Archive for the 'Música' Category



Nuevas publicaciones

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Con gran satisfacción tengo el gusto de compartir con ustedes tres nuevas publicaciones. La primera de ellas es la de mi Salve Regina, para coro mixto, editado por Earthsongs, editorial  afincada en Oregon y que ya ha publicado otras obras mías en el pasado. La segunda, una interesante versión para conjunto de trompetas de mi Ave Maria, escrito originalmente para voces femeninas y publicada por Balquhidder Music, al cuidado de Rob Roy McGregor, excelente trompetista, ya retirado, y quien fuera miembro de Los Angeles Philharmonic. La tercera de ellas, la segunda edición, corregida y ampliada, de Obra coral y arreglos corales de música popular venezolana de César Alejandro Carrillo, Volumen III de la Colección Música coral de autores latinoamericanos, publicado por la Fundación Vicente Emilio Sojo. Esta edición estuvo al cuidado de Roberto Ojeda Tovar, acucioso investigador y musicólogo entregado en cuerpo y alma al buen quehacer editorial de la Fundación Vicente Emilio Sojo desde hace ya unos cuantos años. Por último, les anexo el texto de presentación que escribí para dicha edición. Un gran saludo.

 

 

El libro que usted tiene en sus manos es el tercer volumen de la colección Música coral de autores latinoamericanos, cuyo primer y segundo volúmenes están dedicados a la producción de Rafael Suárez (1929-1971) y de Ángel Sauce (1911-1995), respectivamente. En la presente edición, se han revisado y corregido algunas de las piezas anteriormente publicadas en 2002, se actualizó la información contenida en el catálogo y en las referencias, y se incorporaron diez obras —tres composiciones y siete arreglos de música popular venezolana—, lo cual da como resultado un ejemplar que contiene la mayor parte de la producción de música coral, realizada por quien suscribe estas líneas, en poco menos de treinta años.

Este libro no sólo contiene el trabajo de muchos años de escribir y de pensar la música coral, sino también el producto de la labor editorial de Roberto Ojeda, llevada a cabo con el más alto sentido profesional. Después de intensos meses de trabajo, es insoslayable resaltar la acuciosa labor y el empeño emprendidos por Roberto, quien no sólo ha fungido como editor, sino también como catalogador, transcriptor, revisor y corrector de mi obra. La experiencia de innumerables horas de trabajo a su lado, me ha brindado un valioso e incalculable aprendizaje. Sin su ojo avizor y sus generosas sugerencias, muchos de los erróneos conceptos a nivel editorial, que la mayoría de los compositores consideramos «correctos», aparecerían hoy en esta publicación. A Roberto, mi más profunda deuda de gratitud.

En un país que tradicionalmente ha adolecido de una adecuada preservación y conservación de su memoria musical —o de cualquier tipo de memoria—, el hecho de que exista una institución que se encargue de satisfacer esta carencia, significa una suerte de oasis en el inmenso desierto de nuestra indiferencia nacional. Es por eso que los músicos venezolanos, y particularmente aquellos que nos dedicamos a la actividad coral, celebramos la publicación de este tipo de obras por parte de la Funves, las cuales vienen a llenar no sólo un vacío editorial, al poner a la disposición del público el cuantioso tesoro que poseemos en materia de música coral, sino también contribuyen a poner orden en el caótico mundo generado por el uso de la fotocopia la cual, por añadidura, atenta contra la Ley de derecho de Autor. En este sentido, es importante resaltar que todas las obras que conforman este volumen, y que pudieran haber sido fotocopiadas y por ende, alteradas, aparecen aquí en sus versiones definitivas.

Para concluir quiero agradecer, en primer lugar, a todos y cada uno de los músicos y cantantes que formaron filas en Ensamble 9, verdadera fragua y laboratorio experimental de la gran mayoría de los arreglos de música popular venezolana que se incluyen en este volumen. En segundo lugar, pero no menos importante, a Cantarte y al Orfeón Universitario de la UCV, espacios significativos que han contribuido a la difusión de mi obra como compositor y arreglista. A Modesta Bor, que ya no nos acompaña físicamente, pero que siempre estará con nosotros y entre nosotros, por siempre guía y amiga. A mi compañera Laura Morales Balza, por compartir y comprender mi música y el tiempo necesario para crearla. A mi madre, permanente guía espiritual. A aquellos que han tenido la paciencia de ser mis alumnos y, finalmente, a todos aquellos coristas y directores que alguna vez se estremecieron con algún acorde travieso o me honraron con la interpretación de mi obra. A todos ellos, muchas gracias.

Cantarte cumplió 19 años

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Ayer, 6 de julio, Cantarte cumplió 19 años de ininterrumpida y fructífera labor. Vaya a todos y cada uno de los que alguna vez formaron y aún forman parte de sus filas mi más sincero abrazo de felicitación y de eterno agradecimiento por engrandecer y enaltecer el nombre de nuestra agrupación.

¡Salud, cantartistas de todas las épocas!

Otilio

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Portada del programa de mano del concierto, diseñado por Camoba, Laura Morales Balza

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La última vez que vi a Otilio fue en Maracay, el día en que muchos de sus admiradores, junto a sus familiares y amigos, fuimos a despedirlo para siempre. Para mí, y estoy seguro que para muchos de los presentes, fue un momento muy hermoso y muy cargado de emociones cuando, al ingresar el féretro en el vehículo que lo conduciría a su morada final, la muchedumbre que se había dado cita para su último adiós comenzó a entonar el Himno Universitario de la Universidad Central de Venezuela, institución de la cual Otilio fue empleado y también integrante de su Orfeón Universitario. Ese fue el colofón musical que despidió a Otilio, el último surco de un disco sin fin que había comenzado a sonar no más ingresar su cuerpo en el recinto funerario donde sería velado antes de la partida. Y cuando digo un disco sin fin, quiero decir precisamente eso: un eterno ramillete de canciones de Otilio que se sucedían una tras otra en las gargantas de quienes allí estaban. Jamás había yo apreciado tal devoción por un cantor popular, como ese día. Y viendo partir la carroza fúnebre, le comenté a alguien: “Otilio no está muerto. Está vivito y coleando en sus canciones”. 

Fotografía por Cincopuntoseis

El amor por su música me fue inculcado, en primera instancia, por la portentosa voz de Lilia Vera, en un célebre disco que a principios de los años setenta hiciera junto a Juan Carlos Núñez al piano, todo con canciones de Otilio. En segunda instancia, por Modesta Bor quien, en sus clases de composición, nos inculcaba, casi como un deber patrio, que debíamos hacer arreglos corales de canciones de autores populares venezolanos tales como Luis Laguna, Henry Martínez y Otilio Galíndez, entre otros. De esa cantera de alumnos de composición salió todo un repertorio de excelentes arreglos, pero quien siempre recibió más atención y salió más favorecido por parte de los alumnos fue Otilio. Fue así como desde muy temprano me enamoré de su música. Y vaya, no hay un solo coro en este país que no haya interpretado, por lo menos una vez alguna de sus canciones y, sin temor a equivocarme, Otilio es el autor más interpretado por el movimiento coral venezolano. Valga todo este preámbulo y esta remembranza, porque muy recientemente, el domingo 13 de junio de 2010, nos dimos cita el Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela, y las voces de Henry Martínez, Rafael “El Pollo” Brito, Marina Bravo y Santoral, de Barquisimeto, para ofrecerle un muy sentido y merecido homenaje a nuestro querido Otilio Galíndez, quien nos dejara hace ya un año exactamente. En ese privilegiado espacio que conocemos como el Aula Magna de la UCV, colmado de gente a la cual no le importó para nada lo lluvioso de la tarde, se desgranó otra vez parte de ese ramillete de canciones con las cuales Otilio se encargó de darle un color diferente a nuestras vidas: Luna decembrina, Flor de MayoCaramba, Ahora, O tal vez, Sin tu mirada, En silencio, Vaya un pecado, Mi tripón, Son chispitas, Y ni ná ni ná, Ese mar, El poncho andino, La Restinga, Pueblos tristes. Alternando entre los  arreglos corales interpretados por el Orfeón Universitario de la UCV, nuestros inefables amigos Henry, “El Pollo”, Marina y Santoral, en un concepto sonoro propuesto bajo la dirección instrumental de Edwin Arellano, se dieron a la tarea de regalarnos una acertada y diferente visión musical de la obra de Otilio. Agreguemos a ellos el estupendo trabajo que realizaron los músicos Carlos Pineda al cuatro; Luis Freites al bajo; Manuel Rangel a la guitarra y las maracas; Leowaldo Aldana en la percusión, y el propio Edwin Arellano a la mandolina y la guitarra, todos ellos jóvenes músicos venezolanos que desde hace un buen rato le vienen dando un golpe de aire fresco a la música venezolana. Mención aparte, y no por eso menos importante, el excelente trabajo de producción de Diana Herrera, coordinadora general del Orfeón Universitario, sin cuyo titánico esfuerzo este concierto hubiese sido otra cosa. En fin, amigos, creo que tenemos y seguiremos teniendo Otilio para rato.

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La fuerza del destino: Bill Evans

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A Milton Ordóñez, quien un día me descubrió a Bill

El impacto que ha ejercido, ejerce y ejercerá la obra de Bill Evans (1929-1980) a través del tiempo, es imparable e indetenible. Su muy personal lenguaje armónico, sus largas líneas melódicas, su fraseo asimétrico y su acompañamiento de acordes sin fundamentales, han definido e influenciado a toda una generación de pianistas los últimos treinta años, entre los más destacados, Chick Corea, Keith Jarrett, Herbie Hancock y Brad Meldhau. En las manos de Bill Evans, un tema standard se convertía en la versión definitiva de ese tema, como por ejemplo, Someday My Prince Will Come, el tema de amor del primer largometraje de dibujos animados de Walt Disney, Blancanieves y los Siete Enanos, la cual interpretó en innumerables ocasiones.

Siendo un artista que se dedicó por entero a la ejecución del piano (y de los teclados), su influencia va mucho más allá de la esfera que abarca a los ejecutantes de las blancas y las negras. Bill Evans es uno de los músicos más importantes de toda la historia del jazz —aunque podríamos decir también, del siglo XX—, que no sólo innovó y enriqueció el vocabulario del piano sino también el concepto y el lenguaje del clásico trío de jazz, donde cada instrumento se erige con una dimensión y un discurso propios, y no sólo como mero acompañante.

Luego de haber colaborado por espacio de ocho meses con el sexteto de Miles Davis a finales de los años cincuenta, el cual aportó, entre tantas obras maestras, el mítico y canónico álbum Kind of Blue, el cual es considerado el álbum más vendido de toda la historia del jazz, Evans se dedicó, como líder, a desarrollar, junto al contrabajista Scott LaFaro y al baterista Paul Motian, lo que sería una carrera insuperable, en cuanto al trío se refiere. Luego de la trágica muerte de LaFaro, Evans mantuvo toda una suerte de tríos a lo largo de los años, salpicando su discografía aquí y allá como solista. En su último gran trío lo acompañaron Marc Johnson en el contrabajo y Joe LaBarbera en la batería.

De todo el legado artístico que Evans nos dejó, sería interminable enumerar una lista en este espacio, aunque me atrevo a recomendar uno de mis preferidos: You Must Believe In Spring (Warner Bros, 1980 – Grabado en 1977). Muy personalmente, opino que este no es un disco de jazz, sino más bien, un disco de poesía hecha música.

Para finalizar esta breve nota sobre uno de mis más grandes gurús, me permito citar su punto de vista estético, al referirse a la obra de William Blake (1757-1827), poeta, pintor y místico inglés:

“Es casi un poeta popular, pues alcanza elevadas cotas artísticas gracias precisamente a su sencillez. Las cosas sencillas, lo esencial, son las importantes, pero a veces las expresamos de un modo terriblemente complejo. Lo mismo sucede en el terreno musical con la técnica. Intentas dar voz a una emoción sencilla como el amor, el entusiasmo o la tristeza, y suele ocurrir que la técnica entorpece esta labor, que acaba por convertirse en un fin en sí misma cuando no debería ser más que el canal que permite la comunicación entre las ideas y los sentimientos. El gran artista siempre sabe llegar al quid de la cuestión, y posee una técnica tan natural que es imperceptible. Nunca me he topado con grandes dificultades, y eso me preocupa. Espero no acabe convirtiéndose en un estorbo.”

Sobre el romanticismo en la música:

“Si quieres que el resultado sea realmente extraordinario, hay que mezclar disciplina y libertad con mucho tiento, y hacerlo creativamente. Creo que toda la música es romántica, pero me molesta que ese romanticismo haga que la música suene sensiblera. Sin embargo, quien sabe combinar romanticismo y una cierta disciplina alcanza una belleza insuperable.”

Finalmente, Eddie Gómez, uno de sus contrabajistas predilectos y compañero por once años de Evans, dijo:

“No pedía nada extraordinario: que subieras al escenario y dieras el ciento diez por ciento, que no te reprimieras y que, de vez en cuando, asumieras algún riesgo. No se cansó de repetirme que debía olvidarme del legado del difunto Scott LaFaro y que tenía que ser yo mismo. Bill era un tipo expresivo, directo, amable, majestuoso e inteligente, siempre estaba dispuesto a echarte una mano. Su meta era hacer una música que aunara pasión e intelecto, una música que te llegara al corazón.”

Cantoría Ludus Vocaliter | Ave Maria

Ave Maria [1999], César Alejandro Carrillo

Cantoría Ludus Vocaliter, Lourdes Sánchez

Disponible/Available Earthsongs | JW Pepper | Sheet Music Plus

Ohio State University Women’s Glee Club | Ave Maria

Ave Maria [1999], César Alejandro Carrillo

Disponible/Available Earthsongs | JW Pepper | Sheet Music Plus

Flute Troupe & Women’s Glee Club | Ave Maria

Ave Maria [1999], César Alejandro Carrillo

Esta en particular fue intepretada por el Flute Troupe & Women’s Glee Club, The Ohio State University.

Disponible/Available Earthsongs | JW Pepper | Sheet Music Plus

Taipei Ladies Choir | Ave Maria

Ave Maria [1999], César Alejandro Carrillo

Disponible/Available Earthsongs | JW Pepper | Sheet Music Plus

Armonia Early Music Ensemble | Salve Regina

Salve Regina [1991], César Alejandro Carrillo

Disponible/Available Earthsongs | JW Pepper | Sheet Music Plus

La vida con Modesta (I)

En principio debo aclarar, para quien no lo sabe, que cuando digo Modesta, me refiero, sí, a mi maestra de composición Modesta Bor (1926-1998). Puede que a alguno le parezca soberbio o herético el hecho de que yo me dirija a una maestra de la estatura de Modesta con esa cuota de confianza, pero es que de estar viva, ella no aceptaría que hablara de sí con la solemnidad y el boato que siempre rechazó. Esta breve introducción establece el clima de amistad, amor, fidelidad y respeto que existía entre ella y yo. Ahora bien, no es frecuente este tipo de relación entre maestro y alumno, porque por lo general lo que habita entre ellos es una distancia que pone a cada uno en su santo lugar. Conocí a Modesta en 1978 en la época en que yo residía en Guarenas y co-dirigía un grupo vocal que se llamaba Gesta, el germen de lo que después sería Ensamble 9. Nosotros hacíamos nuestros arreglos vocales en pleno ensayo, no los escribíamos sino que los memorizábamos de tanto repetirlos. Y en ese afán y anhelo de querer hacer mejor las cosas, se nos ocurrió ir a la sección de música de la Biblioteca Nacional para tratar de conseguir arreglos impresos a fin de engrosar nuestro repertorio de canciones. Lamentablemente, en tal sección no había una sola partitura. Más bien era un sitio para ir a escuchar música, es decir, una fonoteca. Pero por esas circunstancias milagrosas que tiene la vida, el encargado, el ya desaparecido guitarrista y compositor Jorge Benzaquén, me sugirió que fuera al Departamento de Música de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, del cual Modesta era jefa. Así que un día cualquiera de 1978, el cual ya no puedo precisar, me dirigí a la UCV a hablar con Modesta Bor, porque en ese entonces para mí era eso, Modesta Bor. Eso sí, sabía lo que ella era y representaba para nuestra música nacional. De modo tal que cuando llegué, estaba un poco nervioso debido a la talla del personaje con el cual me iba a entrevistar. Modesta me trató con atención y simpatía al yo revelarle el propósito de mi visita y al enterarse de nuestro trabajo con Gesta. Luego de estar conversando por espacio de una hora, aproximadamente, le solicitó a una empleada del departamento que me diera algunas copias de arreglos que allí tenían. La empleada que me atendió, con la misma simpatía y diligencia de Modesta, fue Olga Roa, quien con el tiempo se convertiría en amiga de muchos músicos y directores corales de nuestra generación. Actualmente, Olga es la jefa encargada del Departamento de Música. Las vueltas que da la vida. Pues bien, de allí salí muy contento por dos razones: la primera, porque había podido lograr conseguir un material musical que para nosotros iba a ser de vital importancia en la evolución de grupo. Y la segunda, porque había conocido a quien iba a marcar, para siempre, el curso de mi vida como ser humano, músico, arreglista, director y compositor: Modesta Bor.

Biografía tomada de la Sociedad de Autores y Compositores 
Modesta Bor nació en Juangriego, Isla de Margarita, el 15 de junio de 1926. En su pueblo natal, Modesta recibió las nociones elementales de Teoría y Solfeo, con Luis Manuel Gutiérrez y de piano con Alicia Caraballo Reyes. En 1942, viaja a Caracas para continuar sus estudios en la Escuela Superior de Música «José Angel Lamas», donde cursa Teoría y Solfeo con María de Lourdes Rotundo; piano, con Elena de Arrate; Historia de la Música y Estética con Juan Bautista Plaza; primer año de Armonía y Orquestación con Antonio Estévez y segundo año de Armonía, Contrapunto, Fuga y Composición en la cátedra del Mestro Vicente Emilio Sojo.

En 1951 presenta el exámen de su décimo año de piano, sin embargo, ese mismo año, contrajo una grave enfermedad en ambas manos y piernas. Su dolencia no le permitió ofrecer el concierto de grado, ni desarrollar su prometedora carrera como intérprete. Fue posteriormente, al regresar de Moscú, cuando le otorgaron el título de Profesora Ejecutante de Piano, a instancias de la Profesora Elena de Arrarte.

En julio de 1959, con la «Suite en tres movimientos» para Orquesta de Cámara, obtiene de las manos de Vicente Emilio Sojo el título de Maestro Compositor. Paralelamente a sus estudios musicales, Modesta Bor dió inicio a una amplia actividad en los campos de la musicología y la docencia. Entre 1948 y 1951 trabajó en el Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales, como Jefa del Departamento de Musicología. Posteriormente, ejerció la docencia musical en diferentes escuelas primarias y secundarias de la capital, llegando incluso a dirigir coros de Niños de las Escuelas Municipales de Caracas.

Después de egresar de la Escuela de Música, se dedica por completo a la composición y en 1960 viaja a Moscú, con la idea de realizar estudios de Postgrado en el Conservatorio Tchaikowsky. Después de escuchar una de sus obras en una audición privada, el afamado compositor Aram Ilich Kachaturiam acepta gustosamente a Modesta Bor en su cátedra de Composición.

En 1962 da inicio a la composición de la premiada «Obertura» para Orquesta. Entre 1963 y 1964 se traslada a Lecherías, Estado Anzoátegui, para asumir la dirección del Coro de Niños de la Universidad de Oriente. En 1964, nuevamente en Caracas, trabaja en el Instituto Nacional de Folklore y luego es nombradfa directora del Coro de Niños de la Escuela de Música «Juan Manuel Olivares», cargo que desempeña durante 14 años.

En 1966 funda y dirige el grupo vocal «Arpegio», conjunto de seis voces blancas con el cual divulgará las viejas melodías infantiles, la polifonía culta y la música popular y folklórica venezolana. Entre 1971 y 1973 dirigió la Coral de la CANTV con la cual grabó dos discos de música coral venezolana e internacional. En 1973 se hace cargo de la Cátedra de Composición de la Escuela de Música «José Lorenzo Llamozas». Simultáneamente, entre 1974 y 1989 trabajó como jefa del Departamento de Música de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, donde realizó una encomiable labor en pro de la formación musical de la población estudiantil venezolana.

En 1982 fue invitada por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) para participar en el Primer Festival Internacional de Música Contemporánea de la Habana (1986), donde se interpretó el «Concierto para piano y Orquesta». En 1990 se traslada a la ciudad de Mérida donde prosigue con tenacidad su labor creativa, la cual alterna con la docencia, ofreciendo a los estudiantes de la Escuela de Música de la Universidad de Los Andes un Taller de Dirección de Coros Infantiles; y en 1991 dicta un Taller de Armonía, con la finalidad de crear en el futuro una Cátedra Estable de Composición.

Las primeras obras de Modesta Bor están enmarcadas dentro del pensamiento de la Escuela Nacionalista venezolana. Ejemplos claros se observan en la «Suite Criolla» para Piano, en la «Suite para Orquesta de Cámara» y en la «Sonata para Viola y Piano». En etapas posteriores sus obras buscan un lenguaje propio, contemporáneo, acorde con las nuevas tendencias. A partir de la década de los sesenta, se trasluce la búsqueda de nuevas sonoridades en obras como el «Segundo Ciclo de Romanzas» para contralto y piano, la «Sonata para violín y piano» y sus obras corales: «El Pescador de Anclas» y «Regreso al Mar». La década de los setenta marca el inicio de una búsqueda hacia la atonalidad. La «Imitación Serial para Cuerdas» (1974), el tríptico coral «Manchas Sonoras» (1975), los siete «Sarcasmos» para piano (1978-1980), el «Prisma Sonoro» para cuatro voces mixtas (1980-1981), el «Concierto para piano y Orquesta» (1982-1983) y «Acuarelas» para Orquesta de Cuerdas (1986) son sólo algunos ejemplos de sus obras atonales desligadas de la tendencia o línea nacionalista.



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