enriquecer, a ensanchar y a exigir un poco más de elaboración del material que escuchaba. Fue así como, más allá de The Beatles, The Rolling Stones y The Beach Boys, comencé a descubrir bandas un poco más jóvenes: Crosby, Stills and Nash; Blood, Sweat and Tears; Deep Purple, Black Sabbath, Traffic, Pink Floyd, Cream y Led Zeppelin, entre muchas otras. Pero también descubrí otras como Yes, Genesis, King Crimson y Gentle Giant, todas bandas británicas. Más tarde, en 1972, y ya total y completamente intoxicado con aquella música, descubrí, sin proponérmelo, a Premiata Forneria Marconi (PFM), una de las agrupaciones más emblemáticas del escenario musical italiano, y que se convertiría por siempre en mi banda preferida de rock progresivo. Ese día fui a una de mis discotiendas favoritas, Mr. Moustache, situada en la planta baja del Centro Comercial Los Ruices, lugar donde también, por cierto, queda Radio Capital. El joven que atendía la tienda me sugirió que escuchara un disco que recién acababa de llegar: Per un amico, de PFM. Ese día, ese disco partió mi vida y mi conciencia musical en dos mitades: antes y después.

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PFM5

Premiata Forneria Marconi en la actualidad

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                Aún recuerdo cómo los amigos con los cuales me reunía para escuchar discos, me miraban como bicho raro por la música que ahora me gustaba. Algunos de ellos me abandonaron. Otros siguieron siendo fieles a las sorpresas que les deparaba la aguja de mi tocadiscos. Más tarde irrumpirían en mi vida, con la misma intensidad, Bach, la salsa, el jazz y la música coral. Pero esa es otra historia.

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                Mr. Moustache hace mucho tiempo que desapareció, amén de otros espacios importantes para el melómano de entonces como Musical Serrana y Discos Miranda, en Chacao, y Don Disco, en la avenida Urdaneta. Lo que aún no ha desparecido, ni creo que lo hará, es mi afición por el rock progresivo y por Premiata Forneria Marconi, mi banda favorita, por siempre.

Bitácora incompleta del rock progresivo para principiantes (y II)

Decadencia y renacimiento

[De cómo el cisne comenzó a cantar su última canción]

El punto más alto que logró alcanzar la popularidad de las bandas de rock progresivo sería a mediados de los años setenta, cuando con frecuencia lideraban las encuestas de las principales revistas de música popular de Gran Bretaña y Estados Unidos. La decadencia del rock progresivo comenzaría con su propio agotamiento a nivel creativo y una estética cada vez más exagerada y pretenciosa, la aparición del Punk, la música Disco, y el resurgimiento de los tres acordes básicos del rock. A esto se suma el hecho de que las nuevas audiencias de la segunda mitad de los setenta estaban más interesadas en pasar un buen rato al ritmo de un rock más simple y agresivo, y ya no tenían la paciencia para escuchar una pieza de gran longitud y con textos de realidades fantásticas, descartando al rock progresivo por elaborado y presuntuoso.

                Ante esta nueva realidad, aquellas bandas gigantes que habían logrado sobrevivir a la crisis energética de la primera mitad de los setenta, tenían ahora ante sí el reto de sobrevivir como músicos. King Crimson y Emerson, Lake & Palmer, comenzaron a tomar recesos indefinidos y a realizar reuniones esporádicas, supeditadas a los compromisos artísticos de sus integrantes. Del mismo modo, a cada una de estas bandas les tocó sufrir cambios en sus filas; es así como, en su debido momento, Peter Gabriel abandona Genesis para seguir una provechosa y larga carrera como solista. Genesis continuaría con Phil Collins como vocalista al frente de la banda sin por ello desmejorar su éxito.

                La década de los ochenta sería testigo de un renacer del género. Bandas como Marillion, UK, Twelfth Night, IQ, Pendragon, Quasar y Pallas pasaron a conformar lo que se dio en llamar Rock Neoprogresivo o Neo-Prog, un movimiento que creció bajo el influjo del rock progresivo de los setenta, con bandas como Genesis, Yes y Camel entre sus modelos, incorporando elementos del New Wave y del rock de los ochenta. Bandas como King Crimson reaparecerían incorporando también un sonido más New Wave, haciendo su música más digerible, comercialmente hablando. Los ochenta también verían el surgimiento del primer supergrupo de rock progresivo, Asia, conformado por estrellas provenientes de grandes bandas: John Wetton (Roxy Music, King Crimson), Steve Howe (Yes), Geoff Downes (Yes, Buggles) y Carl Palmer (Emerson, Lake & Palmer), pero con una orientación francamente comercial. Bandas como Genesis y Yes, otrora grandes gurús del rock progresivo, redefinieron sus esquemas y comenzaron a producir canciones, sctricto sensu, de tres y cuatro minutos de duración. Tal es el caso de Yes, que llegó a colocar el sencillo «Owner of a Lonely Heart» en el número uno de las listas estadounidenses.

                El rock progresivo vivió otro resurgimiento durante la década de los noventa, el cual llega hasta nuestros días, esta vez bajo las banderas del metal progresivo, liderado por bandas como Porcupine Tree, de Inglaterra; un nutrido grupo de bandas estadounidenses como Dream Theater, Spock’s Beard, Echolyn, Proto-Kaw y Glass Hammer; The Flower Kings, de Suecia, y White Willow, de Noruega. Rush, Yes y Van der Graaf Generator, bandas pioneras del género durante los setenta aún permanecen tocando. Por su parte, bandas como King Crimson, Genesis y Camel, cuando logran que sus agendas particulares coincidan, también retornan a los escenarios.

                Finalmente, a pesar de sus avances y retrocesos, idas y venidas, encarnaciones y reencarnaciones, el rock progresivo, el rock arte, sigue vivo y por sus fueros. Aún nos falta por conocer innumerables bandas que están haciendo su trabajo calladamente, porque no han tenido la fortuna (o el infortunio, depende de cómo se vea) de acceder al mundo del disco y, por ende, al mundo comercial, lo cual no siempre garantiza continuidad y firmeza en el mantenimiento de los postulados musicales, artísticos y estéticos. Por lo pronto, Porcupine Tree me ha hecho revivir una sensación que no experimentaba desde mi adolescencia, cuando era fanático acérrimo de Yes, Genesis, King Crimson y Gentle Giant, pero sobre todo, de Premiata Forneria Marconi. ¿Qué sorpresas nos depararán las primeras décadas del siglo XXI?

Los Caballeros de la Mesa Redonda

[Donde se pasa revista a los ungidos del rey]

Para finalizar, me atrevo a proponer una selección para todos aquellos que se quieran iniciar en este fantástico género, no sin antes advertir que inevitablemente será un ejercicio odioso porque, siempre quedará algo por fuera y siempre privará el insoslayable gusto personal de quien hace la selección. Por lo tanto, no debe ser tomada como una lista canónica del género. Dicha esta advertencia, la siguiente es una lista muy, pero muy básica y en orden alfabético de bandas y discos de rock progresivo de los setenta.

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Banco del mutuo soccorso (Italia): Francesco Di Giacomo, voz; Vittorio Nocenzi, teclados; Gianni Nocenzi, teclados; Marcello Todaro, guitarra; Renato D’Angelo, bajo; Pierluigi Calderoni, batería

Una de las bandas líderes del rock progresivo italiano, junto a Premiata Forneria Marconi y Le Orme. La compleja textura provista por el piano, el órgano Hammond y los sintetizadores, más la originalidad vocal de Di Giacomo, hicieron del sonido de la banda innovador y original.

Banco del mutuo soccorso (1972)

Darwin! (1972)

Io sono nato libero (1973)

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Camel (Inglaterra, 1971): Andrew Latimer, guitarra, flauta, voz; Peter Bardens, teclados, voz; Doug Ferguson, bajo, voz; Andrew Ward, batería

Una de las más innovadoras bandas salidas de la escena de Canterbury.

Mirage (1974)

Moonmadness (1976)

Nude (1981)

Pressure Points – Live in Concert (1984)

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Emerson, Lake and Palmer (Inglaterra, 1970): Keith Emerson, teclados; Greg Lake, bajo, voz, guitarra; Carl Palmer, batería

Una de las pocas bandas del rock progresivo constituidas por tan sólo tres miembros, pero a su vez, una de las más influyentes en toda la historia del género. De la mano de su líder Keith Emerson, llevaron la escena del rock a un gigantismo nunca antes visto.

Emerson, Lake & Palmer (1971)

Tarkus (1971)

Pictures at an Exhibition (1971)

Trilogy (1972)

Brain Salad Surgery (1973)

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Focus (Holanda, 1969): Thijs Van Leer, voz, teclados, flauta; Jan Akkerman, guitarra; Bert Ruiter, bajo; Pierre Van Der Linden, batería

Focus es, sin duda, la banda de rock holandesa más conocida de la historia. Su fortaleza residía en las espectaculares muestras de virtuosismo de Van Leer y Akkerman, amén de un talento especial para mezclar con destreza elementos del rock y de la música académica.

In and out of Focus (1970)

Moving Waves (1971)

Focus III (1972)

Live at The Rainbow (1973)

Hamburger Concerto (1974)

4 focus

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Genesis (Inglaterra, 1967): Peter Gabriel, voz, flauta; Mike Rutherford, bajo, guitarra, voz; Tony Banks, teclados, voz, guitarra; Steve Hackett, guitarra; Phil Collins, batería, voz

Genesis mostró una línea consistente de calidad e innovación mientras Peter Gabriel se mantuvo en la banda, produciendo hermosísimas obras maestras. Con la salida de Gabriel, Collins asume el liderazgo vocal y Genesis se orienta definitivamente hacia el campo comercial.

Trespass (1970)

Nursery Cryme (1971)

Foxtrot (1972)

Live (1973)

Selling England by the Pound (1973)

The Lamb Lies Down on Broadway (1974)

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Gente Giant (Inglaterra, 1969): Phil Shulman, saxo, trompeta, voz; Derek Shulman, voz, bajo, guitarra; Ray Shulman, bajo, violín, guitarra; Gary Green, guitarra; Kerry Minnear, teclados, bajo, voz; Martin Smith, batería

Gentle Giant, con su incomparable musicalidad, pudo ir mucho más allá de donde ninguna banda había llegado antes, incorporando toda suerte de elementos tomados de la música de vanguardia, de la música de cámara, la música medieval, del jazz y del folk, gracias a la capacidad multi-instrumental de sus integrantes, lo cual les permitía imprimirle un gran dinamismo a su música.

Gente Giant (1970)

Acquiring the Taste (1971)

Three Friends (1972)

Free Hand (1972),

In a Glass House (1973)

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King Crimson (Inglaterra, 1969): Robert Fripp, guitarra, teclados; Greg Lake, bajo, voz; Mike Giles, batería; Ian McDonald, teclados, vientos

Banda de múltiples encarnaciones y de un gran poder influyente, irrumpió en la escena musical con su soberbio y legendario álbum In the Court of the Crimson King, una de las piedras angulares del rock progresivo mundial y considerado por muchos como el primer álbum del género. King Crimson ha sido una de las bandas más camaleónicas de la historia del rock, viendo pasar por sus filas infinidad de músicos, siempre liderados por Fripp, único miembro sobreviviente de la formación original.

In the Court of the Crimson King (1969)

In the Wake of Poseidon (1970)

Lizard (1970)

Islands (1971)

Larks’ Tongues in Aspic (1973)

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Premiata Forneria Marconi (Italia, 1970): Franco Mussida, guitarra, voz; Flavio Premoli, teclados; Mauro Pagani, violín, flauta, voz; Franz Di Cioccio, batería; Giorgio Piazza, bajo. Más tarde, Piazza será sustituido por Patrick Djivas, bajo

Pionero de los grupos de rock progresivo italiano, PFM desarrolló un estilo auténtico sin perder los vínculos con los valores propios del rock progresivo. Su música y su sonido, son siempre de una gran riqueza melódica y de un preciosismo instrumental.

Storia di un minuto (1972)

Per un amico (1972)

L’isola di niente (1974)

Live in USA (1974)

Chocolate Kings (1975)

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Rick Wakeman (Inglaterra)

Rick Wakeman, integrante de Yes en algunos trechos importantes de la banda, es uno de los más conocidos músicos del rock progresivo y uno de los pioneros en el uso de los teclados electrónicos en el universo rockero.

The Six Wives of Henry VIII (1973)

Journey to the Centre of The Earth (1974)

The Myths and Legends of King Arthur and the Knights of the Round Table (1975)

No Earthly Connection (1976)

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Yes (Inglaterra, 1968): Jon Anderson, voz; Chris Squire, bajo, voz; Peter Banks, guitarra, voz; Tony Kaye, teclados; Bill Brudford, batería. Más tarde Banks y Kaye serían sustituidos por Steve Howe, guitarra, y por Rick Wakeman, teclados

Desde comienzos de los años setenta, Yes ha sido uno de las bandas más influyentes de la escena progresiva sobre todo por el uso de los sintetizadores y de los efectos sonoros. La aguda visión artística de sus integrantes los llevó a producir verdaderas obras maestros del rock.

Yes (1969)

Time and a Word (1970)

The Yes Album (1970)

Fragile (1972)

Close to the Edge (1972)

Tales from Topographic Oceans (1973)

Yessongs [Live] (1973/78)

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Bitácora incompleta del rock progresivo para principiantes (I)

[Este artículo apareció en la revista Debates IESA, Volumen XVIII, Número 1, enero-marzo de 2013, en una versión editada.]

 

Para mi hijo Simón Odoardo

 

Historia de un minuto

Música siempre sobria, música no bailable, música no política, ni siquiera de rebelión ni de transgresión, el rock progresivo fue más bien un período de transición entre dos grandes momentos históricos para la música popular: el impacto político del 68 y el impacto social que produjo el Punk. Su época dorada finaliza a mediados de los setenta, y el comienzo de su decadencia coincide con el ascenso del Punk, del Disco y el resurgimiento de los tres famosos acordes básicos del Rock & Roll.

 

En la corte del rey Carmesí

[Donde se da debida cuenta de los orígenes]

Uno de los períodos más ricos y fructíferos de la música popular y del género del rock en particular, ocurrió entre finales de la década de los sesenta y la primera mitad de los setenta, en virtud de la fragmentación que experimentó el género en diversos y variados estilos, principalmente, hard rock, heavy metal, jazz rock, rock latino y rock progresivo. Tres factores importantes, entre otros, influyeron en la búsqueda de nuevos horizontes. El primero de ellos fue la aparición de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de los Beatles, un álbum que llevaría a muchos grupos a revisar su estética musical y desempeñaría un papel determinante en el inicio del declive del pop, en 1968. El segundo, el arribo de nuevas tecnologías como la aparición del mellotrón y del sintetizador (o Moog), desplazando a la guitarra eléctrica como el instrumento insignia del rock y multiplicando las posibilidades sonoras, ya que podían reproducir cualquier sonido y además podían ser programados para sonar como varios instrumentos.  Finalmente, la aparición de los llamados álbumes conceptuales, como el ya mencionado Sgt. Pepper’s y Pet Sounds de los Beach Boys, que también influirían poderosamente en la evolución sonora y en la longitud de las canciones contenidas en un álbum.

El rock progresivo ha sido relegado, con mucha frecuencia,  a unos muy breves párrafos en la mayoría de las historias acercas del rock, y considerado como un síntoma de los excesos de los sesenta en lugar de un género que merece un examen más profundo. Algunos estudiosos lo definen como una “música clásica alternativa” o avant-garde popular. Hablar de rock progresivo como género no es tan fácil debido a la complejidad y diversidad de estilos que componen tan vasto territorio. Su eclecticismo lo hace mucho más difícil de etiquetar, a diferencia de otros estilos de constitución más homogénea, como el reggae o el country-rock.

En general, se dio en llamar rock progresivo a una simbiosis entre formas clásicas, poesías fuera de lo común y el lenguaje sónico propio del rock, de donde surgió toda una pléyade de bandas dedicadas a expandir los límites tanto melódicos y armónicos, como rítmicos y tímbricos del género, incorporando con frecuencia elementos de la música académica, del jazz, del folk y otros estilos musicales. De allí que también se le denominara art-rock, rock sinfónico o rock clásico. Personalmente, pienso que es una percepción incorrecta cierta definición que pretende que el rock progresivo sea el intento de mezclar música clásica con rock, lo cual no termina siendo ni lo uno ni lo otro, como tampoco se puede catalogar como rock progresivo el contraste, en una grabación o en vivo, de una banda de rock con una orquesta sinfónica. Es mucho más que esa simple receta.

El rock progresivo fue un fenómeno musical esencialmente europeo, consecuencia de un proceso de expansión del llamado rock psicodélico de finales de los años sesenta, y la búsqueda de nuevos horizontes sonoros más allá de la secuencia armónica tónica-dominante-subdominante, la estructura basada en estrofa y estribillo, y la longitud de tres minutos propia de los discos de 45rpm. Sus elementos fundamentales son tres: (1) la suite, una pieza de extensa longitud con varios movimientos unidos entre sí; (2) el uso de los teclados en detrimento de la guitarra y la convivencia, en el mismo escenario, de instrumentos acústicos y eléctricos; y (3) textos de difícil digestión y comprensión, muchas veces de inspiración literaria, a veces de reflexión filosófica o en alusión a mundos fantásticos.

En cuanto a sus aspectos formales, la suite fue el primer elemento estilístico de importancia innovadora, la revolución que rompió con los sacrosantos límites del 45rpm y llevó a la composición de piezas cuya longitud podía ocupar la cara de un LP e incluso, ambas. Excepcionalmente, el discurso podía abarcar hasta cuatro caras, como es el caso de Tales from Topographic Oceans (1973), de la banda británica Yes.

En lo relativo al aspecto instrumental, el rock progresivo dispuso de toda una gama de teclados directamente evolucionados del legendario órgano Hammond, principalmente el mellotrón, y más tarde el sintetizador. Uno de sus rasgos más importantes fue el espacio concedido a la improvisación y al virtuosismo, aspectos más cercanos al jazz, que demandaban una mayor formación de los ejecutantes a nivel instrumental. Dos de sus mejores exponentes fueron Keith Emerson y Rick Wakeman, tecladistas que hicieron gala de sus dotes como integrantes de Emerson, Lake and Palmer y Yes, respectivamente, al igual que en sus trabajos como solistas. También se incorporó al arsenal cualquier instrumento que cada ejecutante pudiera tocar. Gentle Giant, otra banda británica, podía acumular en escena más de veinte instrumentos diferentes.

En cuanto al texto, éste podía abordar temas históricos, evangélicos, metafísicos, filosóficos o mitológicos, siempre alejándose de la hasta entonces recurrente temática del rock. Dos de sus principales bardos fueron los ingleses Peter Sindfield, quien escribiría la mayoría de los textos de los primeros trabajos de King Crimson y Peter Hammill, líder de Van der Graaf Generator. En muchos casos, un texto funcionaba como denominador común a todos los temas del álbum, razón por la cual muchos de estos discos fueron llamados «álbumes conceptuales». Dos importantes muestras de álbumes conceptuales, sin que por ello deban considerarse ejemplos de rock progresivo, las podemos hallar en Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de los Beatles, Days of Future Passed, de Moody Blues, ambos de 1967, en los cuales un discurso literario corre como hilo conductor a través de todas las canciones. Otro álbum conceptual importante, y cuyo texto ocupa toda la extensión de ambas caras, es Thick as a Brick (1972), de Jethro Tull.

 

De Génesis a Revelaciones

[Donde se narra cómo empezó a forjarse y a expandirse todo]

Algunos expertos citan Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band como «punto de partida» del rock progresivo, si bien ya en álbumes anteriores, como Rubber Soul (1965) y Revolver (1966) los Beatles habían comenzado a incorporar elementos de música oriental e instrumentos poco comunes en el rock. Además, mucha música académica inspiró a su vez a otros compositores. Bajo el influjo de Maurice Ravel, Jeff Beck grabó su sencillo «Beck’s Bolero» (1967), y ese mismo año, Procol Harum grabó el sencillo «A Whiter Shade of Pale» influido notablemente por el segundo movimiento de la Suite Orquestal No. 3 en Re mayor de Johann Sebastian Bach; Moody Blues lanzó Days of Future Passed, el cual conjugó la estructura de canciones con la música orquestal y la instrumentación propia del rock; y la canción «Interstellar Overdrive» del primer álbum de Pink Floyd, The Piper at the Gates of Dawn (1967), hace gala de casi diez minutos de improvisación instrumental.

A finales de la década de los sesenta, numerosas bandas de rock comenzaron a experimentar con improvisaciones y composiciones más largas y a incorporar instrumentos convencionales de la orquesta sinfónica y de la música oriental. Algunas de estas bandas, como Soft Machine, comenzaron a hacer experimentos mezclando rock y jazz. Deep Purple y Nice, grabaron álbumes con orquestas sinfónicas: Concerto for Group and Orchestra y Five Bridges, respectivamente. Atom Heart Mother (1970) de Pink Floyd, también es una buena muestra de la mezcla de una banda de rock con orquesta y coros.

Gran parte de las primeras bandas del género provenían del Reino Unido y se conformaron a finales de los años sesenta: Genesis (1967), Nice (1967), Van der Graaf Generator (1967), Yes (1968), Caravan (1968), King Crimson (1969) y Gentle Giant (1969). Pero el género también fue creciendo y ganando popularidad en la Europa continental. En Alemania tuvo importantes representantes: Triumvirat, Tangerine Dream, Faust, Can y Neu. En Italia se formó también un importante grupo de bandas lideradas por Premiata Forneria Marconi, Banco del mutuo soccorso y Le Orme. Otras bandas italianas sobresalientes fueron New Trolls y Area. El escenario del rock holandés también tuvo destacadas bandas, siendo las más importantes Focus, Ekseption y Trace. Focus se daba el lujo de contar en su línea frontal con dos de los más grandes virtuosos del rock europeo: Thijs Van Leer, en la flauta y los teclados, y Jan Akkerman a la guitarra. En Francia se formaron Ange, Gong y Magma, entre otros; y Aphrodite’s Child, en Grecia, liderada por Vangelis.  Los países escandinavos también brindaron importantes aportes: Popol Vuh (Noruega), Kaipa (Suecia) y Wigwam (Finlandia). En Estados Unidos, para esa época, ya existían varias bandas de rock progresivo, siendo la más exitosa de ellas, Kansas (1971), que luego se convertiría en una de las de mayor éxito comercial, al igual que Electric Light Orchestra (1970), la cual cultivaba un ‘sonido Beatle’ con rostro progresivo. Otra banda importante de América del Norte es Rush, de Canadá.

Con el advenimiento del rock progresivo también cambiaría el concepto gráfico de las carátulas de los discos, pasando de la típica foto de la banda a la intencionalidad de sintonizar la imagen con el contenido musical.  En el pasado, pocas bandas, los Beatles y los Rolling Stones entre ellas, habían mostrado alguna preocupación por el nivel artístico de las carátulas de los discos. Entre los mejores ilustradores de carátulas podemos mencionar a Roger Dean, quien prácticamente se convertiría en una especie de miembro externo de Yes, llegando incluso a diseñar escenografías para los conciertos de la banda.

The Singers Unlimited

Serendipia

Una serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta. También puede referirse a la habilidad de un sujeto para reconocer que ha hecho un descubrimiento importante aunque no tenga relación con lo que busca. En términos más generales se puede denominar así también a la casualidad, coincidencia o accidente. [Tomado de Wikipedia]

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Len Dresslar, Don Shelton, Bonnie Herman y Gene Puerling

Aún recuerdo una muy lejana noche de 1976 sentado en el porche de nuestra casa en Guarenas, a mis diecinueve años, practicante entre muchas otras cosas de ciclismo, fútbol y música. No habían pasado muchos días en que me había vuelto un asiduo radioescucha de un programa llamado “La Lechosa Biónica”, mezcla ecléctica de variados estilos cuyo anfitrión bien sabía administrar a lo largo de su espacio radial. Supongo que el nombre pudo haber sido inspirado por una serie de televisión de la época de nombre “La mujer biónica”. Pues bien, una calurosa noche de aquellas, el locutor, a quien pido disculpas por no recordar ni su nombre ni la emisora que emitía el programa, luego de haber “pinchado” algunos discos de salsa, rock, jazz y otras yerbas de su exquisita ensalada musical, de pronto suelta lo siguiente: “Seguidamente, vamos a escuchar You are the sunshine of my life con The Singers Unlimited”. En ese momento me pregunté “¿Y quiénes demonios son The Singers Unlimited?” Hasta ese momento sólo había escuchado algunas canciones muy comerciales de un grupo con un nombre muy parecido a ese, Love Unlimited. Luego de escuchar aquello me quedé paralizado durante algunos segundos que me parecieron interminables preguntándome cómo era posible que alguien pudiera “voltear” una canción de la manera en que yo acababa de escucharla. Pasaron algunos días y noches más y de nuevo estaba yo en el porche de nuestra casa en otra calurosa velada con La Lechosa Biónica. Y de pronto mi anfitrión radial suelta lo siguiente: “Seguidamente, vamos a escuchar Silent night con The Singers Unlimited”, y yo me dije “¡Ja! Vamos a ver qué hace ahora el genio de la botella con Noche de paz”. Y esta vez no fueron segundos sino una parálisis total luego de los tres minutos y treinta y tres segundos que duró aquello, produciendo una fisura, una fractura y una ruptura definitiva en mi hambriento e imberbe esquema musical.  No podía creerlo. El mismo grupo con el que noches atrás había sufrido la total devastación de mis esquemas volvía por sus fueros a terminar de barrer lo poco que hubiera quedado de la primera experiencia. Y yo me preguntaba: “¿Y de dónde salió este conjunto, quienes son The Singers Unlimited, qué mente ‘perversa y retorcida’ está detrás de la concepción de esos arreglos?” Para el incipiente arreglista y compositor que yo era, intentando siempre descubrir nuevos territorios y tratando de orientarme a través de ellos con mi propia brújula, aquello fue como pararse frente al “Portal Místico”, citando una frase de Toy Story.  Era como entrar a un mundo completamente nuevo de posibilidades armónicas inauditas hasta entonces en el universo de la música vocal.

A la mañana siguiente salí a hacer una exhaustiva exploración de la topografía de discotiendas caraqueñas. Al final de la tarde nadie, en ninguna tienda de discos, había sabido decirme ni darme la más mínima pista de quiénes eran The Singers Unlimited. Y yo me decía: “¡No puede ser que en este país no haya una sola persona que no sepa nada acerca de The Singers Unlimited excepto mi anfitrión de La Lechosa Biónica!” Estando en el área de Chacaíto y casi al borde de la derrota recordé una tienda que quedaba en el Centro Comercial Único, frente a la actual plaza Brión. Su nombre era La Media Nota (Inolvidable el afiche de un niño con un plato de spaghetti en la cabeza que había en la puerta de la tienda). Luego de las preguntas de rigor, el chico que trabajaba para la tienda me dice: “Lo que tenemos son unos discos de Love Unlimited”, y yo le digo: “¡No, vale, The Singers Unlimted! Tienen una versión de You are the sunshine of my life y otra de Silent night”. Y el chico me dice: “Lo siento, pero no tenemos nada de ese grupo”. Ahora sí, totalmente derrotado, me apresto a salir de la tienda luego de un día hurgando aquí y allá buscando mi nuevo Grial, cuando de pronto el muchacho de la tienda me dice: “¡Espérate un momentico!” y comienza a buscar con dedos ágiles en la sección de jazz de la tienda, rescatando del fondo del océano dos álbumes de The Singers Unlimited, Feeling Free y A Cappella II, los cuales se convertirían en las piedras fundacionales no sólo de mi colección de The Singers Unlimited sino de todos los conjuntos vocales que tengo en mi discoteca. De ahí en adelante, comenzó una cacería que sólo finalizó en 1982 cuando salió al mercado su último álbum, el número quince, Easy To Love.

Luego de todo este cuento, algunos sabrán de qué he estado hablando, y otros, no. Para aquellos que no, debo decirles que The Singers Unlimited ha sido uno de los conjuntos vocales más influyentes de los últimos cuarenta años. Y lo seguirá siendo por los próximos cuarenta, sin temor a equivocarme. Producto de la mente de Gene Puerling (Eugene Thomas Puerling, 31 de marzo de 1929/25 de marzo de 2008), uno de los músicos autodidactas más influyentes en el mundo de la música vocal de conjunto por sus exquisitos, endiablados y sorprendentes arreglos, The Singers Unlimited estuvo conformado desde el comienzo por Bonnie Herman, Don Shelton, el propio Puerling y Len Dresslar. Herederos del legado de The Hi-Lo’s (de ellos hablaremos en otra entrega) y veteranos curtidos en el área de la música publicitaria, The Singers Unlimited fue creado en 1967 como un grupo sólo para hacer jingles comerciales. En 1971, Oscar Peterson se quedó tan atónito al escucharlos en un demo de The fool on the hill, que de inmediato los propuso a Hans Georg Brunner-Schwer, propietario y productor de MPS Records, en Alemania, para grabarlos en su sello discográfico. Brunner-Schwer se enamoró de ellos ‘al primer sonido’ y se convertiría en el hechicero que plasmaría adecuadamente el pensamiento sonoro de Gene Puerling aprovechando las bondades de la para entonces novedosa tecnología multicanal.

Hans Georg Brunner-Schwer

Hans Georg Brunner-Schwer

Una o dos veces al año, volarían al cuartel general de MPS Records, en el antiguo pueblo de Villingen, en la Selva Negra. Entre álbumes, Puerling pasaba la mayor parte del tiempo haciendo los arreglos. “Me tomaba al menos un mes escribir cada arreglo porque no soy un músico consumado. No toco piano”. El debía tener todas las partes vocales en el lugar correcto antes de las sesiones de grabación, dado que el alquiler permitía sólo una semana en el estudio. Gene enviaba los arreglos a sus compañeros con un mes de antelación a fin de que los estudiaran y se familiarizaran con las densas estructuras armónicas, pero el nivel de lectura que poseían era tan rápido que prácticamente no revisaban el material hasta tanto el grupo no estuviera reunido en Alemania. Durante la mañana del domingo previo al primer día de grabación, se reunían en un parque cercano al hotel y le daban una mirada a los arreglos. Éstos eran tan densos que requerían de voces diáfanas, sin vibrato o cualquier otro elemento que pudiera enturbiar el sonido. Pero una vez que la grabación daba comienzo, dice Puerling, “no teníamos problemas en absoluto. Pasábamos largos días, algunas veces desde las 7.30 de la mañana hasta las 8 o 9 de la noche”. Los cuatro se metían en la cabina a grabar, simultáneamente, cuatro partes vocales, luego otras cuatro, y así sucesivamente, según la complejidad y característica del arreglo que estuviesen registrando. Cada uno de sus álbumes lo hicieron en cinco días, a razón de dos temas diarios. Hoy en día a cualquier grupo le toma semanas o meses registrar diez temas.

Puerling

Gene Puerling

Con este procedimiento produjeron quince hermosas joyas vocales entre 1971 y 1980, de las cuales me permito recomendarles, sin reserva alguna, A Capella, Christmas, A Capella II y A Capella III, cuatro piedras miliares en la historia y evolución de la música vocal de conjunto. La primera de estas joyas, A Capella, obtendría uno de los más estimados premios de la industria discográfica alemana, el Deutscher Schallplattenpreis. El fallo del jurado: “Aún tomando en cuenta las posibilidades presentadas por las sofisticadas técnicas de grabación, los efectos logrados aquí por tres hombres y una mujer bordean lo imposible. La música, diseñada principalmente para el entretenimiento, se convierte en arte puro”. Escuchar una canción conocida versionada por ellos es como viajar al final del arco iris y poder regresar con una parte del tesoro que allí se encuentra escondido.

Dada la imposibilidad de cantar en vivo, The Singers Unlimited jamás se presentó ante audiencia alguna. Era un grupo sólo para escuchar. ¡Y vaya lo que el solo hecho de escuchar puede deparar! Como compositor y arreglista puedo decir que escuchando sus discos incontables veces tuve, en Gene Puerling, a uno de mis mejores maestros. Es increíble, cómo aún hoy día, sigo descubriendo detalles en cada uno de sus discos. Su legado constituye una parte vital e importante en mi formación y educación musical y estoy seguro que en la de muchos otros. Cada uno de sus discos se ha convertido en objeto de culto para los amantes de la buena música vocal. La siempre correcta conducción de las voces, el trabajo de armonización y de rearmonización, la capacidad de poder sorprenderte en cada esquina y rincón de la música, el buen gusto a toda prueba, aparte del trabajo vocal propiamente dicho, constituyen por sí solos una de las mejores escuelas que pueda tener cualquier persona involucrada con la música vocal de conjunto. Sé que todos aquellos que descubrieron The Singers Unlimited, cada uno en su momento y a su manera, compartirá mis apreciaciones sobre la calidad y la importancia de esta agrupación en la historia de los conjuntos vocales a nivel mundial, así como la influencia que ha ejercido, ejerce y seguirá ejerciendo sobre el trabajo de directores, arreglistas y cantantes de todo el mundo. Como prueba de ello podemos poner sólo un ejemplo, Take 6. Muy probablemente, The Singers Unlimited jamás tuvo la popularidad que ahora tienen tantos grupos vocales y quizá pueda deberse a la complejidad de su legado. Pero lo que sí es cierto es que muchos de estos conjuntos no habrían existido de no haber sido gracias a The Singers Unlimited. O a Gene Puerling.

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Definitivamente, ya no quedan empleados como aquel, con tal memoria fotográfica, porque al buen buscador de discos es difícil que se le olvide una carátula que haya visto antes, así no le interese el disco en cuestión. Para una persona como yo, que ha estado involucrada con el mundo vocal desde hace muchísimos años, descubrir The Singers Unlimited iba a ocurrir tarde o temprano. Para mi fortuna ocurrió más temprano que tarde. Y todo gracias a que una calurosa noche de 1976 me senté a escuchar La Lechosa Biónica, sin poder ahora recordar el nombre de su anfitrión, a quien debo agradecerle por siempre haber colocado esos discos, esas dos noches. Y al destino, por haberme puesto a esa hora a escuchar la radio en el porche de nuestra casa en Guarenas.

Discografía completa:

In Tune – with Oscar Peterson Trio [1971]

A Capella [1971]

Christmas [1972]

Four of Us [1973]

Invitation – with Art van Damme Quintet [1974]

Feeling Free [1975]

A Capella II [1975]

A Special Blend [1976]

Sentimental Journey [1976]

Friends [1977]

Just In Time [1977]

With Rob McConnell &The Boss Brass [1979]

Eventide [1979]

A Capella III [1980]

Easy To Love [1982]

Actualmente es muy difícil adquirir todos los álbumes, en disco compacto, de forma individual. Algunos se pueden conseguir a buen precio; otros, a un costo exorbitante. Ahora bien, no todo está perdido. En 1997 MPS Records lanzó al mercado Magic Voices, una caja con todos sus álbumes [a excepción de Christmas] compilados en siete discos compactos. Adicionalmente, en 2006 publicó The Complete A Capella Sessions, un álbum doble que contiene los tres títulos A Capella.

Segovia es una ciudad terriblemente hermosa

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Segovia es una ciudad terriblemente hermosa que te invade con su color terracota desde la lejanía. Sus hermosas calles empedradas y los monumentos históricos que te asaltan en cada esquina conforman un paisaje propicio para el estudio y la reflexión. Su legendario acueducto, cuya edad se pierde en el tiempo, te da la bienvenida desde lo lejos con su imponente estructura. Y en esta ciudad he tenido el honor de formar parte del cuerpo de profesores que asistió desde diversas partes de la geografía peninsular para dictar clases en el XV Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral que organiza la Coral Ágora, de esta ciudad, patrocinado por la Fundación Don Juan de Borbón, todos bajo la dirección general de María Luisa Martín Antón. De igual modo, es altamente satisfactoria la convocatoria que produce este seminario, quinceañero por demás, en virtud de la cantidad de asistentes que concurren desde muchos rincones de España y de algunos otros lugares. Johan Duick, Albert Alcaraz y este servidor, conformamos el profesorado de Dirección Coral; Basilio Astúlez, David Azurza y Esther Bonal, Dirección de Coros Infantiles; Margarida Lladó y Sara Matarranz, junto a  Basilio, David y Esther, impartieron Técnica Vocal y Canto Solista. También concurrió Francisco Hernández como pianista acompañante. El entusiasmo y la camaradería que se respiraban desde la primera hora de la mañana hasta la última de la tarde fueron contagiosas e hicieron presagiar buenos resultados al final del curso. En un calendario que discurrió del 23 al 30 de agosto, y en un horario que iba desde las diez de la mañana hasta las ocho y media de la noche, se impartieron las clases en los distintos salones del Conservatorio Profesional de Música de Segovia, institución que alberga el desarrollo del Curso. Me tocó la responsabilidad de impartir clases a los Niveles I y III de Técnica de Dirección Coral con un nutrido grupo de alumnos ávidos de aprender y mejorar sus habilidades como directores corales. También tuve la tarea de compartir y montar el programa de Canto Coral Común con Albert Alcaraz y Johan Duick. Esta actividad culminaba las actividades diarias al final de la tarde, a la cual asistían todos los participantes de los diferentes cursos.

Alumnos del Nivel III de Dirección Coral
arriba de izq. a der.: David Molina Font, Divina Melé Gabandé, Sonia Fernández Delgado, Elena Fernández Delgado, Aitor Olivares García, Elena Ruiz Ortega, David Gracia Gil, Gabriel de Frutos Martínez.
abajo de izq. a der.: César Alejandro Carrillo, Pablo Román Alonso, David de la Gala, Francisco Ruiz Montes, Urko Sangroniz Mancebo, David González

La noche del 30 de agosto, en la iglesia San Juan de Los Caballeros, recinto medieval de inconmensurable belleza arquitectónica y de envidiable acústica, se dio clausura al Curso con un emotivo e inolvidable concierto, donde se pudo dar muestra de toda la actividad realizada durante la semana: Canto solista, Taller Masculino, Taller Femenino, Dirección Nivel II, Dirección Nivel III, Canto Coral Escolanía y, finalmente, Canto Coral Común. Tres alumnos del Nivel III dirigieron las siguientes obras: Aitor Olivares García, Agnus Dei [Missa a 4v] de William Byrd; Francisco Ruiz Montes, El pescador de anclas, de Modesta Bor; y Gabriel de Frutos Martínez, Encuentro, de un servidor. Con un coro de aproximadamente ciento veinte voces para el Canto Coral Común, Albert Alcaraz condujo Agnus Dei: Phoenix, de Ola Gjeilo. Yo dirigí Has crecido en la tarde como la lluvia, de mi autoría, y Entre el espanto y la ternura, de Beatriz Corona, y Johan Duick dirigió Ave Maria, para doble coro, del genio abulense Tomás Luis de Victoria, de quien se conmemoran cuatrocientos años de su desaparición. [vídeos más abajo]

El Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral de Segovia es un espacio referencial y un punto de encuentro de vital importancia para el mundo coral ibérico. Un espacio para el diálogo y el intercambio de experiencias y de conocimientos; para compartir  y conocer nuevas realidades y para fomentar y cimentar relaciones nutritivas y enriquecedoras. La Niña Bonita, como bien diría María Luisa Martín Antón en la presentación del Curso, celebrando que éste cumplía ya quince años. De Segovia no sólo me llevo la satisfacción y la fructífera experiencia de haber participado como docente de este importante evento sino también un sinfín de nuevos, inolvidables y entrañables amigos.

¡Larga y saludable vida al Curso de Canto Coral, Técnica Vocal y Dirección Coral de Segovia!

Aitor Olivares García, del Nivel III, dirige Agnus Dei [Missa a 4v] de William Byrd

Francisco Ruiz Montes, del Nivel III, dirige El pescador de anclas, de Modesta Bor

Gabriel de Frutos Martínez, del Nivel III, dirige Encuentro, de César Alejandro Carrillo

Canto común: Albert Alcaraz dirige Agnus Dei: Phoenix, de Ola Gjeilo

Canto común: César Alejandro Carrillo dirige Has crecido en la tarde como la lluvia, de su autoría

Canto común: César Alejandro Carrillo dirige Entre el espanto y la ternura, de Beatriz Corona

Canto común: Johan Duick dirige Ave Maria [doble coro], de Tomás Luis de Victoria

[Para ver otros vídeos del concierto visita julianpds en YouTube]

Gloria [Missa sine nomine] | Entrevoces

Comparto esta versión del Gloria de la Missa sine nomine interpretada por Entrevoces, bajo la dirección de la maestra Digna Guerra. Terminé de componer esta obra en el año 1999.

Esta interpretación ocurrió en la participación de este magnífico coro cubano, en el 12th International Chamber Choir Competition Marktoberdorf, en Alemania.

Gloria [1999], César Alejandro Carrillo

Felicidades de nuevo a mis amigos de Entrevoces por el Primer Premio recibido en esta dura competencia, en junio de este año.

Disponible/Available Earthsongs | JW Pepper | Sheet Music Plus

Missa sine nomine completa disponible a través de Earthsongs

Tributo al compositor venezolano Inocente Carreño

En la lluviosa mañana del pasado domingo 3 de julio, el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela sirvió de escenario para que nuestro admirado y querido Inocente Carreño recibiera el cálido tributo que tuvimos el honor de prodigarle el Orfeón Universitario y nuestra rectora, la Dra. Cecilia García Arocha. Para todos nosotros fue una oportunidad más de vivir y compartir la extraordinaria experiencia de estar allí con una de las más importantes figuras del quehacer musical venezolano del siglo XX y lo que va del XXI; heredero de los más altos valores forjados en la cátedra de composición del maestro Vicente Emilio Sojo y último sobreviviente activo de varias generaciones de compositores egresados de la añeja Escuela de Música «José Ángel Lamas», nuestro más sagrado templo musical. Ese domingo, el Orfeón Universitario le regaló al maestro un ramillete de canciones corales y madrigales venezolanos que lo han acompañado a lo largo de su vida: obras de Vicente Emilio Sojo, Juan Bautista Plaza, Antonio Lauro, Antonio Estévez, Modesta Bor y Eduardo Plaza; así como también obras de su propia autoría, entre las cuales tuvimos el honor de estrenar dos: La fuente abandonada y El agua, con poesía de Fernando Paz Castillo y Manuel Felipe Rugeles, dos de nuestros más insignes poetas.

Luego llegaría el momento más emotivo: el maestro Carreño, con su paso parsimonioso pero seguro, subió al escenario del Aula Magna para honrarnos al dirigir cuatro obras del programa: Cántico, de su maestro Vicente Emilio Sojo; Allá va un encobijado, de su ya desaparecido amigo Antonio Lauro; y sus insoslayables Pregúntale a ese mar y Gota de breve rocío. Fue un momento realmente emocionante poder mirar desde el escenario a todo un público que, de pie, le prodigaba un prolongado aplauso al maestro Carreño. Entre amantes del madrigal venezolano y admiradores del maestro, que a pesar del improvisado lunes feriado acudieron a la cita, discurrió una hermosa y emotiva velada musical que concluyó con el escenario repleto de orfeonistas de todas las épocas para interpretar nuestro vibrante Himno Universitario.

Esta feliz reunión entre Carreño y las voces del Orfeón Universitario fue la excusa perfecta para evocar parte del invalorable tesoro musical que nos legaran aquellos insignes compositores, protagonistas importantes de una de las mejores horas de nuestra historia musical. Y también fue un entrañable encuentro con la historia, ya que el maestro Inocente Carreño está vinculado al Orfeón Universitario desde el momento de su fundación en 1943, en los solariegos espacios de la antigua sede de la Universidad Central de Venezuela, hoy Palacio de las Academias. Antonio Estévez, nuestro director fundador, recibiría en aquellos ya lejanos primeros ensayos la ayuda de dos de sus mejores colegas, Antonio Lauro e Inocente Carreño.

Han pasado ya sesenta y ocho años desde aquel entonces. El maestro tenía veintitrés años; hoy tiene noventa y uno. Todo un cúmulo de experiencias, anécdotas y vivencias que reparte a manos llenas con humildad, sabiduría y picardía. Con su profusa cabellera blanca y su parsimonioso andar, Inocente Carreño encarna ya una leyenda. Como tal, es y será un digno ejemplo a seguir, pocas veces emulado en nuestra historia musical pasada y reciente.

Fotografías: Diana Herrera Pinto

La vida con Modesta (y III)

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Con Modesta aprendías o te ibas. Para ella el arte de la composición no admitía medias tintas. Siempre citaba a su gran maestro Vicente Emilio Sojo: «Por sus bajos los reconoceréis», con lo cual el maestro quería significar que los grandes compositores escribían buenas líneas para el bajo. Sojo estaba omnipresente en nuestras vidas, porque incluso en la sala de espera de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, donde Modesta trabajaba como Jefe del Departamento de Música, había un enorme retrato del gran maestro. A veces Modesta nos mostraba sus cuadernos de apuntes de composición, donde atesoraba con celo, pero con desprendimiento, los conocimientos recibidos de la mano experta del maestro. Estas enseñanzas eran el fundamento y la base de lo que Modesta nos regalaba en cada clase, lo que me hacía sentir que estábamos en una especie de cadena histórica de la que heredábamos los más secretos tesoros del arte de escribir música y a la cual teníamos la fortuna y el honor de pertenecer y, al mismo tiempo, el deber de continuar esa tradición. Pero a la vez también sentíamos que éramos herederos de nuestro presente y de nuestro tiempo y, por lo tanto, era inevitable que incorporáramos todo lo que oíamos a nuestro alrededor: jazz, salsa, rock y cualquier otra cosa de la que estuviésemos infectados. Nuestras tareas académicas se impregnaban de las influencias externas a la clase y a la vez nuestros arreglos de música popular eran presa de todos los recursos académicos que aprendíamos de Modesta. Es bueno acotar en este momento, que formalmente estábamos en una clase de composición, pero en su desarrollo recibíamos toda clase de enseñanzas y valores: disciplina y responsabilidad, ética, solidaridad y humildad, amor por la poesía y sobre todo por nuestra música, entre muchas otras cosas.

En cuanto a la disciplina y la responsabilidad, hay que decir que Modesta llevaba una bitácora de la clase, lo que ella llamaba el «Libro Negro». Allí anotaba, con lujo de detalles, la evolución del alumno: Fulano trajo dos contrapuntos de cuarta especie; Mengano, dos trocados de fuga; Zutano y Perencejo, el primer movimiento de una suite; y así sucesivamente. También agregaba sus comentarios sobre el trabajo, si le parecía bien, o no. Si uno no había cumplido con la tarea, era mejor no asistir a clases. Aprender con Modesta era un verdadero placer, pero ello conllevaba un gran deber. En cuanto a la ética, recuerdo una clase en la que un alumno más avanzado estaba presentando su trabajo. Modesta le preguntó por qué había resuelto un pasaje de tal manera, a lo que el alumno respondió que lo había hecho así porque le gustaba. Modesta argumentaba que uno no podía responder de esa manera, que uno debía tener razones convincentes para explicar sus procedimientos, sobre todo porque más adelante nosotros podíamos estar en la misma posición que ella, es decir, la posición de docente. De ahí en adelante se estableció una fuerte diatriba relacionada con la ética que debía tener un artista, un creador. Y a tal nivel llegó la discusión que para zanjar el asunto Modesta le pidió al alumno, muy indignada, que no volviera más a su clase. Para todos nosotros, que conteníamos la respiración ante aquella decisión, fue una lección muy dura, pero a la vez muy comprometida con los postulados estéticos que debía tener un artista. Una lección que siempre he tenido en cuenta al momento del proceso creativo, de allí que he sido muy autocrítico con mi obra. Ciertamente, los compositores trabajamos con una materia de contenido altamente subjetivo, pero también es cierto que toda nuestra carga de subjetividad en el proceso creativo debía ser tamizada por los procedimientos objetivos que aprendíamos en clase. Por ello siempre tengo presente un postulado del compositor cubano Leo Brouwer: Escribe primero; después corrige.

En cuanto a la solidaridad y la humildad, la mejor muestra nos la dio Modesta misma. Hubo un momento en nuestro tránsito por la Escuela José Lorenzo Llamozas, en que quizá por un descuido, por un error o, como suele ocurrir, por un mal entendido, tres de los alumnos fuimos expulsados de la escuela. Fue así como, de la noche a la mañana, Milton Ordóñez, Oscar Galián y yo, nos quedamos fuera de la escuela y de la clase de composición. Modesta, como madre celosa de sus hijos, resolvió el asunto renunciando a la cátedra de composición de la escuela y decidió continuar sus clases, sin recibir un centavo por ello, en uno de los salones de los sótanos del Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela. Nuestros otros compañeros, a pesar de estar solventes, decidieron también continuar con Modesta en la «nueva cátedra». En esos espacios estuvimos dos años aproximadamente, hasta que el maestro Felipe Izcaray asumió la dirección de la escuela y todos pudimos volver a nuestro antiguo salón de clases en la Llamozas. Tal muestra de solidaridad y desprendimiento de parte de Modesta y de nuestros compañeros es muy difícil de olvidar.

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Imágenes cortesía de Rómulo Nicolás Bor

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Modesta también era una persona muy desprendida y siempre tenía algo más para un alumno: un libro de poesías, un tratado de armonía o contrapunto, un libro de partituras. También abría generosamente las puertas de su casa para compartir, más allá de las paredes académicas, un rato de solaz y de compañerismo. Fueron muchas las Navidades parrandeando en casa de Modesta y sus hijas Lena, Liliana y Yamila, tocando y cantando todos los aguinaldos que nos sabíamos. Y si no los sabíamos los aprendíamos allí mismo con dos o tres pasadas. Ahí, en un ambiente de total camaradería, coincidíamos alumnos de todos los niveles de su clase de composición, refrendando lo que nos inculcaba en clase: el amor por el aguinaldo y las tradiciones navideñas venezolanas. Retomando el hilo y como decía más arriba, nuestra clase era muy diversa en la enseñanza y el aprendizaje. Eso sí, siempre existía un rigor en el orden de la clase, primero el deber y después el placer. Dentro de ese ambiente de responsabilidad existía siempre el momento para el chiste, la anécdota y la cosa graciosa. Porque hay que decir que Modesta siempre hacía gala de un gran sentido del humor. Así que entre rigor y disciplina siempre se generaba un momento de solaz y esparcimiento. Al final de la clase, luego de revisar todas las tareas asignadas, nos dedicábamos a la parte del placer: tomar café, fumar un cigarrillo y revisar los arreglos corales que cada uno llevaba con gran expectativa. Modesta nos inculcó, desde el principio, que teníamos una gran responsabilidad con la música venezolana y que por lo tanto era importante que hiciéramos arreglos de música popular y que, en lo posible, compusiéramos aguinaldos, nuestro tradicional género navideño. De esa época con Modesta nacieron Partamos a Belén y La llegada de los Reyes, mis dos primeros aguinaldos. La mayoría de nosotros, directores de coro, esperábamos ansiosos ese momento de ver y corregir los arreglos, puesto que de allí íbamos a montarlos en nuestros coros. Por el atril del piano del salón desfilaron aguinaldos, valses, merengues, gaitas, joropos y también otros géneros latinoamericanos, los cuales, valga la pena acotar, no eran tocados al piano, sino cantados a primera vista por los alumnos de la clase de composición, con letra, dinámica y todo. Modesta siempre cantaba la voz de contralto y todos los demás nos repartíamos el resto de las voces. Esa práctica nos dio un gran nivel de lectura a primera vista, lo que no tiene precio. Otro de los requerimientos que nos pedía Modesta era que tocáramos al piano nuestros trabajos académicos, lo que implicaba que tenías que aprender a tocar. Aún recuerdo con mucha admiración a dos personas que podían tocar a primera vista lo que le pusieran en el atril del piano. Una de ellas era la misma Modesta, la otra era mi también muy querido y recordado amigo Miguel Ástor.

Y debo detenerme aquí puesto que de continuar sería interminable. Con el tiempo, ella pidió su jubilación de la Universidad Central de Venezuela y, en procura de un ambiente más propicio para su delicada salud, se mudó a Mérida, lo que conllevó a la desaparición de su cátedra de composición en Caracas. Ensamble 9, en una de sus etapas más fructíferas, llegó a ensayar en el mismo salón donde recibíamos sus clases, lo que significó para mí una especie de continuidad física con ella. Por mi parte, yo también me alejé de Caracas y me mudé a Barinas para fundar el coro de la Universidad Nacional Experimental Ezequiel Zamora. Allí permanecí alrededor de cuatro años. Nuestro contacto siempre fue permanente pero a la vez se hizo más intermitente en virtud de la distancia. Luego de su mudanza a Mérida nos vimos en algunos eventos, siendo el más importante de ellos, el Primer Festival Nacional de Coros de Cámara “Homenaje a Modesta Bor”, que organizó Cantarte en 1996 para celebrar sus primeros cinco años de actividad. En ese festival estrenamos Oiga compae, un preludio y fuga compuesto a la usanza de lo que había aprendido y que está dedicado a ella. Era lo más justo que yo podía hacer: retribuir con honor todo lo que ella me había dado. Son tantas las experiencias vividas a nivel académico, profesional y sobre todo, humano, que no me daría abasto dándole gracias a la vida y a Modesta. A Modesta Bor.

 

 

Imágenes del archivo de la Fundación Modesta Bor. En la fuente no encontramos referencias del fotógrafo. La imagen de la derecha es la portada del disco «Genocidio» de Modesta Bor, editado en 1999 por la Fundación Vicente Emilio Sojo, con la Orquesta Filarmónica Nacional bajo la dirección de Pablo Castellanos.

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