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La vida con Modesta (I)

En principio debo aclarar, para quien no lo sabe, que cuando digo Modesta, me refiero, sí, a mi maestra de composición Modesta Bor (1926-1998). Puede que a alguno le parezca soberbio o herético el hecho de que yo me dirija a una maestra de la estatura de Modesta con esa cuota de confianza, pero es que de estar viva, ella no aceptaría que hablara de sí con la solemnidad y el boato que siempre rechazó. Esta breve introducción establece el clima de amistad, amor, fidelidad y respeto que existía entre ella y yo. Ahora bien, no es frecuente este tipo de relación entre maestro y alumno, porque por lo general lo que habita entre ellos es una distancia que pone a cada uno en su santo lugar. Conocí a Modesta en 1978 en la época en que yo residía en Guarenas y co-dirigía un grupo vocal que se llamaba Gesta, el germen de lo que después sería Ensamble 9. Nosotros hacíamos nuestros arreglos vocales en pleno ensayo, no los escribíamos sino que los memorizábamos de tanto repetirlos. Y en ese afán y anhelo de querer hacer mejor las cosas, se nos ocurrió ir a la sección de música de la Biblioteca Nacional para tratar de conseguir arreglos impresos a fin de engrosar nuestro repertorio de canciones. Lamentablemente, en tal sección no había una sola partitura. Más bien era un sitio para ir a escuchar música, es decir, una fonoteca. Pero por esas circunstancias milagrosas que tiene la vida, el encargado, el ya desaparecido guitarrista y compositor Jorge Benzaquén, me sugirió que fuera al Departamento de Música de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, del cual Modesta era jefa. Así que un día cualquiera de 1978, el cual ya no puedo precisar, me dirigí a la UCV a hablar con Modesta Bor, porque en ese entonces para mí era eso, Modesta Bor. Eso sí, sabía lo que ella era y representaba para nuestra música nacional. De modo tal que cuando llegué, estaba un poco nervioso debido a la talla del personaje con el cual me iba a entrevistar. Modesta me trató con atención y simpatía al yo revelarle el propósito de mi visita y al enterarse de nuestro trabajo con Gesta. Luego de estar conversando por espacio de una hora, aproximadamente, le solicitó a una empleada del departamento que me diera algunas copias de arreglos que allí tenían. La empleada que me atendió, con la misma simpatía y diligencia de Modesta, fue Olga Roa, quien con el tiempo se convertiría en amiga de muchos músicos y directores corales de nuestra generación. Actualmente, Olga es la jefa encargada del Departamento de Música. Las vueltas que da la vida. Pues bien, de allí salí muy contento por dos razones: la primera, porque había podido lograr conseguir un material musical que para nosotros iba a ser de vital importancia en la evolución de grupo. Y la segunda, porque había conocido a quien iba a marcar, para siempre, el curso de mi vida como ser humano, músico, arreglista, director y compositor: Modesta Bor.

Biografía tomada de la Sociedad de Autores y Compositores 
Modesta Bor nació en Juangriego, Isla de Margarita, el 15 de junio de 1926. En su pueblo natal, Modesta recibió las nociones elementales de Teoría y Solfeo, con Luis Manuel Gutiérrez y de piano con Alicia Caraballo Reyes. En 1942, viaja a Caracas para continuar sus estudios en la Escuela Superior de Música «José Angel Lamas», donde cursa Teoría y Solfeo con María de Lourdes Rotundo; piano, con Elena de Arrate; Historia de la Música y Estética con Juan Bautista Plaza; primer año de Armonía y Orquestación con Antonio Estévez y segundo año de Armonía, Contrapunto, Fuga y Composición en la cátedra del Mestro Vicente Emilio Sojo.

En 1951 presenta el exámen de su décimo año de piano, sin embargo, ese mismo año, contrajo una grave enfermedad en ambas manos y piernas. Su dolencia no le permitió ofrecer el concierto de grado, ni desarrollar su prometedora carrera como intérprete. Fue posteriormente, al regresar de Moscú, cuando le otorgaron el título de Profesora Ejecutante de Piano, a instancias de la Profesora Elena de Arrarte.

En julio de 1959, con la «Suite en tres movimientos» para Orquesta de Cámara, obtiene de las manos de Vicente Emilio Sojo el título de Maestro Compositor. Paralelamente a sus estudios musicales, Modesta Bor dió inicio a una amplia actividad en los campos de la musicología y la docencia. Entre 1948 y 1951 trabajó en el Servicio de Investigaciones Folklóricas Nacionales, como Jefa del Departamento de Musicología. Posteriormente, ejerció la docencia musical en diferentes escuelas primarias y secundarias de la capital, llegando incluso a dirigir coros de Niños de las Escuelas Municipales de Caracas.

Después de egresar de la Escuela de Música, se dedica por completo a la composición y en 1960 viaja a Moscú, con la idea de realizar estudios de Postgrado en el Conservatorio Tchaikowsky. Después de escuchar una de sus obras en una audición privada, el afamado compositor Aram Ilich Kachaturiam acepta gustosamente a Modesta Bor en su cátedra de Composición.

En 1962 da inicio a la composición de la premiada «Obertura» para Orquesta. Entre 1963 y 1964 se traslada a Lecherías, Estado Anzoátegui, para asumir la dirección del Coro de Niños de la Universidad de Oriente. En 1964, nuevamente en Caracas, trabaja en el Instituto Nacional de Folklore y luego es nombradfa directora del Coro de Niños de la Escuela de Música «Juan Manuel Olivares», cargo que desempeña durante 14 años.

En 1966 funda y dirige el grupo vocal «Arpegio», conjunto de seis voces blancas con el cual divulgará las viejas melodías infantiles, la polifonía culta y la música popular y folklórica venezolana. Entre 1971 y 1973 dirigió la Coral de la CANTV con la cual grabó dos discos de música coral venezolana e internacional. En 1973 se hace cargo de la Cátedra de Composición de la Escuela de Música «José Lorenzo Llamozas». Simultáneamente, entre 1974 y 1989 trabajó como jefa del Departamento de Música de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, donde realizó una encomiable labor en pro de la formación musical de la población estudiantil venezolana.

En 1982 fue invitada por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) para participar en el Primer Festival Internacional de Música Contemporánea de la Habana (1986), donde se interpretó el «Concierto para piano y Orquesta». En 1990 se traslada a la ciudad de Mérida donde prosigue con tenacidad su labor creativa, la cual alterna con la docencia, ofreciendo a los estudiantes de la Escuela de Música de la Universidad de Los Andes un Taller de Dirección de Coros Infantiles; y en 1991 dicta un Taller de Armonía, con la finalidad de crear en el futuro una Cátedra Estable de Composición.

Las primeras obras de Modesta Bor están enmarcadas dentro del pensamiento de la Escuela Nacionalista venezolana. Ejemplos claros se observan en la «Suite Criolla» para Piano, en la «Suite para Orquesta de Cámara» y en la «Sonata para Viola y Piano». En etapas posteriores sus obras buscan un lenguaje propio, contemporáneo, acorde con las nuevas tendencias. A partir de la década de los sesenta, se trasluce la búsqueda de nuevas sonoridades en obras como el «Segundo Ciclo de Romanzas» para contralto y piano, la «Sonata para violín y piano» y sus obras corales: «El Pescador de Anclas» y «Regreso al Mar». La década de los setenta marca el inicio de una búsqueda hacia la atonalidad. La «Imitación Serial para Cuerdas» (1974), el tríptico coral «Manchas Sonoras» (1975), los siete «Sarcasmos» para piano (1978-1980), el «Prisma Sonoro» para cuatro voces mixtas (1980-1981), el «Concierto para piano y Orquesta» (1982-1983) y «Acuarelas» para Orquesta de Cuerdas (1986) son sólo algunos ejemplos de sus obras atonales desligadas de la tendencia o línea nacionalista.


VOCAbuLarieS. Bobby McFerrin (2010)

¡Bobby lo hizo de nuevo!

¿Qué más se puede decir del genio indiscutible de Bobby McFerrin? ¡Pues, es muy difícil! Luego de una multifacética y siempre solvente carrera de más de treinta años en el asunto como cantante, director y compositor, McFerrin no ha perdido nunca la habilidad de asombrarnos cada vez. Y en esta oportunidad, el gran gurú, no sólo de la música vocal sino de La Música en general, nos ha sorprendido nuevamente con su último álbum VOCAbuLarieS. El universo sonoro que McFerrin comenzó a explorar con Medicine Music (1990) y Circle Songs (1997), se amplia en este nuevo álbum, pleno de sonoridades corales y orquestales que rayan en algunos momentos con el Impresionismo, con la música del lejano oriente, la árabe, la africana, la música de Europa del este y pare usted de contar. Con la colaboración inteligente del compositor, arreglista y productor Roger Treece y de cincuenta cantantes de diversas partes del planeta, los cuales fueron grabados uno por uno y en pequeños grupos para conformar un coro virtual, y con una capacidad para recrearse y recrearnos constantemente, lo cual no es nada fácil, McFerrin nos brinda una música que, en definitiva y desde hace mucho rato, ya no tiene nada que ver con los cánones de la música comercial. Lejos quedaron los días de Don’t worry be happy. Bobby McFerrin, diez veces ganador del Grammy, ha trazado y sigue trazando los nuevos derroteros, el nuevo Camino de Santiago para la música vocal sin fronteras del siglo XXI. Ahora bien, así se lo habrá pensado Bobby ocho largos años, porque en todo este tiempo nos hemos estado preguntando: ¿cuándo y con qué nos sorprenderá nuevamente? Pues bien, la respuesta se ha hecho esperar y la recompensa ha sido con creces, un álbum repleto de ideas originales y que a medida que vamos avanzando en su audición nos hace preguntar ¿y ahora, qué vendrá?

 

 

Seminario de canto coral, Tomelloso

A Mariely, Ana, César y El Trevi

 

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre siempre querré acordarme, he vivido una de mis más recientes e inolvidables aventuras musicales: Tomelloso. Pero antes de empezar a hablar de ello, es necesario comentar que el tomellosero es una de las personas más amables que se puedan encontrar sobre este planeta. Pleno de simpatía y buen proceder, siempre atento y desprendido. Por ende, mi estancia en este lugar y, más concretamente, con la gente de la Coral del Conservatorio de Tomelloso, ha sido una experiencia altamente gratificante. No sólo desde el punto de vista musical sino también desde el humano. Este conjunto, al frente del cual se encuentra su emprendedora e incansable directora María Elisa Blanco, emprendió un camino ya quinceañero, el cual ha sido pleno de grandes satisfacciones musicales. Conformada por gente de todas las edades y con muchas ganas de aprender, la agrupación inició el año pasado la aventura del Seminario de Canto Coral, el cual fue impartido por mi muy querido y admirado amigo, el compositor y director de coros, Javier Busto. Para esta segunda edición del seminario, tuve el honor de ser escogido para impartir y compartir mis experiencias en torno a un repertorio sugerido por sus integrantes, el cual estuvo comprendido por algunas de mis obras y algunas canciones latinoamericanas. Las sesiones de trabajo se repartieron de la siguiente manera: jueves 29 y viernes 30 de abril, ensayos con la Coral del Conservatorio; sábado 1 y domingo 2 de mayo, los ensayos correspondientes al seminario con todos los inscritos para la ocasión. En total asistieron más de 80 personas, las cuales se desplazaron desde diferentes provincias españolas: Albacete, Badajoz, Ciudad Real, Madrid y Murcia. Para las sesiones con la Coral del Conservatorio de Tomelloso se trabajaron las siguientes obras: Arroz con leche (Carlos Guastavino), Duerme negrito (Atahualpa Yupanqui, arr. Emilio Solé), Encuentro (César Alejandro Carrillo y Fernando Paz Castillo), Nada (José Dames y Horacio Sanguinetti, arr. Eduardo Ferraudi) y O magnum mysterium (Morten Lauridsen). Con todos los inscritos en el seminario, incluyendo a los integrantes de la Coral del Conservatorio, se hicieron las siguientes obras: Alfonsina y el mar (Ariel Ramírez y Félix Luna, arr. Hugo César de la Vega) Corazón coraza (Beatriz Corona y Mario Benedetti) O magnum mysterium (César Alejandro Carrillo), Salve Regina (César Alejandro Carrillo) y San Juan to’ lo tiene (Eduardo Serrano, arr. César Alejandro Carrillo). Con esta segunda edición, el seminario marcha rumbo a su consolidación como punto de encuentro y de referencia coral de La Mancha y sus alrededores. Vaya mi felicitación a todos los involucrados en la organización de este evento y sirva este espacio para agradecer todas las atenciones recibidas durante estos intensos cuatro días de música coral en Tomelloso, así como también a todos aquellos que abandonaron la comodidad de sus hogares para asistir. ¡Salud, Tomelloso!

 

Antiphona | Lux aurumque [Eric Whitacre]

[Video cortesía de Valeria Pire]

Antiphona en el 1er. Encuentro de Música Sacra Vox Clamantis, 2010, Maracaibo, Venezuela

César Alejandro Carr

Breve, desde Tomelloso

Comparto estas imágenes, cortesía de la señora Pilar Morales Blanco, de la estupenda experiencia que fue el Segundo seminario de canto coral organizado por la coral del Conservatorio de Tomelloso, España.

Durante el 8 y 9 de mayo, estaré dictando otro taller coral para la Federación de Coros de Navarra en Pamplona.

¡Ya les dejaré saber sobre estas experiencias!

C4Trío

 

 

Desde hace aproximadamente unos diez años, se viene gestando en el actual panorama musical nacional, un movimiento integrado por una pléyade de jóvenes músicos que, con toda justicia, podríamos llamar la nueva generación musical venezolana, particularmente en el área de la música instrumental. De este conglomerado que hoy conocemos como la Movida Acústica Urbana (MAU), uno de los mejores fenómenos musicales que ha ocurrido en Venezuela en los últimos tiempos, destacamos dos producciones discográficas pertenecientes al fabuloso C4Trío. La primera de ellas titulada C4Trío (2006) y la segunda Entre manos (2009). Este conjunto está conformado desde sus inicios por Jorge Glem, Héctor Molina y Edward Ramírez, tres talentosos cuatristas que provienen de diferentes ciudades del país, cada uno de ellos aportando no sólo las influencias propias de sus respectivos lugares de origen sino también aquellas que podrían parecer ajenas a nuestros géneros musicales como por ejemplo, el jazz. Ciertamente debemos decir que la idea de reunir varios cuatros no es nueva en el espectro musical venezolano, pero nunca, en cuanto a conjunto se refiere, se había llevado nuestro instrumento nacional a los niveles de virtuosismo y de lenguaje novedoso que esta agrupación exhibe tanto en el estudio de grabación como en directo. Si bien es cierto que el virtuosismo sin arte es un mero ejercicio de narcisismo musical, en este sentido, C4Trío supera el examen con creces. La musicalidad y el dominio de los estilos que exhibe cada uno de ellos, tanto en el rol de solistas como en el trabajo de conjunto, es francamente, a toda prueba. Jorge, Héctor y Edward no sólo se dedican a difundir joyas del repertorio tradicional sino que también se arriesgan incorporando piezas de otras latitudes, así como sus propias creaciones, siempre dentro de una clave venezolana, aportando, cada uno de ellos, lo mejor de su amplio bagaje musical. C4Trío le ha abierto nuevas ventanas de expresión al cuatro venezolano, lo cual le ha brindado la posibilidad de expresarse con solvencia en cualquier parte del mundo. Así que recomiendo ampliamente estas dos producciones discográficas que no sólo representan la labor que ha emprendido C4Trío sino también el excelente trabajo que están llevando a cabo cada una de las agrupaciones que conforman el conglomerado de la MAU, la cual iré comentando próximamente.

 

 

Entrevista en la revista «Sala de espera»

Comparto con ustedes esta entrevista publicada en la edición de noviembre (2009)

 

 

MI RELACIÓN CON EL DIOS CRISTIANO ES A TRAVÉS DE MI MÚSICA SACRA

Viernes, 06 de Noviembre de 2009

 

 

César Alejandro Carrillo hace del canto un misterio audible entre sus coros. Cree que cantar es un acto de amor. Con la fundación de Cantarte en 1991, se propuso difundir la música religiosa a capella. Próximamente, obsequiará 35 minutos de música vocal pura en los que reproducirá, nuevamente, el «Magnificat» del estoniano Urmas Sisask

Por Lorena Briedis

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El viento empuja el silencio y lo enreda en las palmeras de la Universidad Central de Venezuela. Ellas lo reciben y muy erguidas emulan una tonada de lluvia que se escucha desde una oficina al lado de la sala de ensayos del Orfeón Universitario, que César Alejandro Carrillo dirige. Custodian el cubículo las fotografías de Vicente Emilio Sojo, Evencio Castellano —autor del himno del Alma Mater—, Vinicio Adames y Antonio Estévez —fundador del grupo coral—. En los jardines, los estudiantes presencian el aguacero sin mojarse, con los paraguas cerrados, porque el silencio sobre las palmeras es sólo eso, música, una catástrofe inofensiva.

«¿Está lloviendo, verdad?» pregunta aquel maestro sencillo, casi monacal, a quien también lo había confundido aquella sonata. Silencio, viento, palmas, lluvia… ¿En cuántas gargantas no habrá él hecho posible un milagro semejante? ¿Qué tipo de fe le permite a un hombre penetrar tal misterio? «Dios está allá afuera, con los árboles», dice desde su oficina mientras cree que llueve. «Yo veo la religión de otra manera. Yo creo que está en la naturaleza y con el semejante». Para el director del Orfeón Universitario, su arte es su oración. «Mi relación con el Dios cristiano es a través de mi música sacra». Lo dicen sus ojos claramente y sin sermones en la transparencia fontanal de sus lentes. Lo dicen sus manos, que han repartido la música de sus coros como el pan y la han multiplicado entre sus voces como peces.

Los primeros movimientos de la dirección coral los descubrió intuitivamente a los 17 años, en los colegios de monjas. En Guarenas, cinco años atrás, ya había aprendido mucha de la carpintería de la interpretación musical con un conjunto de gaitas que él y algunos amigos de su cuadra improvisaron, pero que sobrevivió varios años más que el edificio que les dio nombre, Charaima, el cual, tal y como recuerda, se había caído «como un cerro de panquecas» en el terremoto del 67.

Pero un autobús, en tantos ires y venires de la casa al liceo y del liceo a la casa, lo atrajo a nuevas amistades y, finalmente, lo sorprendió con una ruta inesperada, Grupo Vocal Gesta, un quinteto de música popular venezolana y latinoamericana cuya experiencia le dio sintonía a Carrillo para inscribirse en la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas. Allí estudió teoría y solfeo, dictado musical, armonía, violoncelo e historia de la música: esos fueron sus primeros votos.

Sin embargo, el llamado de ese buen dios que está en la música como en todas las artes estremeció a Carrillo durante su infancia a los 5 ó 6 años, en Higuerote, en casa de su abuela materna, donde solía ir de vacaciones a pescar y a bañarse en el río. Aquel llamado era el sonido nocturno y palpitante de los tambores de Barlovento. «Yo me quedaba despierto. No dormía porque quería escucharlos. Ése creo que es el recuerdo musical más remoto que tengo. Ese sonido siempre está allí y a veces vuelve». A partir de entonces, quedó suspendido en ese embrujo insomne que fue para él la música.

César Alejandro quiso seguir aquellos pálpitos trepidantes de los tambores de Barlovento, quiso escribirlos, recrearlos y transformarlos con el deseo de quien tiene en sus manos una piedra maleable en la que intuye las dimensiones de una catedral. Así supo que quería ser compositor, quizá, para salvar las claves de aquella fantasía musical de la infancia que aún lo recorre. De modo que estudió dirección y composición. La primera, en el Instituto Universitario de Estudios Musicales (Iudem); la segunda, en la Escuela José Lorenzo Llamozas, bajo la tutoría de quien considera su maestra, Modesta Bor.

«El compositor —testifica Carrillo— puede escuchar melodías que no existen. Yo puedo imaginar música y luego verificar en el piano que lo que estoy oyendo existe. Yo creo que es parecido a lo que le puede ocurrir a un pintor cuando imagina los colores de un cuadro y luego los va modificando en el lienzo». Silencio. Mucho silencio. Luego un viento inspirador que lo empuja sobre las ramas de los árboles, sobre las palmeras de nuestro trópico. César Alejandro Carrillo pudo haber imaginado aquella melodía en el tráfico, en un vagón del metro y luego colocarse delante de alguno de sus coros y haber confirmado que la lluvia existe. «Esa audición interna la logras con el tiempo; el poder escuchar música sin música», lo asegura en la evocación de esa clausura interior que es el silencio, del que han nacido composiciones que lo han hecho merecedor del Premio Municipal de Composición en cinco oportunidades (1984, 1988, 1992, 1998, 2000) y del Premio Nacional de Composición en dos (1982, 1991).

La música de Carrillo viene de la noche, de las emociones, de la necesidad de conmover al público y de comunicarle algo. «Hay gente que va pasivamente a los conciertos. Ése es el final del arte, cuando la gente no se involucra porque, entonces, el hecho comunicacional no se completa». Muchas de las composiciones provienen de un embrión poético, de algún texto que reescribe luego sobre un pentagrama con los jeroglíficos vibrantes del alfabeto musical. Carrillo considera que su mejor pieza es la que siempre está por hacer y que, cuando un compositor se sienta a desarrollar una obra, debe seguir el evangelio del argentino Astor Piazzola: «Él decía que uno tiene que componer para sí mismo. Y es cierto. La satisfacción personal es suficiente, pero para eso hace falta ser muy autocrítico». Además de dedicarse a la composición y a la dirección coral, Carrillo ha sido arreglista de grupos como Serenata Guayanesa y, actualmente, trabaja también como tal para Bolanegra, conjunto vocal dedicado a la música popular del cual es también fundador e integrante.

«Huele a corcho», advierte y abre el aula de ensayo del Orfeón Universitario con las llaves que le han confiado cuarenta años de dedicación musical. César Alejandro Carrillo ha escuchado y ha hecho cantar en esa sala desde el año 1992, cuando comenzó como asistente de dirección de la coral ucevista, presidiéndola no sólo en Venezuela sino en el resto de América y de Europa, así como en la remota Asia.

Afuera redobla el aguacero artificial en las palmeras. «Al hacer música, el hombre se aproxima a la naturaleza, al entorno que lo rodea. Cantar es una forma de conectarse con el otro y consigo mismo. Es un acto de comunión», testifica. De salida, antes de cerrar la sala, hace notar un cuadro de Onofre Frías con un epígrafe de Eugenio Andrade: No oigas el ruiseñor. O la alondra. Es dentro de ti donde toda música es ave. Ése es el sacerdocio de César Alejandro Carrillo: escuchar esas aves profundas y hacerlas cantar en otros hombres. Así también se ora.

El domingo 29 de noviembre, a petición del público, Carrillo obsequiará 35 minutos de música vocal pura en los que reproducirá, nuevamente, el «Magnificat» del estoniano Urmas Sisask en la Iglesia del Colegio María Auxiliadora en Altamira, a las 5 pm. Y el sábado 5 de diciembre, en el mismo lugar y a la misma hora, bautizará el último disco de Cantarte, Totus tuus, y ofrecerá un repertorio de algunas de las piezas marianas que componen el trabajo con las que también ha querido elevar una oración enamorada.

 

Fotografía: Laura Morales Balza

Dos talleres en España

 

En pocos días estaré partiendo a España para impartir dos talleres sobre mi música y algunas piezas latinoamericanas. El primero de ellos discurrirá en el Consevatorio de Música de Tomelloso, una ciudad cercana a Madrid. Allí estaré compartiendo un taller para el coro del Conservatorio y luego otro taller con una buena cantidad de asistentes inscritos para tal ocasión.

En la segunda etapa del viaje, estaré realizando un trabajo similar para la Federación de Coros de Navarra. No dudo que esta será una gran experiencia para todos, tanto para mí como para quienes serán mis nuevos amigos españoles! Así que pendientes pues a partir de la semana próxima los mantendré al tanto, en la medida de lo posible, de todas las peripecias por España. ¡Saludos a todos!

MÚSICA SACRA Guía de textos latinos traducidos al español

Este libro, concebido como una herramienta útil para el director de coros, el investigador, el musicólogo, el compositor, el estudiante, o simplemente el aficionado a la música sacra, es una excelente brújula para comprender el significado y la función litúrgica de todos y cada uno de los textos latinos tal y como aparecen en el Liber Usualis y que han sido musicalizados desde el canto gregoriano hasta nuestros días. Con prólogo del eminente musicólogo español Ismael Fernández de la Cuesta.

La audición de música sacra nos ha deparado, por siempre, uno de los mayores goces desde un punto de vista estético. Pero, ¿cuántas veces hemos disfrutado y nos hemos conmovido muchas veces sin entender el significado de las palabras en latín, e incluso el contexto litúrgico de dichas palabras, cuando el significado correcto en español podría potenciar una mejor comprensión e interpretación de dicha música?

MÚSICA SACRA Guía de textos latinos traducidos al español es una compilación que ofrece un fácil acceso a la traducción española de los textos que, a lo largo de los siglos, han sido musicalizados como canto gregoriano y como motetes polifónicos. Aquí están contenidos los propios de las misas y oficios de la liturgia católica romana tal como aparecen en el Liber usualis. En un formato de diccionario, hallaremos los introitos, graduales, aleluyas, tractos, secuencias, ofertorios y comuniones, y también las antífonas, responsorios, himnos y otros textos del Oficio divino.

Prólogo

«No existe en español un prontuario de liturgia pensado para musicólogos. Algún intento que ha aparecido en lengua inglesa carece de la claridad y de la eficacia informativa que proporcionen al investigador sobre la música unas pautas indispensables para la comprensión del complejo entramado que es el ritual cristiano. El maestro venezolano César Alejando Carrillo ha realizado un esfuerzo gigantesco para allanar al musicólogo y al intérprete de música religiosa este complicado camino de la liturgia. No es un prontuario lo que pone en nuestras manos, sino una herramienta muy preciosa, a saber, los textos y rúbricas del Liber usualis en latín y español, para uso del investigador y del intérprete.

Para perfilar y completar esta edición, Cesar Alejandro Carrillo ha realizado un trabajo hercúleo, muy digno de agradecer por todos los musicólogos y por quienes se dedican a programar, cantar e interpretar la música de naturaleza religiosa de tiempos pasados».

Ismael Fernández de la Cuesta

Miembro Numerario de la Real Academia

de Bellas Artes de San Fernando, Madrid

Cantarte (Iglesia Chiquinquirá, Caracas)

Comparto esta imagen de Cantarte, realizada por Ramón Lepage en el año 2009. Presentes en la fotografía:

 

Sopranos Natalia Martínez, Andreína Gómez, Adriana Webel, Vilma Guzmán, Marisabel Bor


Altos Yolanda Mantilla, Raiza Mayorca, Ciria Peña


Tenores Carlos Ramos, Ricardo Henríquez, Henrry Quintero, Juan Manuel Soto, José Franco


Bajos Miguel Ángel Vaccari, José Antonio Sanmartín, José Antonio Montilla, Manuel Hurtado, Carlos Malavé, Pedro Torrealba


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